Hay en Lavapies un Centro municipal de mayores que esconde tras de sí una trágica historia. En general, como comenta Galdós en sus Episodios Nacionales, en concreto en el titulado "Gran Oriente": "La calle de la Cabeza es una de las más tristes de Madrid. Compónese toda ella de casas viejas y feas(...). Toda ella tiene un aspecto sombrío, un tinte lúgubre, una mala sombra que no puede definirse, una atmósfera que abruma, un silencio que hiela". Aunque Galdós escribe sobre esta calle a final del s. XIX, recuerda perfectamente la leyenda que da nombre a la calle. En ella vivía en el s. XVII un clérigo acompañado de un criado. El criado decapitó al clérigo, robándole todo y huyendo a Portugal. Regresó a Madrid convertido en todo un caballero y estando en el Rastro comprando carne y una cabeza de carnero, un alguacil le preguntó por el paquete sospechoso que llevaba y del cual salía un rastro de sangre. Comentó el ex-criado que llevaba una cabeza de carnero y al verlo el alguacil vió asombrado la cabeza del clérigo. Detenido al instante, confesó y fue ahorcado en la Plaza Mayor, donde le llevaron en una bandeja de plata la cabeza del clérigo de nuevo. Nada más ser ajusticiado la cabeza humana se convirtió de nuevo en cabeza de ternero. Esta historia es la que da nombre a la calle y explica los dibujos de la azulejería de Ruíz de Luna.
Rótulo explicativo de la calle La Cabeza (SIEMA Matritensis)
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jueves, 5 de noviembre de 2020
Cárcel de la corona en la calle La Cabeza
Sabemos que la Inquisición en Madrid utilizó varios tipos de cárceles, además de los propios calabozos en la parte baja de los tribunales de la Inquisición, y uno se pensó específicamente para los presos de rango eclesiástico. Se conocían como cárcel de la corona o cárcel eclesiástica de la corona. En el plano de Texeira aparece como un caserío normal, sin ninguna particularidad específica. Pero sí sabemos que ,durante el s.XVII, antes de establecerse el primer tribunal de la Inquisición en Madrid en 1650, existían cárceles de la corona para separar a los clérigos que cometían delitos de los seglares. Una de esas cárceles de la corona era esta de la calle de la Cabeza, que tuvo diferentes usos. Cárcel eclesiástica, cárcel para presos liberales cuando en 1814 se encarcelaron aquí diputados liberales al grito de "patria y religión" o cárcel para presos realistas cuando cambia el signo político de los que gobiernan. Éste último caso también lo describe muy bien Galdós cuando en 1821 turbas de liberales y populacho exaltadas entran en esta cárcel de la corona y asesinan a martillazos, sablazos y disparos al famoso cura realista Vinuesa porque consideraban que la pena de 10 años que le habían impuesto los tribunales eran pocos. Con la llegada al trono de Isabel II parece ser que el edificio perdió ese carácter de prisión y se utilizaron sus espacios como cuadras y cocheras. Eso es lo que comprobó en Madrid Galdós cuando llegó en 1862 y en adelante.
(SIEMA Matritensis)
El edificio ocupa la esquina de la calle Lavapies con la de la Cabeza. Es una casa Austria de dos alturas, con patio interior y entrada principal por la calle de la Cabeza. Con zócalo de granito, muros de ladrillo y cornisa de madera sobresaliente con pequeñas buhardillas. Todo el edificio presenta un aspecto muy sobrio, sin ningún tipo de adorno exterior. Galdós la describe así en el "Gran Oriente": "la Cárcel eclesiástica o de la Corona, que estaba en la esquina de la calle Real de Lavapiés y que todavía existe, aunque destinada a cuadras y cocheras (...)Un portalón daba entrada al patio, que no había sufrido variaciones esenciales, y tenía en dos de sus lados columnas de piedra para sostener la crujía alta. Las prisiones estaban en el piso bajo y en los sótanos, y consistían en calabozos inmundos (...)dos puertecillas abiertas a un lado y a otro del zaguán indicaban el Cuerpo de guardia y las habitaciones de algunos empleados de la cárcel".
(SIEMA Matritensis)
la Cabeza (SIEMA Matritensis)
Vigilados por la sala que fue usada por los guardias, se sube por una escalera de madera a la parte alta y por una, que es la original de granito, se baja desde ese mismo punto a los calabozos
(SIEMA Matritensis)
Calabozo abovedado en los sótanos, dividido en cinco estancias. En este punto terminamos las visitas guiadas por SIEMA Matritensis al hacer la ruta de la Inquisición en Madrid y es muy interesante. Antes se podía entrar dentro del Centro de día sin problema, pero ahora está cerrado por el Covid. En la parte inferior de la fachada de la calle de la Cabeza se ven todavía los agujeros usados como respiraderos exteriores de los calabozos. En el sótano hay un espacio alargado de unos 33m2, dividido en 5 compartimentos con un pasillo que los comunica. Todo de ladrillo y abovedado. Aunque en la cimentación del edificio y en los muros de los calabozos vemos pedernal de la muralla medieval de Madrid. La disposición del pedernal recuerda a otros edificios antiguos de Madrid donde también se utilizaron restos de la muralla, como la casa de las 7 chimeneas, por ejemplo. También hay unos huecos con pequeñas rejas que comunican los diferentes calabozos entre sí, supongo que para ventilación, y se encontraron argollas ancladas en las paredes de los mismos. En las puertas de madera, se abre una pequeña ventana con mirilla. Cuando Galdós escribe la segunda serie de los Episodios Nacionales, donde comenta este edificio, ya se utilizaban como cuadras y cocheras. Después hubo una taberna en los bajos con dos puertas, una por cada fachada. La puerta que daba a la calle Lavapiés se cegó. Se utilizó como plató de TVE para rodar en el patio algunas de las escenas de la serie Fortunata y Jacinta. Desde el 2012, ya reformado, se le dió uso para centro de día de esta zona, conocido como centro municipal de mayores Antón Martín, que tanto se le echa de menos en el barrio. Esperemos que pronto pueda abrir sus puertas y volver a reanudar la actividad con los mayores. Para terminar os mostraré unas interesantes fotografías del interior sacadas por mi misma y que nos ambientan muy bien.
Maribel Piqueras
Se ven muy bien los muros con restos del pedernal (SIEMA Matritensis)
miércoles, 5 de agosto de 2015
Iglesia de San Cayetano
Hoy conoceremos la castiza iglesia de San Cayetano, situada en la calle Embajadores nº 15. El nombre de embajadores dado a la calle, dice la tradición, que se debe a que a lo largo de esta larga y estrecha calle se situaban las embajadas en la capital durante los Austrias. Las diferentes sedes buscaban alojarse lejos del centro, por evitar epidemias, plagas y otros peligros. La Iglesia de san Cayetano se edificó sobre la antigua ermita de Nra. Sra del Favor, para servir de iglesia y convento a los padres Teatinos. Esta congregación de clérigos regulares fue fundada por San Cayetano de Tiènne en Italia en el año de 1524. A España llama la atención lo tarde que llegó, ya que hasta 1644 no tienen casa en la capital. Eran clérigos muy populares, que vivían de las limosnas y gozaban de gran fama ayudando a los más necesitados y a las parturientas.
Barroca fachada de San Cayetano (Foto SIEMA)
Las obras de esta magnífica iglesia duraron mucho en el tiempo, desde 1678 hasta 1761. Intervinieron en ellas diferentes arquitectos. El primer proyecto se lo encargaron los Teatinos a Marcos López en 1678, pero apenas avanzó. En 1700 se hace cargo de las obras José Benito Churriguera, quien trabajaría en la amplia y decorada fachada, aunque la mayor parte de las obras y decoración se la debemos a Pedro de Ribera. A su muerte, Francisco Moradillo la terminaría, simplificando la originalidad de Pedro de Ribera. Pedro de Ribera era un artista que pertenecía al Barrio de Lavapiés, ya que había nacido en la calle lateral del Oso y vivía en la de Embajadores. Cuando se hace con las obras, en 1722, ya era un artista muy conocido y popular en Madrid, logrando fama en los trabajos que le había encargado el alcalde de la Villa, el Marqués de Vadillo (como el paseo de Virgen del Puerto y la ermita del mismo nombre, el puente de Toledo, la iglesia de Montserrat o diversos palacios y fuentes en Madrid). En esta zona vivía nuestro artista más castizo junto a su segunda mujer, Juana Úrsula Voitrui, con quien se había casado en 1711. Era tal su buen hacer y dominaba tantos aspectos, no sólo arquitectónicos, sino escultóricos o de diseño urbanístico, que, en 1726, obtuvo el cargo de "Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y de sus viajes de agua". En la iglesia situada frente a su casa desarrolló lo mejor de su repertorio y una gran originalidad para conseguir luz y juegos de volúmenes. Se la dedicó a sus dos hijos que habían ingresado en la orden Teatina. Cuentan que al querer otorgar testamento y dividir su fortuna entre sus hijos, como los Teatinos sólo vivían de limosnas y no admitían dinero en herencias, les dijo que a ellos les dejaría su herencia en piedra. Y, así fue, les legó la majestuosidad de San Cayetano. En la misma está enterrado junto a su segunda mujer, ya que falleció Ribera el 19 de Octubre de 1742, con 61 años.
Vivienda de Pedro de Ribera en la calle Embajadores nº 26, frente a san Cayetano (Foto SIEMA)
Calle del Oso, que bordea el lateral derecho de la iglesia y convento de san Cayetano (Foto SIEMA)
Pedro de Ribera ideó una fachada de gran tamaño y desarrollo horizontal, con exagerada decoración y unas torres bulbosas. Después, Moradillo simplificaría, sobre todo las torres. Nos da la sensación de ser demasiada iglesia para tan estrecha calle. Esa falta de perspectiva hace que nos perdamos detalles de su majestuosidad. Su estilo se aleja del estático barroco madrileño religioso en tiempos de los Austrias. Tres grandes arcos clásicos de piedra, separados por pilastras, y cubiertos con nichos escultóricos nos introducen en el nartex. La línea de separación de los arcos llega también a las escaleras. El arco central es algo más alto y decorado y en él se sitúa una pequeña ventana ovalada decorada con baquetones que da luz al coro alto de los pies de la iglesia. En la fachada se da un gran desarrollo horizontal con siete calles verticales, separadas por pilastras corintias de orden gigante. Las cuatro calles laterales albergan ventanales con frontones clásicos. Destaca su enorme cornisa con líneas partidas y la colorista combinación de piedra junto al ladrillo rojo. Me gustaría que se hicieran una idea mirando las siguientes fotografías de la fachada:
Dos calles laterales entre pilastras con la decoración de frontones ( Foto SIEMA)
Contraste de la parte vieja con la restaurada en la fachada ( Foto SIEMA)
Estatua de San Cayetano en el nicho decorado sobre el arco lateral ( Foto SIEMA)
Estatua de la Inmaculada en la parte central (Foto SIEMA)
Cornisa, con los entrantes y salientes que se corresponden a los pilares (Foto SIEMA)
Esta iglesia y todo el patrimonio que conllevaba es un verdadero milagro que quede en pié. Sufrió mucho nada más empezar la Guerra Civil. Las torres chapiteles originales se destruyeron en el incendio provocado, el 19 de julio de 1936, por grupos extremistas contra los católicos, que también incendiaron el interior, perdiéndose para siempre los lienzos y retablos. Conservamos alguna fotografía de cómo estaba decorada antes. La fuerza expresada en la construcción de piedra realizada por Pedro de Ribera, sus espacios, juegos de luces y unión de escultura con arquitectura se mantiene hoy en día en todo su esplendor en el interior.
Calle Embajadores con la iglesia de San Cayetano en llamas al fondo (Foto Frikipiedras)
Interior de la Iglesia antes del incendio de 1936
Arranque de la torre original en la parte derecha de la iglesia, que enlaza con la zona conventual
(Foto SIEMA)
Centro de la cruz griega con la cúpula que arranca de grandes pilares (Foto SIEMA)
Cúpula con tambor que contiene numerosas ventanas como foco de luz (Foto SIEMA)
La planta es de cruz griega coronada en el centro por una gran cúpula con tambor sobre grandes pilares. Ribera amplió ese espacio centralizado y desarrolló en las terminaciones de las dos naves laterales unas capillas de planta cuadrada también cubiertas de cúpulas. Toda la decoración de estuco en los capiteles de los pilares, la línea de cornisa, los arranques de las cúpulas, nos transmite mucha alegría, movimiento y luz. Encontramos volutas, ovas, líneas ondulantes, cabezas de angelitos, decoración vegetal, espirales. A los pies de la iglesia se levanta un coqueto coro a base de una pequeña balconada triangular con gallones.
Coro alto a los pies de la iglesia, encima un óculo ovalado con decoración ( Foto SIEMA)
La restauración de los retablos se pensó a base de colocar copias de cuadros conocidos del Museo del Prado. En la primera capilla a la derecha encontramos un retablo dedicado a la Virgen con escenas de su vida. Aquí tiene su sede la Hermandad de la Virgen del Rocio de Madrid y se puede observar su preciosa carreta repujada en plata, que es la misma que llevan a la aldea del Rocio en peregrinación todos los años. También encontramos, a los pies de esta capilla, la tumba de Pedro de Ribera y su segunda mujer.
La carreta del Rocio a los pies del retablo (Foto SIEMA)
Retablo en madera policromada y dorada con escenas marianas. En el centro copia de "La educación de la Virgen" de Murillo (Foto SIEMA)
Placa que nos recuerda que Pedro de Ribera está enterrado aquí (Foto SIEMA)
Placa moderna que cubre la tumba de Pedro de Ribera, a los pies de la primera capilla a la derecha
(Foto SIEMA)
Capilla lateral dedicada a San José ( Foto SIEMA)
Puerta de bajada a la cripta de San Cayetano (Foto SIEMA)
Como ya mencionamos, Ribera sitúa a los extremos de las naves laterales dos capillas de planta cuadrada cubiertas con cúpula y linterna. Para enlazar ambas capillas organiza el espacio mediante un gran arco lateral rebajado, que contiene una capilla en línea horizontal y con menos profundidad. Como, por ejemplo, la de San José. En el centro de la misma, a su vez, retranquea un arco, creando un espacio semicircular cubierto con óculo. Así contrasta los espacios y volúmenes y va colocando puntos de luz a lo largo de toda la iglesia, en diferentes direcciones. Al fondo de la nave de la derecha, está la capilla de San Millán, escultura y devoción que se trasladó a esta iglesia cuando la parroquia dedicada a San Millán, y que estaba junto a la plaza de la Cebada, fue destruida en 1869. Esta es la imagen original barroca tallada en madera. Representa al santo visigodo(gran eremita, muy culto y con fama de buen confesor) con su hábito típico, su báculo y libro. Sus seguidores hicieron del monasterio de San Millán de la Cogolla la cuna del idioma español. En el alzado de estas capillas Ribera utilizó cuatro pilares cuadrados, que llevan adosadas pilastras dóricas de decoración, de las que arranca la cúpula octogonal, también decorada con lineas de estuco, lo mismo que su base con conchas, guirnaldas o volutas. Obsérvense los diferentes huecos para que la luz ilumine la iglesia. No solo la linterna, sino pequeños huecos circulares laterales. En esta iglesia la luz artificial solo es necesaria de noche.
Cubierta de la capilla a los pies de la nave lateral (Foto SIEMA)
Vista de la capilla de San Millán (Foto SIEMA)
Estandarte de San Millán (Foto SIEMA)
Detalle del pilar y arranque de cúpula (Foto SIEMA)
Escultura de San Millán (Foto SIEMA)
La cabecera de la cruz griega lo ocupa un gran retablo policromado con dorado, que también contiene copias de cuadros del Museo del Prado y sustituye al que se quemó. Llama la atención la forma en que Pedro de Ribera une el muro lateral (que enlazaba con el convento original) con el muro de la capilla mayor. Hace cortes en abanico o dominó de las pilastras y estas se van sucediendo en movimiento. Después, a la izquierda se sitúa la capilla del sagrario, muy sencilla, justo al lado de la de San Cayetano. En realidad las dos forman parte de la capilla cuadrada a los pies de la nave de la izquierda. Para venerar la estatua de San Cayetano se sube por una escalera de granito. En estos días nos gusta recordar que su fiesta es el 7 de Agosto y estamos de lleno en las famosas Fiestas de San Cayetano de la capital, con las que este barrio se engalana y disfruta en las noches de la primera semana de agosto. Como nos dice su párroco, D. Clemente, el día 7 se organiza una sencilla procesión con este santo, lleno de flores, por las empinadas calles del barrio. Un buen momento para pedirle trabajo.
Enlaces de la nave lateral con la del altar mayor (Foto SIEMA)
Detalle de los pliegues de las pilastras y el balconcito. Al fondo columnas barrocas del altar mayor.
(Foto SIEMA)
Alzado y decoración de la capilla situada a los pies de la nave lateral izquierda, la de San Cayetano
(Foto SIEMA)
Estandarte de San Cayetano (Foto SIEMA)
Altar de San Cayetano (Foto SIEMA)
Capilla del Sagrario, junto a la de San Cayetano (Foto SIEMA)
El antiguo convento de los Teatinos, con sus viviendas y patios, el mismo en que que profesaron dos hijos de Pedro de Ribera, fue destruido completamente durante la Guerra Civil. Ese convento se situaba en la parte derecha de San Cayetano, con diferentes entradas por la calle del Oso. Ya no vivían ahí los monjes teatinos, ya que desde 1822 fueron sustituidos por franciscanos. Con las desamortización de 1843 pasarían a usar los espacios del convento como viviendas. Se comunicaba con las dependencias de viviendas por la parte situada a la derecha del altar mayor, donde hoy esta la sacristía. Por eso los balcones miradores que podemos observar a la derecha del altar mayor. Según nos cuenta el párroco, que tan amablemente nos atendió, como no quedó nada, sobre su solar y patios se construyeron estancias educativas y deportivas. La iglesia de San Cayetano tiene mucha importancia, que se mantiene desde el s XVIII. Hay un gran archivo de nobles, es sede de conciertos, de la Hermandad del Rocío y de numerosas bodas y bautizos. Centro de este barrio de Lavapiés, por ella han pasado personajes tan ilustres como Dª Mercedes, la madre del rey Juan Carlos o la Duquesa de Alba, Dª Cayetana, a quien le gustaba frecuentarla. Y la verdad, es que no nos extraña, por la gran belleza y luz que transmite. ¡ Es realmente majestuosa !
Convento de San Cayetano, restos de las torres y muros (Foto SIEMA)
Antigua puerta del convento enmarcada en granito (Foto SIEMA)
Otra de las entradas barrocas al convento (Foto SIEMA)
Vistas al solar de los patios desde la sacristía. La puerta es la de la imagen de arriba.
(Foto SIEMA)
Placas de premios por decoración de fachadas en las fiestas. Calle del Oso (Foto SIEMA)
Maribel Piqueras
jueves, 25 de junio de 2015
El Casino de la Reina, ayer y hoy de esta villa urbana
En esta entrada quiero meter al lector en lo que fue el Casino de la Reina durante el s. XIX, que hoy consideraríamos el final del recorrido que Siema Matritensis hace por el barrio de Lavapiés. Entre este punto y la Plaza del Cascorro iremos desmenuzando, en Madrid con Encanto, todo ese interesante barrio madrileño. Nuestra historia comienza al principio del reinado de Fernando VII, cuando el Ayuntamiento de Madrid decide adquirir una serie de fincas, confiscadas a bonapartistas, como la huerta de Manuel Romero(que había sido ministro de Justicia en tiempos de José Bonaparte) y otros terrenos colindantes que limitaban con la Ronda de Toledo y la Glorieta de Embajadores. En aquellos años se situaba en ese punto la cerca de Felipe IV y el pequeño portillo de Embajadores. esta finca era enorme, constaba de unos 56.400 m2 y tenía forma hexagonal. Ya en tiempos de Manuel Romero se cuidaron mucho los jardines, emparrados, fuentes y también el pequeño palacete que éste se hizo construir de dos pisos. Toda la finca, adquirida por el Ayuntamiento, formaba parte del regalo de la Villa de Madrid a la reina Isabel de Braganza, el 25 de abril de 1818, con motivo del segundo embarazo de la reina.
"Retrato de Isabel de Braganza" (Vicente López)
El edificio lo construyó Antonio López Aguado, arquitecto neoclásico español, seguidor de Juan de Villanueva, cuya formación también se había desarrollado en Italia y Francia. López Aguado fue profesor de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Desde 1805 dirigía la rama de Arquitectura de la misma. Con el reconocimiento y éxito a sus espaldas se encargó de las obras de este casino (palabra italiana que viene a significar capricho arquitectónico). El edificio es una construcción muy sencilla, donde predominan las líneas rectas y destaca la ausencia de molduras decorativas en su fachada. Construcción de dos plantas, a la que se accede por una curiosa escalinata de piedra, dividida en tres tramos. Conservamos las barandillas de hierro fundido, pero no los diez bustos de mármol blanco que la adornaban. También se perdió el gran escudo que remataba la fachada.
"El casino de la reina" ( Museo de Historia de Madrid)
"Casino de la Reina, vista lateral actual" (Foto SIEMA)
"Casino de la Reina, escaleras de subida a la fachada principal" (Foto SIEMA)
La sobriedad exterior, con las bases de granito y los muros de ladrillo, con piedra en los remates de las ventanas, nos esconde la gran riqueza interior que llegó a tener. Por ejemplo una gran sala con zócalo de mármoles para cuyo techo pintó Vicente López la "Alegoría de la donación del casino a la reina Isabel de Braganza" en 1819. Vicente López imitó el estilo de los frescos que Gianquinto había realizado para las bóvedas del Palacio Real. Por eso el gran barroquismo, escenas de gloria, nubes, colores terrosos y composición movida. También colgaban de sus paredes cuadros de Juan Antonio de Ribera como "Wamba" o "Rómulo Cincinato" pintados en ese mismo año o "Las cuatro horas del día", de José de Madrazo. Es decir, trabajaron en él los mejores artistas del momento. La reina Isabel murió pronto y no nos dejó heredero a la corona, pero si un gusto por el buen arte y la creación del actual Museo del Prado. En los fondos del Museo del Prado se guardan todas estas pinturas.
" Alegoría de donación del Casino de la Reina de Vicente López" (Museo del Prado)
"Detalle del fresco anterior, donde se percibe la imagen del casino en la donación" (Museo del Prado)
"Wamba renunciando a su corona, de Juan Antonio de Ribera en 1819" (Museo del Prado)
"Escalera interior del casino con la hermosa barandilla de hierro original" (Foto SIEMA)
Al principio del reinado de Isabel II la finca del Casino de la Reina mantenía todavía todo su esplendor, como describe Euguren por ejemplo. Narciso Pascual Colomer transformaría y adaptaría esos jardines al nuevo gusto romántico, abandonando los diseños geométricos anteriores, por bojs, praderas y senderos sinuosos. Manteniendo la ría navegable y las fuentes. También la finca disponía de un invernadero y un edificio para los empleados de la misma. Tras la revolución de 1868 la finca entró en desuso y abandono. El año anterior Isabel II había devuelto la donación de esta villa urbana al Estado español. Se pensó albergar ahí el Museo Arqueológico, creado el 20 de marzo de 1867 por R. O e inaugurado por el rey Amadeo de Saboya en 1871 en el Casino de la Reina, donde permanecería hasta su traslado en 1895 al Pº de Recoletos, antes de pasar a su sede definitiva.
"Bonitas verjas de entrada por la Glorieta de Embajadores" (Foto SIEMA)
"Detalle verjas Casino de la Reina" (Foto SIEMA)
"Entrada principal a la finca del Casino de la Reina"
"Jardines del Casino de la Reina" (Mapa de Ibañez de Íbero)
En las imágenes anteriores se puede ver la gran extensión de la finca, cuyas verjas más bonitas (con pilares de piedra tallados como a sillares y la decoración de jarrones en la parte superior) daban a la Ronda de Toledo y a la glorieta de Embajadores. La entrada principal, con esos pilares y columnas clásicas, rematadas con decoración en la parte superior, se la llevaron a los Jardines del Buen Retiro. Hoy en día forman la Puerta de Independencia del Parque del Retiro, frente a la Puerta de Alcalá. En el plano de Ibáñez Ibero se aprecia en frente el gran edificio de tres patios que sería la Tabacalera.
En el Barrio de Lavapies son muy apreciados los jardines del Casino de la Reina, único espacio abierto ajardinado en la zona, para poder darse un paseo, leer en alguno de sus bancos o hacer gimnasia. Entra dentro del uso social que se ha dado a muchas zonas monumentales de Lavapiés. El edificio del Casino es hoy Centro de Día, con una importante misión de integración social. Parte de la finca tiene zonas de uso deportivo. También destaca el gran edificio en estilo neomudéjar de ladrillo, construido por Francisco Jareño en 1881 como escuela de Veterinaria. Al realizar esa construcción se cogieron terrenos de la finca y desaparecieron definitivamente la ría, el embarcadero y el invernadero. Actualmente es sede del Instituto Cervantes, muy apropiado en este área multicultural de Lavapies.
En el Barrio de Lavapies son muy apreciados los jardines del Casino de la Reina, único espacio abierto ajardinado en la zona, para poder darse un paseo, leer en alguno de sus bancos o hacer gimnasia. Entra dentro del uso social que se ha dado a muchas zonas monumentales de Lavapiés. El edificio del Casino es hoy Centro de Día, con una importante misión de integración social. Parte de la finca tiene zonas de uso deportivo. También destaca el gran edificio en estilo neomudéjar de ladrillo, construido por Francisco Jareño en 1881 como escuela de Veterinaria. Al realizar esa construcción se cogieron terrenos de la finca y desaparecieron definitivamente la ría, el embarcadero y el invernadero. Actualmente es sede del Instituto Cervantes, muy apropiado en este área multicultural de Lavapies.
" parte de los jardines del Casino de la Reina" (Foto SIEMA)
Como negocio con encanto recomiendo hacer un salto por Tabacalera. La parte de la izquierda se organiza como Centro de Arte contemporáneo y la reforma para adaptar ese edificio industrial es digna de ver
"Patio del centro de arte Tabacalera" (Foto SIEMA)
"Antigua facultad de Veterinaria, hoy Instituto Cervantes" (Foto SIEMA)
" Grandes arcadas de los patios de Tabacalera" (Foto SIEMA)
"Entrada a Tabacalera Centro de Arte" (Foto SIEMA)
"Tabacalera, parte de autogestión social"( Foto SIEMA)
" Edificio de Tabacalera, de aspecto descuidado" (Foto SIEMA)
Tabacalera responde a la idea de Reales Fábricas que se desarrollaron en Madrid, sobre todo, a raíz del reinado ilustrado de Carlos III. Este rey aprobó su realización, aunque no llegó a construirse hasta 1790, ya con su hijo Carlos IV. Edificio imponente de tres patios rectangulares, uno central más grande y dos laterales, algo más pequeños y simétricos. Los patios sostienen sus arcos en enormes pilares de piedra lisa. Al exterior presenta tres alturas, con tres puertas de ingreso. Muros sobrios, lisos, donde combinan la piedra y el ladrillo. Albergaba grandes almacenes para el tabaco y sus medios de transporte, con toda la maquinaria de fabricación y especialmente la mano de obra femenina de las cigarreras. Durante la Guerra de Independencia fué un poco caos su funcionamiento, aunque José Bonaparte volvería a reorganizar a las cigarreras que trabajaban en la clandestinidad. El ejército francés la destrozó. Después, en 1816, el Ayuntamiento y el Estado le volvería a prestar atención, lo mismo que a la finca de al lado para el Casino de la Reina. Ha pasado a lo largo del s.XIX y XX por diferentes fases de uso y descuido de la misma, como se puede apreciar en el estado ruinoso de algunos de sus muros. En el 2000 se cerró la Tabacalera, se iniciaron algunas obras para acondicionar la parte derecha, como centro de autogestión social (lo usan asociaciones, plataformas cívicas, siempre con fines sociales) y la de la izquierda, como centro de arte con diferentes espacios en el mismo. Creemos que tiene encanto suficiente para hacer una visita a su interior.
Un saludo:
Maribel Piqueras
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