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domingo, 14 de octubre de 2018

Palacio de Riofrío

Hemos aprovechado el día de la Hispanidad de este año para recorrer el bosque de Riofrío (Segovia) y su palacio. Visita muy recomendable para hacer en otoño. Estos terrenos reales el rey Felipe V los arrendó en 1724 al Marqués de Paredes, prefiriendo residir en el cercano Palacio de la Granja: mucho más grande, elegante y rodeado de jardines versallescos. El devenir de los acontecimientos en la casa real, tras la muerte del rey Felipe V y la sucesión en la persona de Fernando VI, que era hijo de su primera mujer, hizo que volviera a interesarse en ellos la segunda mujer de Felipe V, Isabel de Farnesio. Como reina viuda y muy distante de su hijastro, se consideraba ya alejada de la corte, así que decidió volver a prestar atención al sitio de Riofrío, comprándolo en 1751 con la idea de hacer un palacio para que sirviera de residencia para ella y su hijo, el infante D. Luís de Borbón. Virgilio Ravaglio, arquitecto italiano que ya había trabajado en las obras de Palacio Real, diseñó un amplio proyecto con un palacio de planta cuadrada, jardines y diversas dependencias junto al mismo. Trabajó en él hasta 1753. Luego continuarían su labor otros arquitectos como Pedro Sermini y José Díaz Gamones. En 1762 se terminó de hacer, pero al no llegarlo a habitar la reina Isabel de Farnesio, se dejó sin completar la decoración interior, las dependencias adyacentes y los jardines. Ya que la reina vivió con su hijo Carlos III en Madrid. Manuel Serrano, arquitecto de la época del rey Carlos III fue el que terminó el conjunto de edificios abiertos en la Plaza de Armas del palacio. 

Felipe V a caballo, de Van Loo (1737, Patrimonio Nacional, La Granja)

Isabel de Farnesio, de Jan Ranc (Museo del Prado)

El Palacio de Riofrío presenta una planta cuadrada, donde sobresalen algo sus cuatro ángulos. De tres pisos distribuidos en torno a un patio central. En el estilo se ve la influencia italiana: del Palacio Madama de Turín y del Palacio Real. También tiene un aire a la residencia temporal como palacete de caza del Palacio de Boadilla, construido prácticamente a la vez que éste. Un zócalo de piedra en la base, después vemos un enlucido rosa en toda la fachada. Ventanas más pequeñas y con molduras de piedra recta de remate en la primera planta. En el piso central balcones con remates alternativos de frontones triangular y semicircular. El ático con balaustrada de piedra y jarrones florales. En el centro el gran escudo de la reina Isabel de Farnesio.

Fachada principal del Palacio de Riofrío (Foto SIEMA)

Palacio de Boadilla (Foto SIEMA)

El patio central recuerda al patio del Príncipe del Palacio Real. Un pórtico con arcos clásicos sobre pilares toscanos sostiene la galería superior con balcones rematados por arcos y ventanas de óculos diecioschescos entre pilastras adosadas.  A la planta noble se accede por una monumental escalera realizada con arcos clásicos de granito y balaustrada de piedra caliza, con adornos de putis en diferentes actitudes, muchas de ellas relacionadas con la caza.

Patio central del palacio (Foto SIEMA)

Esquina del patio (Foto SIEMA)

Escalera monumental (Foto SIEMA)

Detalle de puti sobre trofeos de caza en la escalera (Foto SIEMA)

La remodelación última permite ver la salas tal como eran en tiempos de Alfonso XII. Teniendo en cuenta que es una residencia real temporal, de uso para caza o para aislarse del trajín de la corte. También recordando que estuvo abandonado hasta que el rey consorte Francisco de Asís, marido de Isabel II, se refugiaba en él algunas temporadas o el rey Alfonso XII, cuando estuvo de duelo tras la muerte de Mª de las Mercedes. En fín, que ha tenido muy poco uso. Incluso hoy, tiene un uso turístico, ya que para actos oficiales prefieren la Granja. Eso incide en que no esté decorado ampliamente, ni con materiales de gran calidad. Sino mucha piedra y madera de la zona.

Sala de guardia, de gran sencillez (Foto SIEMA)

Frescos de la Sala de Guardia representando a Diana cazadora
(Foto SIEMA)

Tras la escalera de honor monumental se pasa a la Sala de Guardia, decorada con alfombras y tapices de patrimonio real y con unos grandes frescos con escenas de caza mitológicas.  Luego encontramos diversas salas de paso, como una Sala de Pintura s XVII. En ella vemos mobiliario del s XIX, como las rinconeras, la sillería capitoné tapizada en gris claro o el velador de mármol blanco de estilo neogótico. También lienzos o tablas de la escuela madrileña, toledana o andaluza del s XVII. Nos encantaron las pequeñas tablas de Vicente Carducho con escenas de la Virgen (Huída a Egipto, presentación en el templo, los apóstoles ante el sepulcro vacío de la Virgen y la coronación de la Virgen) o la "Circuncisión" de Zurbarán. 

Sala de pintura del s.XVII (Foto SIEMA)

Tabla de la presentación en el templo, de Vicente Carducho, que formaba parte
de un retablo desmontado (Foto SIEMA)

La Sala de pintura del s. XIX es otra moderna sala de paso. En ella el mobiliario pertenece a la época Alfonsina, como el velador de madera lacada y dorada filipino, el espejo con decoración oriental, así como de moda oriental es el tibor de principios s XVIII. Destaca también el escritorio con tapa abatible, la lámpara y chimenea. Obras de Luis Ferrant, Vicente López o Esquivel cuelgan de sus paredes. A continuación la sala de billar con la mesa, tacos y contador del s. XIX, así como una bonita vista del Palacio de Pardo realizada por Hoause en s. XVIII.

Sala pintura del s XIX (Foto SIEMA)

Lámpara de la Sala de pintura del s. XIX (Foto SIEMA)

Sala de billar con lámpara de quinqué isabelina (Foto SIEMA)

Detalle de tacos y contador de partidas (Foto SIEMA)

Vistas del Palacio del Pardo, Hoause, principios s XVIII
(Foto SIEMA)

En la Sala de servicio al comedor destaca el montaplatos de la empresa madrileña Munar y Guitart, una de las primeras en dedicarse a instalar ascensores en 1877. Sala austera por la función que tenía de prestar servicio al comedor. Destaca el juego de te de porcelana, la vajilla y cristalera de la época de Isabel II.

Detalle del montaplatos ( Foto SIEMA)

El Comedor tiene este uso desde el s. XIX. Siempre estuvo decorado con bodegones o cuadros de flores sobre papel pintado en tonalidades verdes. Pinturas hay fechadas desde el s. XVII de Giusseppe Recco, pasando por autores del s. XVIII y del s.XIX como Eugenio Lucas Velázquez. El mobiliario es fernandino, realizado en madera chapada en caoba. Se puede ver la vajilla y cristalería de gala de Isabel II. Destacan también el reloj de bronce dorado y las cortinas del s. XIX. Después se accede a una pequeña sala tranvía de llamadores, desde donde se centralizaban las llamadas que se recibían desde las habitaciones. Se percibe el cableado en lo alto de la pared. Las banquetas de esta sala son de estilo Carlos IV. Hay un lienzo de pescadoras napolitanas de Salvador Maella, que sirvió de boceto para un tapiz.

Comedor (Foto SIEMA)

Lámpara del comedor (Foto SIEMA)

Reloj de bronce del comedor (Foto SIEMA)

Vajilla y cristalería de gala de Isabel II (Foto SIEMA)

Sala tranvía de llamadores, donde se ve el cableado
(Foto SIEMA)

Llamadores en otra sala (Foto SIEMA)

En la Antecámara destaca el retrato de Alfonso XII como capitán general, que es una copia realizada por Ricardo Madrazo (1906) del original de Casado. Cuelgan también lienzos con escenas religiosas de Lucas Giordano y Carlo Maratta. En la esquina un busto de la reina Isabel II. Hay un mobiliario del s XVIII tapizado en raso junto a un velador. Las bonitas cortinas con ramilletes también son del s. XIX. El Despacho del rey está en la esquina, desde donde se percibe por la puerta la sucesión perfecta de habitaciones en perspectiva. Hoy en día cuelgan de sus paredes retratos como el de Fernando VII, del taller de Vicente López, o pequeños cuadros de paisajes realizados por el propio Francisco de Asís, a quien le encantaba todo lo relacionado con el arte. Los dos  escritorio de madera y con incrustaciones de bronce son isabelinos y de fabricación francesa. En la tapicería de las sillas el escudo real y cifras del rey consorte Francisco de Asís, adornado con guirnaldas florales. Me maravilló la estufa de bronce decorada con escudos y corona en su parte superior y que contiene el habitual cajón abajo para recoger la ceniza. El papel pintado también se colocó en el s. XIX.

Antecámara (Foto SIEMA)

Retrato de Alfonso XII, de Ricardo Madrazo (Foto SIEMA)

 Despacho (Foto SIEMA)

Detalle sillas de despacho con los símbolos de Francisco
de Asís (Foto SIEMA)

Estufa (Foto SIEMA)

Lámpara y espejo en el despacho (Fot SIEMA)

Pasamos a la zona de dormitorios, primero por el de Francisco de Asís. Cuando él muere pasó a usarse como zona de vestir. Todo el ambiente es del s. XIX: la cama, mesita de noche, butaca de terciopelo, cómoda y tocador francés realizados en madera de palosanto. El dormitorio de Alfonso XII no está tan recargado y la decoración no ha cambiado desde su venida en 1878. El llamativo papel pintado en azúl y marrón, la cama con baldaquino y dosel de fines s XVIII, la mesita de noche, lavabo, espejo de pie, la cómoda. Interesante el cuadro donde se ve a la pareja real el día de su boda.

Dormitorio de Francisco de Asís (Foto SIEMA)

Dormitorio de Alfonso XII (Foto SIEMA)

Terminamos mencionando el Oratorio y la Capilla. Al primero se le ha dado el uso y disposición original, con los 149 cuadritos del ciclo sobre la vida de Jesús que pintó en 1729 Giovani del Cinque. La Capilla, situada en la planta baja, se ve también desde el pasillo del piso noble por dos amplios balcones, destacando su ábside curvo que está recorrido por pilastras compuestas de orden gigante y el gran lienzo del retablo mayor. Después se pasaría al Museo de la caza, con vitrinas expositivas con la historia de la caza desde la cueva de Altamira, pasando por griegos y romanos, hasta representaciones de animales que se cazaban por estos contornos realizadas por una taxidermista en los años 60 con todo detalle  y lujo de explicaciones sobre esa fauna (gamos, jabalíes, faisanes, patos, zorros, conejos, garzas, etc..). Siempre de agradecer la amabilidad de todo el personal de patrimonio en palacio y en el bosque de Riofrío, que está muy bien preparado con merenderos y mirador en su parte posterior. Recuerdo que nos podéis seguir en facebook SIEMA Matritensis, Twitter@siemamadencanto o web www.siema.es (que es de información muy general). También se pueden utilizar texto y fotos de este blog indicando siempre su procedencia.

Maribel Piqueras

Oratorio (Foto SIEMA)

Parte de arriba de la capilla (Foto SIEMA)

Primeras salas del museo de caza (Foto SIEMA)

Más del Museo de la caza, que hace las delicias de los pequeños
(Foto SIEMA)



jueves, 25 de junio de 2015

El Casino de la Reina, ayer y hoy de esta villa urbana

En esta entrada quiero meter al lector en lo que fue el Casino de la Reina durante el s. XIX, que hoy consideraríamos el final del recorrido que Siema Matritensis hace por el barrio de Lavapiés. Entre este punto y la Plaza del Cascorro iremos desmenuzando,  en Madrid con Encanto, todo ese interesante barrio madrileño. Nuestra historia comienza al principio del reinado de Fernando VII, cuando el Ayuntamiento de Madrid decide adquirir una serie de fincas, confiscadas a bonapartistas, como la huerta de Manuel Romero(que había sido ministro de Justicia en tiempos de José Bonaparte) y otros terrenos colindantes que limitaban con la Ronda de Toledo y la Glorieta de Embajadores. En aquellos años se situaba en ese punto la cerca de Felipe IV y el pequeño portillo de Embajadores. esta finca era enorme, constaba de unos 56.400 m2 y tenía forma hexagonal. Ya en tiempos de Manuel Romero se cuidaron mucho los jardines, emparrados, fuentes y también el pequeño palacete que éste se hizo construir de dos pisos. Toda la finca, adquirida por el Ayuntamiento, formaba parte del regalo de la Villa de Madrid a la reina Isabel de Braganza, el 25 de abril de 1818, con motivo del segundo embarazo de la reina.

"Retrato de Isabel de Braganza" (Vicente López)

El edificio lo construyó Antonio López Aguado, arquitecto neoclásico español, seguidor de Juan de Villanueva, cuya formación también se había desarrollado en Italia y Francia. López Aguado fue profesor de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Desde 1805 dirigía la rama de Arquitectura de la misma. Con el reconocimiento y éxito a sus espaldas se encargó de las obras de este casino (palabra italiana que viene a significar capricho arquitectónico). El edificio es una construcción muy sencilla, donde predominan las líneas rectas y destaca la ausencia de molduras decorativas en su fachada. Construcción de dos plantas, a la que se accede por una curiosa escalinata de piedra, dividida en tres tramos. Conservamos las barandillas de hierro fundido, pero no los diez bustos de mármol blanco que la adornaban. También se perdió el gran escudo que remataba la fachada.

"El casino de la reina" ( Museo de Historia de Madrid)

"Casino de la Reina, vista lateral actual" (Foto SIEMA)

"Casino de la Reina, escaleras de subida a la fachada principal" (Foto SIEMA)

La sobriedad exterior, con las bases de granito y los muros de ladrillo, con piedra en los remates de las ventanas, nos esconde la gran riqueza interior que llegó a tener. Por ejemplo una gran sala con zócalo de mármoles para cuyo techo pintó Vicente López la "Alegoría de la donación del casino a la reina Isabel de Braganza" en 1819. Vicente López imitó el estilo de los frescos que Gianquinto había realizado para las bóvedas del Palacio Real. Por eso el gran barroquismo, escenas de gloria, nubes, colores terrosos y composición movida. También colgaban de sus paredes  cuadros de Juan Antonio de Ribera como "Wamba" o "Rómulo Cincinato" pintados en ese mismo año o "Las cuatro horas del día", de José de Madrazo. Es decir, trabajaron en él los mejores artistas del momento. La reina Isabel murió pronto y no nos dejó heredero a la corona, pero si un gusto por el buen arte y la creación del actual Museo del Prado. En los fondos del Museo del Prado se guardan todas estas pinturas. 

" Alegoría de donación del Casino de la Reina de Vicente López" (Museo del Prado)

"Detalle del fresco anterior, donde se percibe la imagen del casino en la donación" (Museo del Prado)

"Wamba renunciando a su corona, de Juan Antonio de Ribera en 1819" (Museo del Prado)

"Escalera interior del casino con la hermosa barandilla de hierro original" (Foto SIEMA)

Al principio del reinado de Isabel II la finca del Casino de la Reina mantenía todavía todo su esplendor, como describe Euguren por ejemplo. Narciso Pascual Colomer transformaría y adaptaría esos jardines al nuevo gusto romántico, abandonando los diseños geométricos anteriores, por bojs, praderas y senderos sinuosos. Manteniendo la ría navegable y las fuentes. También la finca disponía de un invernadero y un edificio para los empleados de la misma. Tras la revolución de 1868 la finca entró en desuso y abandono. El año anterior Isabel II había devuelto la donación de esta villa urbana al Estado español. Se pensó albergar ahí el Museo Arqueológico, creado el 20 de marzo de 1867 por R. O e inaugurado por el rey Amadeo de Saboya en 1871 en el Casino de la Reina, donde permanecería hasta su traslado en 1895 al Pº de Recoletos, antes de pasar a su sede definitiva.

"Bonitas verjas de entrada por la Glorieta de Embajadores" (Foto SIEMA)

"Detalle verjas Casino de la Reina" (Foto SIEMA)

"Entrada principal a la finca del Casino de la Reina"

"Jardines del Casino de la Reina" (Mapa de Ibañez de Íbero)

En las imágenes anteriores se puede ver la gran extensión de la finca, cuyas verjas más bonitas (con pilares de piedra tallados como a sillares y la decoración de jarrones en la parte superior) daban a la Ronda de Toledo y a la glorieta de Embajadores. La entrada principal, con esos pilares y columnas clásicas, rematadas con decoración en la parte superior, se la llevaron a los Jardines del Buen Retiro. Hoy en día forman la Puerta de Independencia del Parque del Retiro, frente a la Puerta de Alcalá. En el plano de Ibáñez Ibero se aprecia en frente el gran edificio de tres patios que sería la Tabacalera.

En el Barrio de Lavapies son muy apreciados los jardines del Casino de la Reina, único espacio abierto ajardinado en la zona, para poder darse un paseo, leer en alguno de sus bancos o hacer gimnasia. Entra dentro del uso social que se ha dado a muchas zonas monumentales de Lavapiés. El edificio del Casino es hoy Centro de Día, con una importante misión de integración social. Parte de la finca tiene zonas de uso deportivo. También destaca el gran edificio en estilo neomudéjar de ladrillo, construido por Francisco Jareño en 1881 como escuela de Veterinaria. Al realizar esa construcción se cogieron terrenos de la finca y desaparecieron definitivamente la ría, el embarcadero y el invernadero. Actualmente es sede del Instituto Cervantes, muy apropiado en este área multicultural de Lavapies.

" parte de los jardines del Casino de la Reina" (Foto SIEMA)

Como negocio con encanto recomiendo hacer un salto por Tabacalera. La parte de la izquierda se organiza como Centro de Arte contemporáneo y la reforma para adaptar ese edificio industrial es digna de ver

"Patio del centro de arte Tabacalera" (Foto SIEMA)

"Antigua facultad de Veterinaria, hoy Instituto Cervantes" (Foto SIEMA)

" Grandes arcadas de los patios de Tabacalera" (Foto SIEMA)

"Entrada a Tabacalera Centro de Arte" (Foto SIEMA)

"Tabacalera, parte de autogestión social"( Foto SIEMA)

" Edificio de Tabacalera, de aspecto descuidado" (Foto SIEMA)

Tabacalera responde a la idea de Reales Fábricas que se desarrollaron en Madrid, sobre todo, a raíz del reinado ilustrado de Carlos III. Este rey aprobó su realización, aunque no llegó a construirse hasta 1790, ya con su hijo Carlos IV. Edificio imponente de tres patios rectangulares, uno central más grande y dos laterales, algo más pequeños y simétricos. Los patios sostienen sus arcos en enormes pilares de piedra lisa. Al exterior presenta tres alturas, con tres puertas de ingreso. Muros sobrios, lisos, donde combinan la piedra y el ladrillo. Albergaba grandes almacenes para el tabaco y sus medios de transporte, con toda la maquinaria de fabricación y especialmente la mano de obra femenina de las cigarreras. Durante la Guerra de Independencia fué un poco caos su funcionamiento, aunque José Bonaparte volvería a reorganizar a las cigarreras que trabajaban en la clandestinidad. El ejército francés la destrozó. Después, en 1816, el Ayuntamiento y el Estado le volvería a prestar atención, lo mismo que a la finca de al lado para el Casino de la Reina. Ha pasado a lo largo del s.XIX y XX por diferentes fases de uso y descuido de la misma, como se puede apreciar en el estado ruinoso de algunos de sus muros. En el 2000 se cerró la Tabacalera, se iniciaron algunas obras para acondicionar la parte derecha, como centro de autogestión social (lo usan asociaciones, plataformas cívicas, siempre con fines sociales) y la de la izquierda, como centro de arte con diferentes espacios en el mismo. Creemos que tiene encanto suficiente para hacer una visita a su interior.

Un saludo:

Maribel Piqueras