lunes, 31 de agosto de 2026

Quinta de Montserrate en Portugal

 Hoy me salgo de Madrid, como hago todos los veranos, para recomendaros un lugar bastante desconocido en Portugal. Os quiero contar la historia de la Quinta de Montserrate, que lleva nombre español. Un impresionante jardín romántico, que encandiló a Lord Byron y a muchas familias inglesas. Pertenece hoy al patrimonio del estado portugués y está abierto al público desde el 2010, recibiendo en el 2013 el premio al mejor jardín europeo. Tiene la categoría de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1995. La verdad es que queda a sólo a 6 km de Sintra, pero permanece oculto entre frondosos bosques y zonas montañosas, con carreteras muy estrechas para llegar al mismo. Cuenta una leyenda que el rey Alfonso Henríquez dedicó en ese lugar una capilla a la Virgen María en agradecimiento a la reconquista de Sintra (1093). En 1540, sobre las ruina de esa, en la cima, se edificó otra ermita dedicada a la Virgen de Montserrat  por el fray Gaspar Preto, tras viajar a ese santuario catalán en peregrinación cuando estaba en el Hospital Real de Todos los Santos de Lisboa. En 1718 el virrey de la India, D. Caetano de Melo y Castro adquirió estos terrenos con la ermita y constituyó un mayorazgo con la propiedad. Prohibió la venta o parcelación de los terrenos, pero no que se pudieran alquilar. La especial relación de Portugal con Inglaterra hizo que diferentes hombres de negocios ingleses se interesaran por la misma. En 1789, el comerciante inglés Gerard De Visme, que residía en Lisboa, alquiló la quinta durante 9 años y construyó un palacete neogótico, rodeado de jardines, dentro del espíritu romántico que se había adelantado ya en Inglaterra. De Visme abandonó Portugal y este hecho fue aprovechado por otro magnate inglés, William Beckfort para alquilarla unos años (1793-1795). Beckfort exploró la montaña, bosques y hondonadas, trazando los principales caminos del jardín. Su partida dejó la quinta bastante abandonada.

                              Vista antigua de la quinta en este siglo XVIII (SIEMA Matritensis)

                            Otra vista del s XVIII del palacete de la quinta donde se percibe lo escarpado 
                                   del terreno boscoso y montañoso de la zona (SIEMA Matritensis)

Cuando la visitó Lord Byron, en 1809, la quinta se encontraba ya en ruinas. A Byron le impresionó la belleza de los jardines y la mencionó en la peregrinación de Childe Harold (poema publicado entre 1812-1818) y que consiguió dar fama a los bosques y quintas de Sintra. Fueron varias las familias importantes que fueron residiendo en ella a lo largo del siglo XIX, incluso el propio rey consorte de Portugal, Fernando II. Un hecho clave es la venta de la propiedad, en 1856, al empresario textil inglés Sir Francis Cook, quien encargó al arquitecto James Knowles la reforma del palacete. Con la familia Cook la quinta vivió su época de máximo esplendor. El arquitecto tomo como modeló diferentes estilos, propio del eclecticismo de la época: gótico veneciano, cúpula inspirada en la catedral de Florencia, arte de la India, de la Alhambra y del  mudéjar español. Cook representaba una de las más importantes fortunas inglesas, eso facilitó que el palacio se construyera tan sólo en 7 años, porque llegó a emplear a más de 2000 trabajadores. Si lo comparamos con el cercano palacio de la Pena, éste  tardó 30 años en construirse. Cook alojó en ella sus impresionantes colecciones de escultura, pintura, mobiliario o libros. Y la usaba para pasar un mes de vacaciones La II Guerra Mundial arruinó a los Cook y tuvo que vender la quinta, incluso todas sus colecciones artísticas y patrimonio. No queda nada de sus colecciones originales. En 1949 la compró el estado portugués

                          Los Cook rodeados de amigos en la terraza del palacete, por el fotógrafo 
                                       David Knights-Whittome (SIEMA Matritensis)

                                      Interesante maqueta del palacio (SIEMA Matritensis)

El palacio está rodeado de terrazas con vistas sobre los jardines. La planta es alargada, con dos torres en las esquinas. Por uno y otro lado dos galerías columnadas llevan a la parte central, de base cuadrada, que sostiene una gran cúpula (Ésta se inspira en la de la catedral de Florencia al exterior). La inspiración medieval: neogótico, nazarí ,mudéjar, indio está por todas partes, al igual que pequeños toques decorativos renacentistas. Pasando por los jardines, encontramos unas escaleras y pórtico que conducen a la entrada al mismo desde la torre sur. En el atrio, una cúpula de madera decorada con estucos. No es un palacio muy grande, consta de 9 salas en la parte inferior y luego las privadas del piso superior (mucho más pequeñas). En la base de la torre del norte está ubicada la gran sala de música. También disponen de una gran biblioteca y, frente a ella, el comedor, junto a las cocinas. Después la sala de billar o la sala de estar de estilo indiano.

                              Pórtico lateral de entrada, desde donde se percibe la sucesión de las galerías
                                                                   (SIEMA Matritensis)

Ya impresiona la minuciosa decoración oriental en los estucos del atrio de entrada
(SIEMA Matritensis)

                          Galería columnada central cubierta por arcos ojivales y, a su derecha, el salón
                                                  (SIEMA Matritensis)


Dormitorio principal, situado en la planta baja (SIEMA Matritensis)
                             

La Biblioteca es una de las salas más grandes, completamente de estilo inglés de madera. Destaca la puerta de madera de ingreso, donde están talladas escenas de Diana Cazadora. Se conservan también los estantes originales hechos a medida y unos retratos de los Cook.  La sala de estar indiana, con muebles de ese estilo de madera, era donde se reunían a conversar más las mujeres, puesto que los hombres preferían la sala de billar. También en la parte baja encontramos una pequeña sala de arte sacro o antigua capilla. Subiendo las escaleras hacia la parte superior, han usado actualmente esas pequeñas salas como museo para exponer la historia de la quinta de Montserrate. 

                                    Puerta de madera tallada, es estilo renacentista, de entrada a la Biblioteca
                                                (SIEMA Matritensis)

                                            Vista general de la Biblioteca (SIEMA Matritensis)

                    Mezcla de estilos en la chimenea de una de las salas, con arcos y decoración oriental, 
                        pero esculturas renacentistas en mármol (SIEMA Matritensis)

                               Sala de estar con mobiliario indiano de madera (SIEMA Matritensis)

                                       Minuciosa decoración oriental en las cubiertas, a modo de encajes, con forma de estrella e, incluso, mocárabes dorados en el centro (SIEMA Matritensis)

                               Las formas y decoración en estucos del cuerpo central impresiona. En el centro, 
                               el contraste de la fuente renacentista en mármol (SIEMA Matritensis)

La misma más de cerca (SIEMA Matritensis)

                                         Terracita por la zona de la torre norte (SIEMA Matritensis)

                                      Terraza que da a la zona sur (SIEMA Matritensis)

Para visitar la quinta aconsejo comprar las entradas por internet, a través de su web, cuestan 12€ y, aunque ahora están restaurando las cubiertas, ni los jardines, ni el palacete han perdido un mínimo de su encanto. Al llegar se pasa la antigua portería e inicias el recorrido, con la boca abierta, por los jardines, siempre de bajada al principio. Encontrarás también una acogedora cafetería.  Los jardines están divididos por zonas temáticas y presentan más de 3000 variedades de plantas, muchas de ellas exóticas, traídas de América o Australia. La entrada al jardín es por un arco indio auténtico de madera tallada. Hay también el llamado valle de helechos, donde encuentras un estanque, cascadas, helechos enormes y palmeras.  Junto al palacio  vemos una gran pradera y enormes araucarias y pinos . Aquí se plantó la primera pradera de césped en Portugal (otra de las notas inglesas en la zona). Además de la exuberante vegetación, con grandes zonas de umbría, también hay árboles de gran altitud, zona de bosque europeo de robles y castaños, alcornoques gigantes con sus cortezas de corcho, río, fuentes, manantial, ermita en ruinas - hecha así a propósito- rocallas y muros de piedra llenos de líquenes o musgo. Sin olvidar todas las variantes de flores que también le dan la nota de color al jardín. Creo que es el jardín más romántico de Portugal y me gustó más que Bussaco o los del palacio de la Pena. Os dejo estas fotos del jardín donde apenas se aprecia lo bonitos que son. Ya sabéis que tanto texto como foto podéis usarlo, pero siempre indicando su procedencia. En breve volveremos a los temas madrileños.

Maribel Piqueras

 

Comienzo del paseo por los jardines, nada más pasar la portería
(SIEMA Matritensis)  

                          Encantadora cafetería al inicio del recorrido (SIEMA Matritensis)

Vista del jardín con helechos, hortensias, palmeras (SIEMA Matritensis)

Bajada al valle de los helechos, con estanque al fondo (SIEMA Matritensis)

Creo que es el árbol más grande del jardín (SIEMA Matritensis)

La parte de arriba del mismo, que no cabía en una imagen (SIEMA Matritensis)

Capilla en ruinas (SIEMA Matritensis)

                                                Detalle de los muros (SIEMA Matritensis)




martes, 23 de junio de 2026

Puerta de San Vicente

 Hoy quería contaros un poquito sobre la puerta de San Vicente. Habría que remontarse a 1726, cuando el alcalde de Madrid, el Marqués de Vadillo, mandó reorganizar esos accesos a la Florida y hacer una puerta de ingreso por esa cerca. La realizó Pedro de Ribera y llevaba la estatua de San Vicente en el nicho central, además de los escudos reales y el escudo de la ciudad también. Contaba con tres puertas de acceso, siendo la central algo más grande y muy decoradas en estilo rococó característico de Ribera.

                  D. Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, marqués de Vadillo, retratado pocos
                     años antes de fallecer por el pintor Jacinto Meléndez (SIEMA Matritensis)

                                Diseño de la Puerta de San Vicente por Pedro de Ribera

En 1770 derribaron esta primitiva puerta de Ribera, por orden de Carlos III, y colocaron otra puerta de San Vicente en otro punto mucho más cerca del río Manzanares. Con esa puerta de Sabatini de 1775 quedó embellecido esa entrada por el llamado Paseo de la Florida. Constaba de un gran arco central rematado con frontón triangular y elementos decorativos de carácter militar, siendo utilizado ese paso para carruajes. Luego dos puertas rectas en los laterales y otros pequeños portones en los muros. Sabatini pensó en una puerta monumental de sillares de granito y piedra caliza, con rejas de hierro. La completó con una fuente de mascarones en la explanada, o del "Niñote", como la llamaban popularmente los madrileños por la escultura del niño que la remataba. En la imagen muestro esa puerta de Sabatini en 1816. También es la misma puerta la que aparece en la maqueta de León Gil del Museo de Historia de Madrid.

                               Puerta de San Vicente de Sabatini, 1816, temple sobre sarga en el 
                                                Museo de Historia (SIEMA Matritensis)

                           Maqueta de León Gil en el Museo de Historia de Madrid, donde se ve el paseo de
            la Florida bordeando la montaña de Príncipe Pio, con la puerta de San Vicente de Sabatini 
                               ya colocada más abajo junto al río (SIEMA  Matritensis)

En 1891, José López Sallaberry, arquitecto municipal encargado de una nueva reforma en la zona, pidió desmontarla para llevarla a otro lugar, como el Paseo de coches del Retiro. Al desmontarla los canteros vieron que los sillares no estaban en buenas condiciones, ni tampoco se miró mucho a la calidad artística y patrimonio histórico que representaba. En 1995 el Ayuntamiento hizo una réplica de la original, exactamente igual, en granito y piedra caliza, con el arco central y dos puerta laterales decorada con los trofeos militares que había ideado Sabatini.

                   Lavanderas junto al Asilo de Lavanderas y la Puerta de San Vicente (Fotografía antigua)

Asilo de Lavanderas en 1934 (wikipedia)

De este entorno junto a la glorieta de San Vicente también hablamos en otra entrada anterior http://madridconencanto-siema.blogspot.com/2026/05/estacion-principe-pio.html . Justo al otro lado de la Puerta de San Vicente, la reina Mª Victoria, esposa de Amadeo de Saboya fundó, en 1871, el llamado Asilo de Lavanderas que aparece en la imagen superior. Funcionaba como una guardería donde las lavanderas podían dejar a sus hijos (menores de 5 años) mientras trabajaban en la zona. Contaba también con seis camas para atender a las lavanderas que se encontrasen mal o sufrieran algún tipo de accidente. Era de estilo regionalista, como se aprecia en la imagen de esos pabellones. Este Asilo de Lavanderas fue destruído durante la guerra civil española. En 1944 construyeron otro en el Paseo Imperial. Ese funcionaba como casa de caridad. Hoy no existe como tal. Con la evolución de esta glorieta y puerta de San Vicente me despido de este blog por vacaciones. Seguiremos publicando algo por Twitter e Instagram @sieamamadencanto o Facebook Siema Matritensis hasta que volvamos con las visitas guiadas por el patrimonio de Madrid a fines de septiembre. ¡Que tengáis un feliz descanso estival!

Maribel Piqueras





martes, 2 de junio de 2026

Aranjuez, el real sitio de las fiestas de primavera

 Aranjuez tiene su época de esplendor durante la primavera y de ello ya se dieron cuenta los reyes, eligiendo este real sitio para pasar la primavera y quedarse allí hasta que llegaran los rigores de los calores del verano. Desde siempre le dieron fama sus fiestas. Durante Felipe II se iniciaron esos eventos, pero de carácter cortesano y más privado. Este rey había prohibido el poblamiento del real sitio. Con él se hicieron conciertos y bailes, representaciones teatrales y alguna exhibición ecuestre, taurina o, incluso, las curiosas carreras de gamos. Estos últimos juegos (ecuestres, corridas o carreras de gamos) se solían celebrar en la explanada situada en la fachada sur del palacio. Donde, después, durante el s XVIII, tendría lugar el juego ecuestre de las "parejas reales". Felipe II dejaba el jardín del rey o el de la Isla para los otros eventos. Felipe IV también disfrutaba mucho en Aranjuez. Por ejemplo, para su cumpleaños en 1622, se representó la obra teatral titulada "La gloria de Niquea" en el jardín de la Isla con maravillosos decorados. Felipe IV enriqueció este jardín de la isla con fuentes y esculturas barrocas. Para saber más de este jardín de la isla os recomiendo volver a esta entrada http://madridconencanto-siema.blogspot.com/2017/05/jardin-de-la-isla-en-aranjuez.html

                                               Jardín del rey (SIEMA Matritensis)

               Juegos de agua en el jardín de la isla, con quien Felipe II sorprendía a sus invitados 
                                                            (SIEMA Matritensis)

Fuente de Hércules e Hidra al comienzo del jardín de la isla 
(SIEMA Matritensis)

Fernando VI y Bárbara de Braganza disfrutaron de lo lindo en las diversiones que se organizaban en Aranjuez. Tenemos un manuscrito escrito por D. Carlos Broschi para Su Majestad en el año de 1758 titulado "Diversiones que anualmente tienen los reyes Nrs Sers en el Real Sitio de Aranjuez" ,traducido y editado por Patrimonio Nacional como "Fiestas Reales en el reinado de Fernando VII" (Madrid, 1987). A mí me encanta porque Farinelli trabajaba a la perfección. No sólo organizando las fiestas, música, escenografías teatrales, sino para llevar las cuentas del personal que contrataba, así como de los diferentes materiales que utilizaba. Farinelli llegó a las fiestas de Aranjuez ya con una amplia experiencia. Debutó en el Teatro Alberti de Roma con sólo 17 años, en 1722. Pasando por Viena y Londres (aquí desde 1734-37), en que temporalmente vino a España por encargo personal de la reina Isabel de Farnesio al embajador en Londres, Conde de Montijo. El 25 de agosto de 1737 escuchó su música el rey Felipe V en la Granja y le hizo mucho bien a su salud, así que los reyes, en vez de otorgarle el título de músico de cámara, le dieron el de familiar criado, para así depender únicamente de los reyes. En Madrid organizó con éxito representaciones en el nuevo Teatro de los Caños del Peral y en el Coliseo del Retiro. Cuando llegó Fernando VI al trono la reina Isabel de Farnesio quiso llevarse a Farinelli a la Granja con ella, pero Fernando VI le nombró Director de Entretenimientos Teatrales y se quedó con él en la corte. Ya con Carlos III Farinelli saldría de España y se mandó construir un suntuoso palacio en Bolonia, donde fallecería en 1782.

                     Busto anónimo de Carlo Broschi o Farinelli en el museo de la RABASF 
                                                                    (SIEMA Matritensis)

Fernando VI hacia 1750, por Michael Van Loo en galería de las colecciones
reales (SIEMA Matritensis)

Fernando VI y Bárbara de Braganza en los jardines de Aranjuez, por Bataglioni,
1756 en el museo del Prado actualmente (SIEMA Matritensis)

Farinelli organizaba óperas en el teatro del palacio, también música al aire libre, o la música del juego de parejas en la explanada junto al muro S del palacio de Aranjuez. Los caballos bailaban al son de la música.También preparaba la música para acompañar en los atardeceres a la escuadra del Tajo, que eran como "noches venecianas" con una escuadra que a veces simulaban las góndolas venecianas.

En esta explanada junto al muro S del palacio se organizaba el "juego de parejas de caballos"
(SIEMA Matritensis)

Juego de las parejas reales de caballos pintado por Paret en Aranjuez 
(SIEMA Matritensis)

Farinelli organizó la Escuadra del Tajo, que constaba de 15 embarcaciones. Solían salir del embarcadero del Sotillo e ir hasta el puente de la reina por el río Tajo. Como 6´4 km. Los paseos se comenzaron a hacer en 1752 y se iniciaban al atardecer, desde las 18.30-21h. Estas noches venecianas se organizaban desde el 15 de junio hasta los calores de mitad de julio. Y solían salir 10 o 15 veces cada temporada anual. La iluminación de estas noches venecianas en el río era digna de ver. Según narra el propio Farinelli  "en medio de la oscuridad de la noche se distinguían vistosamente con innumerables faroles, los palos, vergas, entenas y jarcías de las embarcaciones, sobresaliendo notablemente con arañas de cristal y varias luces sueltas, la Real, la falúa de Respeto, de modo que todo el conjunto con los varios reflejos que causaba en el agua, formaba el más bello objeto que pueda recrear la vista". Farinelli cantaba acompañado por músicos o por la clave que tocaba la propia reina Bárbara de Braganza. Incluso la reina cantaba también. A la vez solían pescar con caña o con redes. También cazaban desde las falúas, jabalíes o venados que los monteros llevaban hasta cerca del río. El embarcadero del Sotillo quedó bien acondicionado para la ocasión: una gran entrada de piedra del Colmenar con tres puertas de hierro daban acceso a un paseo arbolado. También ahí habían construido atarazanas para guardar los pertrechos de la escuadra, donde dormían en la parte de arriba los marineros. Incluía una capilla de Santa Cecilia con un cuadro del pintor napolitano Giaquinto.

Plano del real del Sotillo, donde embarcaban (SIEMA Matritensis)

Portada del manuscrito que Farinelli hizo sobre las fiestas reales en 1758
(SIEMA Matritensis)

La falúa real, que era la más vistosa, se construyó en 1753. Iba tallada la madera y dorada, contaba con pintura chinesca en el interior. Curiosamente llevaba un palo, pero sin vela, sino con un toldo de damasco carmesí. Iba preparada para 20 remos, 24 marineros y un contramaestre. Aquí, junto a los reyes, iban los caballerizos mayores, cuatro cadetes de guardia de corps, ocho músicos y Farinelli. 

Falúa real (SIEMA Matritensis)

En la Falúa de respeto no embarcaba nadie de la corte, servía para pasar por delante de la falúa real varias veces por respeto a los reyes. Era verde y llevaba flores de oro, también iba forrada de damasco verde. La Fragata de San Fernando y Santa Bárbara parecía una fragata de guerra, con 16 cañones de bronce. Llevaba 20 marineros y las damas de la reina, así como señoras de honor. También iban dentro músicos instrumentistas animando la velada.

Falúa de respeto (SIEMA Matritensis)

Fragata de San Fernando y Santa Bárbara (SIEMA Matritensis)

Jabeque Orfeo (SIEMA Matritensis)

Jabeque Tajo (SIEMA Matritensis)

Entre esas 15 embarcaciones destacaban también los jabeques. El Jabeque Orfeo era muy vistoso, muy largo y de poca borda. De color encarnado, poseía tres palos de velas latinas, 12 cañones de bronce, 12 remos. En él iban montados camaristas y dueñas de la reina. El Jabeque Tajo era de tonos verdes. Iban en él los mayordomos de los reyes y oficiales. También incluía la escuadra botes para poder remolcar, botes con figuras de pavo real o de venados a ambos lados de la embarcación real. Toda esta escuadra fue destruida por las tropas napoleónicas. Lo que hoy se visita en el museo de falúas son otras embarcaciones reales procedentes del Buen Retiro o de San Sebastián. La más antigua, la que se usó en el lago del Buen Retiro por Felipe IV me recuerda en el estilo barroco a la que podía haber sido la fragata real o la de respeto. Incluso hoy en día las fiestas de San Fernando en Aranjuez son las protagonistas. Espero que os haya refrescado un poquito. Con estas últimas imágenes termino.

Maribel Piqueras
Orden de marcha de la escuadra del Tajo (SIEMA Matritensis)

Falúa de Felipe IV en el retiro (You tube)





miércoles, 20 de mayo de 2026

Estación Príncipe Pío

 La estación de Príncipe Pío actual, no se llamó así al principio, sino estación del Norte. Se hizo adquiriendo terrenos en la base de la montaña de Príncipe Pío. La Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España encargó su construcción a ingenieros franceses, discípulos de Eiffel (como Biarez, Grasset o Ouliac)  por eso tiene un toque muy parecido a las estaciones francesas de finales del s XIX que aparecen en tantos lienzos impresionistas e, incluso, al actual Museo D, Orsay, que también fue una estación. Un poco antes, en 1861, se había levantado en el mismo lugar un edificio provisional para el servicio de viajeros hacia el N y, como esa línea férrea, debía de cruzar el río, se construyó el llamado "puente de los franceses". Llamado así por los ingenieros franceses que trabajaron en él. La Casa Real insistió para que hubiese una estación de trenes cerca de palacio. Además, les facilitaba el traslado a San Sebastián para las vacaciones.

                       Maqueta de Gil de Palacio donde se ve esa montaña de Príncipe Pío, con el paseo de la Florida y, al fondo, el palacio real (SIEMA Matritensis)

Las obras empezaron en 1877, pero hasta 1882 no empezaría a funcionar. Su misión era llevar viajeros y mercancías al N de España. Sólo se había construido el pabellón de salida de viajeros, que es el que aparece en la fotografía antigua, con todos los carruajes llevando viajeros. Se extendía en horizontal, con tres cuerpos que sobresalían: los dos cuadrados de las esquinas y el rectangular central. De dos pisos, el inferior con arcos clásicos y el superior con ventanas. Coincide con la estación y centro comercial actual. En 1992 partió desde aquí el último tren para Galicia. Y desde 1993 funciona como centro comercial y como parte de estación de cercanías y metro.

             Estación del Norte. Foto antigua sacada del Museo de Historia de Madrid (SIEMA Matritensis)

Interior de la Estación del Norte. Imagen antigua en el Museo de Historia de Madrid 
(SIEMA Matritensis)

                                     Pilares de hierro de la antigua estación (SIEMA Matritensis)

                               Filigranas de hierro y cristal con finos arcos que aún se 
                                           conservan de la antigua estación (SIEMA Matritensis)

                                           Más cubiertas de hierro y cristal (SIEMA Matritensis)

La Compañía de Caminos de Hierro del Norte realizó posteriormente, en 1924, un proyecto de ampliación en forma de L, situando la cabecera de la estación junto a la Cuesta de San Vicente. Ese punto constituía la llegada de viajeros y se necesitaba un espacio mayor donde pudieran atenderles sus familiares o amigos y esperar. Se finalizó en 1928. El estilo era completamente diferente, de afrancesado art decó. Había un gran vestíbulo con lámparas art decó y dos torreones cubiertos con cúpula. Este edificio bell epoque se remodeló a comienzos del s XXI para hacer el gran teatro Caixa, que funciona desde el 2020. Como anécdota comentar que la gran estrella roja no hace referencia a Rusia, como comentan algunos guías, sino que era el emblema de la compañía de Caminos de Hierro del N, la estrella polar.

Maribel Piqueras

                       Estación del N: zona de llegada de viajeros de 1928 (SIEMA Matritensis)

                             Al fondo los muros de la zona nueva de 1928 que dan a la anterior estación
                                  (SIEMA Matritensis)