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martes, 2 de octubre de 2012

El  Parque del Retiro de Madrid, un pulmón verde de 118 hectáreas en pleno centro de la ciudad, daría mucho para hablar en un blog, así que he preferido dividirlo en dos entradas. En esta primera parte recorreremos sus orígenes, parte de su historia y evolución y nos centraremos en la zona E del Parque. Para los orígenes históricos de esta zona habría que remontarse a finales del s.XV, cuando el rey Enrique IV fundó un monasterio jerónimo en lo que era una zona boscosa muy saludable situada a las afueras del Madrid de entonces, hacía el E. Esa primera fundación jerónima se convirtió en el monasterio mandado hacer por Isabel la Católica, hoy en día muy restaurado durante el s.XIX y en adelante. En él disponían los reyes de Castilla un cuarto real donde retirarse en determinadas temporadas (por ejemplo tras la muerte de un cónyugue o durante la Semana Santa). Pero serán el Conde Duque de Olivares y Felipe IV los artífices del Palacio del Buen Retiro y sus jardines que, más tarde, darían lugar a este parque. El motivo de construir un palacio en esta zona se lo debemos a la personalidad de Felipe IV: un rey muy pasional, amante de todas las artes, del teatro, de los espectáculos diversos y de los jardines y espacios abiertos. El llamado Alcazar de los Austrias( situado donde hoy está el Palacio Real) era una residencia muy pequeña para él, que carecía de espacios grandes y abiertos, así como de jardines. El rey se sentía bastante agobiado en dicho edificio. Le apremiaba disponer pronto de una residencia nueva para recrearse en su tiempo libre y de eso se daba cuenta el Conde Duque de Olivares. La obra se hizo muy rápida, en tres años estaba prácticamente terminada (1630-33), encargándose Carbonell de ella. En 1636 se añade la Plaza Grande y poco despues la decoración pictórica encargada a Velázquez y Zurbarán, entre otros. Los materiales empleados eran poco costosos y fáciles de manejar como el ladrillo y la madera. No se empleó la piedra en este palacio real, por eso resistió tan poco. Una vista general de como era se aprecia en este lienzo de Leonardi de abajo
A la derecha de la misma aparecen los Jerónimos y el Palacio se construyó ampliando hacia el N el cuarto real ya existente. Los escenógrafos y jardineros eran florentinos, contratados por el Conde Duque de Olivares y desarrollaron unos jardines bastante geométricos, pero llenos de fuentes, esculturas y ermitas. Ahí estaba colocada la estatúa ecuestre de Felipe IV que hoy preside la Plaza de Oriente. Felipe V encargó el parterre con un gusto muy afrancesado. Carlos III cerró el jardín e instaló diferentes puertas, además de colocar muy cerca la famosa puerta de Alcalá. Este rey lo reconvirtió en jardín ilustrado, situando en él la fábrica de porcelanas (con la fórmula secreta que se trajo de Sajonia con su mujer Mª Amalia, gran amante de las porcelanas) y organizando cerca, en el Prado Viejo, el Gabiente de Ciencias, la casa de fieras y el Jardín Botánico. Con Carlos IV tuvo lugar, desde el parterre, la primera ascensión en globo de Vicente Lunardi. Pero durante la ocupación francesa de Madrid sufrió numerosos destrozos: los soldados franceses usaron las maderas del palacio, la fábrica de porcelana se convirtió en polvorín, que fué asaltado por los ingleses (aliados de España y que fueron los que volaron la fábrica provocando graves pérdidas en el parque). De todo ese esplendor no queda más que una ala del palacio y el Casón del Buen Retiro. Menos mal que de la época de Fernando VII conservamos lo que empezó a ser el jardín romántico como se le conoce actualmente. Este rey se propuso restaurar la zona en 1815. Levanta la colina artificial de los gatos o montaña rusa, construye el embarcadero, promueve la instalación de la llamada Casa de Fieras y varios pabellones de reposo como la Casita del Pecador. Es por esta zona NE del parque donde propongo iniciar el recorrido. Entrando por la bonita y esbelta Puerta de Madrid (último tercio del s.XIX), a la izquierda podemos divisar la Colina de los Gatos ( llamada así por la cantidad de gatos que cobijaba) o Montaña rusa: colina artificial con su cascada, sus efigies orientales tan al gusto del s.XIX en la parte de abajo. Justo al lado los restos de la ermita de San Pelayo de Ávila, siguiendo la moda romántica de colocar ruinas en los paisajes. Se trata de una iglesia románica donde estuvieron los restos de S. Isidoro durante su traslado desde Sevilla a León. En frente el pabellón de recreo y reposo conocido como Casita del Pescador
Todo denota romanticismo: el juego de diversos volúmenes, su tejado en chapitel con las bolas, los contrastes de colores rojo, azul y blanco, las pinturas, la base del estanque irregular sobre el que se asienta. Es el punto de información del parque actualmente. Cruzando el Paseo de Carros, donde se instala la Feria del Libro por su amplitud, nos adentramos en una boscosa bajada, siempre húmeda, ya que no debemos olvidarnos que paseamos por la parte N del parque, para descubrir el Monumento a los hermanos Álvarez Quintero
Como casi todos los conjuntos escultóricos del parque este monumento también es anterior a la Guerra Cívil y fué inaugurado en 1934. Está dedicado a los autores de teatro andaluces, los hermanos Álvarez Quintero, y presenta una escena de galanteo andaluza que tiene lugar dentro de un pórtico con columnas semiciricular desde el que se asoma una dama a escuchar al jinete. La talla del jinete en bronce es espectacular. Detrás de la balconada hay una pequeña fuente y bancadas de piedra. Avanzando un poco más divisamos, ya más cerca del Pº de Carros el gran Monumento a Cuba. Este tardó muchos años en terminarse, por motivos históricos, políticos y económicos, desde los años veinte en que se inició, no se inauguraría hasta 1952. Se decidió como agradecimiento al monumento que en Cuba había dedicado a España el general Machado. Lo inició Benlliure, quien trabajé en la caravela y otros bronces. Arriba

Todos los elementos son alegóricos a esa nación americana. Aquí se ve la armonía y majestuosidad del monumento, con la alegoría femenina de Cuba en la cima, luego Isabel la Católica y abajo, la caravela de bronce. Al otro lado Cristobal Colón, escudos y animales exóticos de ese continente

En nuestro blog no hablaremos de todas las esculturas y edificaciones que nos encontremos, si de las más bonitas y antiguas, como el gran Monumento al General Martínez Campos, el héroe que con su pronunciamiento militar determinó el fín de la I República y la restauración monarquica con un periodo largo de paz en 1874. Lo diseñó Mariano Benlliure, que tanto trabajó en este parque y se inauguró en 1907.

En la base de la roca elementos militares e isncripciones en bronce, lo mismo que la escultura ecuestre del general enérgico. Todo ello situado sobre un gran estanque en una plaza con columnas y pérgolas alrrededor.

Siguiendo por nuestra visita en la zona E nos encontramos con la entrada a la Casa de Fieras, donde dos pilares de ladrillo con leones nos dan la bienvenida a una pequeña plazuela circular con bancadas de cerámica. Ahí, a nuestra izquierda el edificio con las jaulas para animales peligrosos, todo él de ladrillo con unas bonitas balconadas de cerámica ( con la curiosidad de ser todas diferentes), muy del estilo decimonónico. Como hasta que se creó el nuevo zoo en la Casa de Campo en 1972 este era el zoo donde todavía hoy en día se ve el foso, estanques y grutas, así como parte del jardín. Luego se enlaza con los jardines de Cecilio Rodriguez. Este jardinero mayor del Ayuntamiento de Madrid diseñó estos bellos y recogidos jardines, con sus paseos, cipreses, setos recortados de boj, fuentes, cascadas, pérgolas y esculturas, donde la Junta de Retiro celebra algunos actos hoy en día. Quedan separados por una trabajada reja de hierro. Muy cerca de este recorrido, al otro lado de la Puerta de Hernani, es decir, cruzando el subterráneo del metro Retiro en la calle Alcalá y dirigiéndonos hacia la Puerta de Alcalá, nos encontramos una pasteleria fancesa para reponer fuerzas o, al menos, deleitarnos con los ojos. Me refiero a Moulin Chocolat. Aquí podemos encontrar los tradicionales macaronis franceses, las magdalenas de esa tierra, los croassanes y miles de pasteles o chocolates para todos los gustos con un toque de cocina innovadora y glamurosa. Y teneis que perdonarme porque, aunque mi fuerte son los idiomas, no se francés y seguro que cometo algún que otro error de ortografía. Nada más animaros a pasear con detenimiento por esta parte E del parque, justo la que bordea la Avenida de Menéndez Pelayo.

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