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martes, 11 de septiembre de 2012

LAS GONGORAS, Iglesia y convento

Esta iglesia y convento de las Mercedarias Descalzas de la Purísima Concepción, más conocido por el apelativo de "las Góngoras", tiene el encanto de conservar toda la pureza y ambiente original de finales del s.XVII. Más si tenemos en cuenta el barrio en que se ubica, Chueca, que hoy en día ha llegado a ser un área de auténtica fusión entre la tradición y las vanguardias más absolutas. En sus orígenes fue un beaterio fundado por Dº María de Mendoza en 1626 en la calle de San Oprobio. Allí se mantuvieron las religiosas hasta que se inundó en 1661. Al rey Felipe IV le debemos la advocación que tiene, ya que en 1663, lo dedicó a la Purísima Concepción en agradecimiento al nacimiento de su ansiado heredero el príncipe Carlos, futuro Carlos II. Felipe IV pasó los últimos años de su vida muy melancólico y triste, tal como lo retrata entonces Velázquez, no hacía más que dar vueltas a lo que había hecho mal en su pasado. Además, se le habían muerto anteriormente dos hijos varones. el príncipe Baltasar Carlos, hijo de Isabel de Borbón, y Felipe Próspero, hijo de su segunda mujer Mariana de Austria. Con lo cual, el nacimiento de este varón colmaba sus aspiraciones. Fray Manuel de San Juan Bautista y Villarreal realizó la primera iglesia que quedó inaugurada en 1665. El monarca había encomendado la tarea a dos importantes personajes. Uno era Juan Jiménez de Góngora, ministro del Consejo de Castilla y con un importante cargo en la orden de Alcántara. El otro, fray Juan de Sta. María, vicario general de los Mercedarios calzados. Al primero de ellos le debemos el apelativo de "Las Góngoras" con el que se le conoce, y no por el nombre del poeta Luis de Góngora que lleva la calle, que pienso sea un error del Ayuntamiento de Madrid, que no tuvo en cuenta la historia del convento al decidir el nombre de la calle y poner la cartela.
El edificio ocupa prácticamente toda la manzana, se alza sobre una gran extensión que era conocida entonces como las huertas del Duque de Frías. Se construyó en dos fases, la primera ya comentada, y la segunda corresponde a la remodelación interior realizada por Luis del Olmo en 1669. La fachada es neoclásica y nos oculta el movimiento y colorido del barroco interior. Se debe a los trabajos de restauración realizados en 1775 por el neoclásico Joseph de la Ballina. Por eso los grandes muros sobrios y lisos, así como la fachada neoclásica con frontón. Como únicos adornos destacan los escudos de los mercedarios que aparecen por todas partes, incluso en el muro de la derecha hay pintado uno a gran tamaño. La entrada a la iglesia es lateral y sobre el pavimento del ingreso nos encontramos de nuevo un gran escudo de la orden mercedaria, con la corona, la cruz blanca y las cincos bandas rojas abajo
La iglesia corresponde a la planta de cruz latina, de una sola nave, sin capillas laterales y presbiterio en alto. El crucero se cubre con una gran bóveda sobre pechinas con linterna. Sigue la tipología de iglesias del barroco madrileño del s.XVII. En los laterales de la nave aparecen dos cuadros-retablo. El de la izquierda es de mejor calidad y representa a S. Pedro Mártir junto a Catalina de Siena. Lo pintó Pedro Atanasio Bocanegra después de 1676, cuando ya se encuentra en Madrid trabajando para el rey. El de enfrente representa un fondo de Montserrat con la imagen de Jesús cautivo. En la imagen se puede apreciar la calidad de la talla de estuco que hay en los capiteles de las pilastras cajeadas ( estilo parecido al que hay en las Comendadoras), el entablamento que recorre toda la iglesia y la base de la cúpula con linterna. Las pinturas de las pechinas también son de 1688, realizadas por Andrés Fernández y Baltasar de Castejón. Todo ello proporciona al interior de la iglesia una gran luminosidad, movimiento y elegancia y debemos de agradecérselo a las reformas de el Olmo. El crucero es muy amplio y, en los machones del mismo encontramos cuatro retablitos de estilo rococó del s.XVIII: uno con la representación de San José, otro con la escultura de la Virgen del Carmen, el tercero con San Pedro Nolasco, fundador de los Mercedarios y el cuarto con la Virgen con las cadenas ante Dios Padre y Dios Hijo.. También son de destacar dos grandes tapices colgados en los extremos del crucero: el de la izquierda es un tema mariano y, junto a él , un bonito cuadro de San Nicolás; el de la izquierda repesenta el famoso tema de la redención de cautivos. Justo debajo de este último hay una urna de crsital con un Cristo esculpido en hojas de palma prensada, que suele pesar menos, y que podían sacar en procesión el viernes santo por el claustro.
Podemos apreciar ahora el impresionante retablo barroco, todo ello de madera imitando los colores y texturas del mármol y del bronce. Las cuatro columnas de orden gigante corintias que salen hacia afuera, contrastan con el interior cóncavo, donde se encuentra la Immaculada Concepción de Juan Pascual de Mena en colores pastel. Arriba,el frontón partido con los ángeles adorando y el símbolo del Espiritu Santo que coronan el conjunto manifestando la gloria y poder del Espíritu Santo sobre la Virgen y el sagrario. A los lados dos escudos reales que se adapatan al marco escultórico. Debajo las esculturas de dos santas mercedarias famosas: Santa María de Cervelló y la Beata María de Jesús. Las pinturas murales que cubren la bóveda del presbiterio y los lunetos son muy posteriores, de 1911. También se puede apreciar las rejas talladas que comunican con el convento y que aparecen en toda esta parte de la iglesia.
A un lado de la iglesia está el claustro central del convento, de forma cuadrada y bóvedas de cañón sencillas. La plaza que en su momento se situaba frente al gran convento de las Góngoras se destruó en el s.XIX. Hoy en día, cuando sales, puedes darte un agradable paseo mañanero por este barrio de Chueca, acceder desde la calle Luís de Góngora a la calle Libertad, donde se encuentran restos del entramado bohemio y cultural de esta zona, así como importantes restaurantes. Por ejemplo, en el nº 23 estaba el estudio del pintor Rosales y conserva su señorío decimonónico en la fachada y forja de las blaconadas. Junto a él la famosa "La Panza es lo primero" y, haciendo esquina, el vanguardista restaurante Baazar, de espacios amplios y blancos, con la alta barra central, que nos recuerda a Nueva York.

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