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miércoles, 5 de agosto de 2015

Iglesia de San Cayetano

Hoy conoceremos la castiza iglesia de San Cayetano, situada en la calle Embajadores nº 15. El nombre de embajadores dado a la calle, dice la tradición, que se debe a que a lo largo de esta larga y estrecha calle se situaban las embajadas en la capital durante los Austrias. Las diferentes sedes buscaban alojarse lejos del centro, por evitar epidemias, plagas y otros peligros. La Iglesia de san Cayetano se edificó sobre la antigua ermita de Nra. Sra del Favor, para servir de iglesia y convento a los padres Teatinos. Esta congregación de clérigos regulares fue fundada por San Cayetano de Tiènne en Italia en el año de 1524. A España llama la atención lo tarde que llegó, ya que hasta 1644 no tienen casa en la capital. Eran clérigos muy populares, que vivían de las limosnas y gozaban de gran fama ayudando a los más necesitados y a las parturientas.
Barroca fachada de San Cayetano (Foto SIEMA)

Las obras de esta magnífica iglesia duraron mucho en el tiempo, desde 1678 hasta 1761. Intervinieron en ellas diferentes arquitectos. El primer proyecto se lo encargaron los Teatinos a Marcos López en 1678, pero apenas avanzó. En 1700 se hace cargo de las obras José Benito Churriguera, quien trabajaría en la amplia y decorada fachada, aunque la mayor parte de las obras y decoración se la debemos a Pedro de Ribera. A su muerte, Francisco Moradillo la terminaría, simplificando la originalidad de Pedro de Ribera. Pedro de Ribera era un artista que pertenecía al Barrio de Lavapiés, ya que había nacido en la calle lateral del Oso y vivía en la de Embajadores. Cuando se hace con las obras, en 1722, ya era un artista muy conocido y popular en Madrid, logrando fama en los trabajos que le había encargado el alcalde de la Villa, el Marqués de Vadillo (como el paseo de Virgen del Puerto y la ermita del mismo nombre, el puente de Toledo, la iglesia de Montserrat o diversos palacios y fuentes en Madrid). En esta zona vivía nuestro artista más castizo junto a su segunda mujer, Juana Úrsula Voitrui, con quien se había casado en 1711. Era tal su buen hacer y dominaba tantos aspectos, no sólo arquitectónicos, sino escultóricos o de diseño urbanístico, que, en 1726, obtuvo el cargo de "Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y de sus viajes de agua". En la iglesia situada frente a su casa desarrolló lo mejor de su repertorio y una gran originalidad para conseguir luz y juegos de volúmenes. Se la dedicó a sus dos hijos que habían ingresado en la orden Teatina. Cuentan que al querer otorgar testamento y dividir su fortuna entre sus hijos, como los Teatinos sólo vivían de limosnas y no admitían dinero en herencias, les dijo que a ellos les dejaría su herencia en piedra. Y, así fue, les legó la majestuosidad de San Cayetano. En la misma está enterrado junto a su segunda mujer, ya que falleció Ribera el 19 de Octubre de 1742, con 61 años. 


Vivienda de Pedro de Ribera en la calle Embajadores nº 26, frente a san Cayetano (Foto SIEMA)

Calle del Oso, que bordea el lateral derecho de la iglesia y convento de san Cayetano (Foto SIEMA)

Pedro de Ribera ideó una fachada de gran tamaño y desarrollo horizontal, con exagerada decoración y unas torres bulbosas. Después, Moradillo simplificaría, sobre todo las torres. Nos da la sensación de ser demasiada iglesia para tan estrecha calle. Esa falta de perspectiva hace que nos perdamos detalles de su majestuosidad. Su estilo se aleja del estático barroco madrileño religioso en tiempos de los Austrias. Tres grandes arcos clásicos de piedra, separados por pilastras, y cubiertos con nichos escultóricos nos introducen en el nartex. La línea de separación de los arcos llega también a las escaleras. El arco central es algo más alto y decorado y en él se sitúa una pequeña ventana ovalada decorada con baquetones que da luz al coro alto de los pies de la iglesia. En la fachada se da un gran desarrollo horizontal con siete calles verticales, separadas por pilastras corintias de orden gigante. Las cuatro calles laterales albergan ventanales con frontones clásicos. Destaca su enorme cornisa con líneas partidas y la colorista combinación de piedra junto al ladrillo rojo. Me gustaría que se hicieran una idea mirando las siguientes fotografías de la fachada:
Dos calles laterales entre pilastras con la decoración de frontones ( Foto SIEMA)

Contraste de la parte vieja con la restaurada en la fachada ( Foto SIEMA)

Estatua de San Cayetano en el nicho decorado sobre el arco lateral ( Foto SIEMA)

Estatua de la Inmaculada en la parte central (Foto SIEMA)

Cornisa, con los entrantes y salientes que se corresponden a los pilares (Foto SIEMA)

Esta iglesia y todo el patrimonio que conllevaba es un verdadero milagro que quede en pié. Sufrió mucho nada más empezar la Guerra Civil. Las torres chapiteles originales se destruyeron en el incendio provocado, el 19 de julio de 1936, por grupos extremistas contra los católicos, que también incendiaron el interior, perdiéndose para siempre los lienzos y retablos. Conservamos alguna fotografía de cómo estaba decorada antes. La fuerza expresada en la construcción de piedra realizada por Pedro de Ribera, sus espacios, juegos de luces y unión de escultura con arquitectura se mantiene hoy en día en todo su esplendor en el interior. 

Calle Embajadores con la iglesia de San Cayetano en llamas al fondo (Foto Frikipiedras)

Interior de la Iglesia antes del incendio de 1936

Arranque de la torre original en la parte derecha de la iglesia, que enlaza con la zona conventual 
(Foto SIEMA)

Centro de la cruz griega con la cúpula que arranca de grandes pilares (Foto SIEMA)

Cúpula con tambor que contiene numerosas ventanas como foco de luz (Foto SIEMA)

La planta es de cruz griega coronada en el centro por una gran cúpula con tambor sobre grandes pilares. Ribera amplió ese espacio centralizado y desarrolló en las terminaciones de las dos naves laterales unas capillas de planta cuadrada también cubiertas de cúpulas. Toda la decoración de estuco en los capiteles de los pilares, la línea de cornisa, los arranques de las cúpulas, nos transmite mucha alegría, movimiento y luz. Encontramos volutas, ovas, líneas ondulantes, cabezas de angelitos, decoración vegetal, espirales. A los pies de la iglesia se levanta un coqueto coro a base de una pequeña balconada triangular con gallones.

Coro alto a los pies de la iglesia, encima un óculo ovalado con decoración ( Foto SIEMA)

 La restauración de los retablos se pensó a base de colocar copias de cuadros conocidos del Museo del Prado. En la primera capilla a la derecha encontramos un retablo dedicado a la Virgen con escenas de su vida. Aquí tiene su sede la Hermandad de la Virgen del Rocio de Madrid y se puede observar su preciosa carreta repujada en plata, que es la misma que llevan a la aldea del Rocio en peregrinación todos los años. También encontramos, a los pies de esta capilla, la tumba de Pedro de Ribera y su segunda mujer.

La carreta del Rocio a los pies del retablo (Foto SIEMA)

Retablo en madera policromada y dorada con escenas marianas. En el centro copia de "La educación de la Virgen" de Murillo (Foto SIEMA)

Placa que nos recuerda que Pedro de Ribera está enterrado aquí (Foto SIEMA)

Placa moderna que cubre la tumba de Pedro de Ribera, a los pies de la primera capilla a la derecha 
(Foto SIEMA)

Capilla lateral dedicada a San José ( Foto SIEMA)

Puerta de bajada a la cripta de San Cayetano (Foto SIEMA)

Como ya mencionamos, Ribera sitúa a los extremos de las naves laterales dos capillas de planta cuadrada cubiertas con cúpula y linterna. Para enlazar ambas capillas organiza el espacio mediante un gran arco lateral rebajado, que contiene una capilla en línea horizontal y con menos profundidad.Como, por ejemplo, la de San José. En el centro de la misma, a su vez, retranquea un arco, creando un espacio semicircular cubierto con óculo. Así contrasta los espacios y volúmenes y va colocando puntos de luz a lo largo de toda la iglesia, en diferentes direcciones. Al fondo de la nave de la derecha, está la capilla de San Millán, escultura y devoción que se trasladó a esta iglesia cuando la parroquia dedicada a San Millán, y que estaba junto a la plaza de la Cebada, fue destruida en 1869. Esta es la imagen original barroca tallada en madera. Representa al santo visigodo(gran eremita, muy culto y con fama de buen confesor) con su hábito típico, su báculo y libro. Sus seguidores hicieron del monasterio de San Millán de la Cogolla la cuna del idioma español. En el alzado de estas capillas Ribera utilizó cuatro pilares cuadrados, que llevan adosadas pilastras dóricas de decoración, de las que arranca la cúpula octogonal, también decorada con lineas de estuco, lo mismo que su base con conchas, guirnaldas o volutas. Obsérvense los diferentes huecos para que la luz ilumine la iglesia. No solo la linterna, sino pequeños huecos circulares laterales. En esta iglesia la luz artificial solo es necesaria de noche.

Cubierta de la capilla a los pies de la nave lateral (Foto  SIEMA)

Vista de la capilla de San Millán (Foto SIEMA)

Estandarte de San Millán (Foto SIEMA)

Detalle del pilar y arranque de cúpula (Foto SIEMA)

Escultura de San Millán (Foto SIEMA)

La cabecera de la cruz griega lo ocupa un gran retablo policromado con dorado, que también contiene copias de cuadros del Museo del Prado y sustituye al que se quemó. Llama la atención la forma en que Pedro de Ribera une el muro lateral (que enlazaba con el convento original) con el muro de la capilla mayor. Hace cortes en abanico o dominó de las pilastras y estas se van sucediendo en movimiento. Después,  a la izquierda se sitúa la capilla del sagrario, muy sencilla, justo al lado de la de San Cayetano. En realidad las dos forman parte de la capilla cuadrada a los pies de la nave de la izquierda. Para venerar la estatua de San Cayetano se sube por una escalera de granito. En estos días nos gusta recordar que su fiesta es el 7 de Agosto y estamos de lleno en las famosas Fiestas de San Cayetano de la capital, con las que este barrio se engalana y disfruta en las noches de la primera semana de agosto. Como nos dice su párroco, D. Clemente, el día 7 se organiza una sencilla procesión con este santo, lleno de flores, por las empinadas calles del barrio. Un buen momento para pedirle trabajo.

Enlaces de la nave lateral con la del altar mayor (Foto SIEMA)

Detalle de los pliegues de las pilastras y el balconcito. Al fondo columnas barrocas del altar mayor.
(Foto SIEMA)

Alzado y decoración de la capilla situada a los pies de la nave lateral izquierda, la de San Cayetano
(Foto SIEMA)

Estandarte de San Cayetano (Foto SIEMA)

Altar de San Cayetano (Foto SIEMA)

Capilla del Sagrario, junto a la de San Cayetano (Foto SIEMA)

El antiguo convento de los Teatinos, con sus viviendas y patios, el mismo en que que profesaron dos hijos de Pedro de Ribera, fue destruido completamente durante la Guerra Civil. Ese convento se situaba en la parte derecha de San Cayetano, con diferentes entradas por la calle del Oso. Luego se comunicaba por la parte situada a la derecha del altar mayor, donde hoy esta la sacristía. Por eso los balcones miradores que podemos observar a la derecha del altar mayor. Según nos cuenta el párroco, que tan amablemente nos atendió, como no quedó nada, sobre su solar y patios se construyeron estancias educativas y deportivas. La iglesia de San Cayetano tiene mucha importancia, que se mantiene desde el s XVIII. Hay un gran archivo de nobles, es sede de conciertos, de la Hermandad del Rocío y de numerosas bodas y bautizos. Centro de este barrio de Lavapies, por ella han pasado personajes tan ilustres como DªMercedes, la madre del rey Juan Carlos o la Duquesa de Alba, Dª Cayetana, a quien le gustaba frecuentarla. Y la verdad, es que no nos extraña, por la gran belleza y luz que transmite. ¡ Es realmente majestuosa !

Convento de San Cayetano, restos de las torres y muros (Foto SIEMA)

Antigua puerta  del convento enmarcada en granito (Foto SIEMA)

Otra de las entradas barrocas al convento (Foto SIEMA)

Vistas al solar de los patios desde la sacristía. La puerta es la de la imagen de arriba.
(Foto SIEMA)

Placas de premios por decoración de fachadas en las fiestas. Calle del Oso (Foto SIEMA)

No queremos terminar esta entrada sin recomendaros la visita a un negocio con encanto, situado muy cerca de nuestra iglesia, nada más salir de la calle del Oso y coger Mesón de Paredes. Me refiero a la tienda La Mano de Fátima. Es un verdadero trocito de Marruecos en Madrid, donde encontrar productos de calidad. Símbolo del carácter multicultural del barrio y nada que ver con los numerosos bazares que pueda haber en la zona. Aquí hay más calidad y variedad: lámparas, bolsos, puf, carteras, decoración, cinturones. Todo ello muy bien expuesto. No dejéis de daros una vuelta por ella. Y con esto me despido hasta septiembre. Que paséis un buen verano.

Maribel 

Fachada de la mano de Fátima (Foto SIEMA)

Lámparas turcas y bolsos ( Foto SIEMA)

Interesantes bolsos y cinturones (Foto SIEMA)





lunes, 27 de julio de 2015

El jardín de la Casa Sorolla

A los lectores de Madrid con Encanto quiero ofrecerles la oportunidad de conocer uno de los jardines más originales y románticos de Madrid, los jardines de la Casa del pintor Sorolla. Su existencia complementa lo que es la historia del propio Museo y sus colecciones. Los jardines forman parte de la mansión que Joaquín Sorolla se hizo construir hacia 1910, habitándola a finales de 1911. El pintor ya vivía en otra casa de la misma zona, en la calle Miguel Ángel, que también tenía un pequeño jardín. Después de años de mucho trabajo y, sobre todo, a raíz del éxito cosechado por las exposiciones individuales celebradas en la Hispanic Society de Nueva York y Boston, así como sus buenos contactos con mecenas en los EEUU, como Huntington, Ryan o el pintor Sargent, Sorolla consiguió la suficiente fama y medios económicos para hacerse una casa y jardines a su gusto. Eligió una de las mejores zonas del Madrid de principios del siglo XX, una zona residencial junto a la Castellana y sin tanto tráfico como ahora. Tampoco estaban construidos los grandes edificios de al lado de la vivienda. Encargó la edificación a uno de los mejores arquitectos de la época, Repulles, quien había realizado a finales del sXIX muchos trabajos para los sitios reales y también para los edificios públicos más emblemáticos de Madrid. Aunque era el propio Sorolla quien intervenía directamente en el diseño de la casa y los jardines.

"El jardín de su casa de la calle Miguel Ángel" J.Sorolla, 1906 (Foto SIEMA)

"Entrada al Museo Sorolla por la calle Martínez Campos" (Foto SIEMA)

"Primer jardín y entrada principal a la vivienda familiar" (Foto SIEMA)

El Primer Jardín es el que encontramos nada más atravesar la puerta de acceso de ladrillo rojo. Como el resto de jardines que rodean la vivienda,  éste también fue diseñado directamente por J. Sorolla y es de inspiración andaluza. Es el más antiguo de todos, de 1911. Se inspira en el Jardín del Laberinto de los Reales Alcázares de Sevilla, sobre todo la parte inferior de la fachada, con el pórtico de arcos clásicos sujetos por columnas, y la fuente central. Sorolla situó árboles de su tierra valenciana, como el naranjo, muchos rosales, otras plantas florales y boj recortado. También completó la decoración con numerosa cerámica, un banco y escudo de armas antiguo adosado a la pared de la izquierda, así como una gran Madonna de cerámica, perteneciente a la escuela del florentino Andrea della Robia. Imágenes de este primer jardín serían las siguientes:
"Banco corrido de cerámica con escudo y árboles junto al muro de la izquierda de entrada a los jardines" 
(Foto SIEMA)
"Vista exterior de la fachada con la casa de tres pisos de Sorolla, donde combina el estilo andaluz y renacentista de los Reales Alcázares de Sevilla" (Foto SIEMA)

"Un rincón de los jardines de su casa" (Foto SIEMA)

"Fuente y naranjo del primer jardín" (Foto SIEMA)

En sus cuadros Sorolla trabajó con profusión y delicadeza cada rincón de estos jardines. Tenemos un famoso lienzo de este primer jardín donde aparece mucho más lucido, colorista y repleto de flores.

"Vista del primer Jardín" por Joaquín Sorolla ( Exposición Jardines de Luz, 2013)

El Segundo Jardín es algo más tardío, ya que se realizó entre 1915 y 1916. Nos recuerda mucho al Generalife, incluso tiene arrayanes traídos de la Alhambra y un pilar nazarí. Encontramos también muchos elementos italianos, como la escultura del togado y las columnas. A lo lados hay bancos para sentarse, pequeñas mesas añadidas posteriormente junto a grupos escultóricos de bronce de pequeño tamaño. Sorolla se relajaba e inspiraba en estos rincones de su casa. Siempre se inspiró en los jardines andaluces. Le seducía su exotismo, su intimidad y recogimiento, pues eran pequeños rincones donde uno se aislaba entre la vegetación, las flores, el murmullo del agua y los juegos de luces. Esa intimidad y romanticismo de los jardines andaluces es la que refleja en sus cuadros y también quiso perpetuar en los de su casa. 
"Vista central del segundo jardín, con la acequia baja, los arrayanes  y las columnas y togado al fondo"
(Foto SIEMA)

"Detalle de la fuente del segundo jardín, en mármol y bronce" (Foto SIEMA)

"Vista lateral del segundo jardín, con las columnas, mesitas y subida al tercer jardín" (Foto SIEMA)

"Arrayán en flor" (Foto SIEMA)

Joaquín Sorolla había recorrido Andalucía buscando inspiración para la Exposición de 1909 en Nueva York. En los jardines de los Reales Alcázares de Sevilla y en los pequeños patios y jardines de la Alhambra huye de lo folklórico y de la representación de la figura humana. Busca el recogimiento, la intimidad, la luz, la poesía, el agua. Utiliza modernos enfoques que le acercan al Simbolismo o Modernismo. Destaca la importancia del agua en las representaciones de jardines. El agua a la que tan acostumbrado estaba en su tierra natal, Valencia: agua en los canales, acequias, fuentes y el famoso mar. Desde la Alhambra escribió a Clotilde en 1910 " La fiesta del agua puede llamarse a ver correr esa profusión en canalillos, tazas y surtidores, es una armónica música. Esa arquitectura es música también (como tú sabes) así que para mí fue un rato delicioso. Pensé mucho en tí". Este texto nos refleja a ese Sorolla romántico y siempre enamorado de su mujer. Esa situación íntima de su alma la transmite también en las vistas de los jardines que realizó.

" Segundo jardín pintado por el propio Sorolla" (Foto SIEMA)

" Rincón de este segundo jardín y subida al tercero pintado por nuestro artista" ( Exposición Jadines de Luz, 1913)

El Tercero de los Jardines exteriores se plantó entre 1912 y 1913, pero se renovó un poco más tarde, en 1917, una vez que se había terminado el segundo de los jardines. El saliente de la rotonda del piso principal, cuya balconada semicircular mira directamente aquí, y las escaleras de subida al estudio, proporcionan una planta muy irregular a este jardín, lo que le impidió darle un aspecto más hispano-árabe. La alberca es sevillana y presenta unas figuras alegóricas en bronce, dos esculturas femeninas diciéndose secretos. Es la Fuente de las Confidencias, de Francisco Marco Díaz Pintado.

"Fuente de las confidencias" (Foto SIEMA)

"Mirador semicircular al tercer jardin" (Foto SIEMA)

"Mirador visto desde el salón, con bustos de Capuz representando a la familia" (Foto SIEMA)

"Vista de la pérgola del tercer jardín y busto de Sorolla" (Foto SIEMA)

"Pérgola italianizante sujeta por columnas. Al fondo el arranque de las escaleras decoradas con cerámica, que son las que conducen al gran estudio del pintor" (Foto SIEMA)

En los últimos años, especialmente desde 1916 en adelante, Sorolla trabajó pintando cada detalle de estos jardines. Un rincón con columnas, una fuente, un rosal, una escultura, un arrayán, un trocito de escalera, cualquier ángulo con sus reflejos de luz y color. Nos ha dejado obras maestras que son pura poesía de luz y colorido, donde se centra en lo más esencial del objeto. 

"Vistas tardías de los jardines de su casa" (Foto SIEMA)

Estando pintado en 1923 bajo la sombra de esta pérgola le vino una hemiplejia de la que no se recuperaría. En su estudio principal se conserva el retrato de la mujer de Pereda que estaba pintando, junto a la silla, caballete, últimos botes de óleo y pinceles. 
"Silla, útiles y último cuadro que estaba pintando Sorolla en 1923" (Foto SIEMA)

También quería mencionar en este blog el patio y jardín interior andaluz, más concretamente de Córdoba, que está situado en la planta baja de la vivienda y que sirve para iluminar tanto el estudio, como el resto de la casa. Es un patio cuadrado organizado en torno a una fuente de azulejería de Triana. Había originariamente dos cipreses y muchas plantas andaluzas. La palmera se añadió después. En los pasillos que rodean a este patio se disponían, en tiempos de Sorolla, unas estanterías de madera para exposición de parte de su inmensa colección de cerámica. Actualmente las estanterías se reformaron y son de pladur. Pero podemos contemplar la cerámica de Puente de la Reina, platos, vajillas, tazas, chocolateras, benditeras y vasijas varias. 
" Patio andaluz de la parte baja" (Foto SIEMA)

" Otra vista del mismo patio andaluz" (Foto SIEMA)

" Platos de cerámica de Puente de la Reina (Toledo)" (Foto SIEMA)

"Platos para colocar tazas de chocolate" (Foto SIEMA)

"Colección de benditeras" (foto SIEMA)

Quisiera hacer de esta entrada un pequeño homenaje a mi amiga Emilia, recientemente fallecida, para la cual el Museo y jardines de la Casa Sorolla era su monumento preferido de Madrid. También me gustaría destacar dos impactantes obras de nuestro artista, que representan esos patios hispano-árabes en los que se inspiró para los jardines y fuentes de su propia casa. Las dos obras se encuentran en el Museo Sorolla. Uno es "Reflejos en la fuente" (Reales Alcázares de Sevilla, 1908)  y otro "Patio de Comares. Alhambra, Granada" (1917). En el primero de ellos si exceptuamos un 10% de la parte superior del lienzo, el resto del cuadro son puro reflejos de las arcadas renacentistas de los Reales Alcázares y la fuente de bronce en el centro del estanque. En torno a la fuente y la caída del agua, Sorolla utiliza un óleo mucho más espeso, con pinceladas concéntricas y semicirculares siguiendo el movimiento del agua. El reflejo del edificio es a grandes manchas, transmitiendo serenidad y ausencia de movimiento en la parte de abajo.  En la otra obra, la del Patio de Comares, ya encontramos un Sorolla donde busca más lo esencial, apenas hay detalles en la arquitectura de la Alhambra, también se centra en el reflejo de la parte del estanque, cortando donde le interesa el enfoque, como la técnica fotográfica, y pintando a grandes pinceladas y contraste de colores. Espero que os gusten tanto como a mi. Hasta pronto:

Maribel Piqueras

"Reflejos en la fuente" (J. Sorolla. Museo Sorolla)

" Patio de Comares, la de abajo" (Foto SIEMA)