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domingo, 7 de febrero de 2016

Museo Arqueológico Nacional en Madrid (parte 1)

Hoy nos vamos a detener en el Museo Arqueológico de Madrid, situado en la calle de Serrano nº 13. La construcción de este enorme edificio de fines del s.XIX se alargó en el tiempo. Iniciado por Francisco Jareño en 1866, durante el reinado de Isabel II, lo terminó el famoso Antonio Ruiz de Salces, inaugurándose en 1895. Los fondos arqueológicos reunidos se trasladaron desde el Casino de la Reina hasta este edificio neoclásico, que comparte sede con la Biblioteca Nacional en su lado de atrás.Se realizaron varias renovaciones, la última y más impresionante de todas fue la inaugurada en abril del 2014, la debida al arquitecto Juan Pablo Rodriguez Frade. Nos permite recorrer las 40 salas del museo y observar todos los tesoros arqueológicos desde la Prehistoria al s XVIII, con criterios expositivos modernos, amplitud en las vitrinas, gran luminosidad o claridad explicativa ( utilizando también las nuevas tecnologías en videos, mapas, etc..). Una gran riqueza arqueológica que no se puede ver en unas horas. Recomiendo ir varias veces al mismo y seleccionar parte del recorrido a realizar, para así poder asimilarlo mejor.Nos recibe una gran fachada neoclásica, con su pórtico de columnas dóricas sobre la imponente escalinata con las esfinges y una balconada con columnas jónicas. También decoran las ventanas y balcones frontones clásicos, buscando ese aire imperial que se dió a los edificios oficiales del s.XIX. La entrada para el público se realiza por la parte de abajo, no por esa escalinata de la foto.

Fachada principal (foto SIEMA)

En Madrid con Encanto tengo pensando insertar varios post sobre este museo. Hoy daremos algunos flashes sobre la planta primera. 

Nos recibe la PROTOHISTORIA (Salas 10-15). En ella veremos los importantes cambios que se dieron en el primer milenio antes de Cristo: la escritura, el uso de monedas, dominio de la metalurgia y la aparición de la cerámica con torno, que convivió también con los otros tipos de cerámica existentes. Las dos grandes culturas que dejaron huella en la Península hasta el s VI a.C fueron los Fenicios y los Tartessos. Los primeros cruzaron todo el Mediterráneo fundando colonias comerciales como, por ejemplo, Gadir (Cádiz).Eran grandes comerciantes que nos trajeron la influencia oriental en el arte o ritos funerarios. Por eso vemos en las vitrinas dioses egipcios o iconografía persa. Los fenicios dejan de venir cuando su capital, Tiro, es conquistada por los babilonios en el s. VI a.C. En nuestra tierra convivieron al mismo tiempo que los famosos tartessos. De esta civilización tartessa ya nos habla Herodoto en el s.VIII a.C y comenta el gran nivel cultural y económico que había alcanzado. Podemos ver su gran desarrollo en los tesoros de Aliseda y de Carambolo. El primero pertenecía a la tumba de dos aristócratas y el segundo a un santuario. Todavía hoy los diseñadores de joyas se basan en esas bolas de los brazaletes de Carambolo o en los filigranas y técnica oriental de Aliseda en algunos de sus modelos. Pero seguimos sin saber por qué desaparecieron los tartessos y sus ciudades sin dejar rastro. Aún a día de hoy sigue siendo un misterio.

Tesoro de Aliseda (foto SIEMA)

Tesoro de Carambolo (Foto SIEMA)

Después pasaríamos a los Iberos. Con este nombre los griegos denominaban a grupos culturales diferentes que había en la Península ibérica desde el s VI a.C hasta la llegada de los romanos. Existían íberos, celtíberos (más en las mesetas) y celtas al N con su importante trabajo metalúrgico y sus decoraciones nórdicas. Los íberos estaban asentados más hacia el S y E de la Península Ibérica y su desarrollo económico y cultural era mayor que los otros grupos. Opusieron gran resistencia a los romanos y nos han dejado gran cantidad de yacimientos. Destacan la "Bicha de Bazalote" de gran influencia oriental o las "Damas de Baza y de Elche". La Dama de Elche se localizó antes que la de Baza y esta labrada de manera más minuciosa. Se utilizó como urna funeraria de esa bella aristócrata. Algunos historiadores piensan que las roleas y decoración son el origen de los ornamentos de las falleras valencianas. Incluso que el recogido triangular en el peinado de estas damas podría ser el origen de la peineta española. También la Dama de Baza es una escultura de carácter funerario, pero de cuerpo completo, esculpida en caliza policromada. Una belleza de pieza.
Dama de Elche (Foto SIEMA)

Parte de atrás de la Dama de Elche, con el hueco para cenizas
(Foto SIEMA)

Dama de Baza (Foto SIEMA)

La HISPANIA ROMANA (Salas 18-22)

Nuestro territorio de Hispania fue muy duro de conquistar. Después de 200 años de lucha, en el 19 a.C Augusto consiguió triunfar sobre las últimas resistencias de Cántabros y Astures. La sala 18 nos introduce en los elementos unificadores de la dominación romana, como la ley, las comunicaciones, los avances tecnológicos, la lengua o el ejército. En la 19 nos ambientaremos en las ciudades hispano-romanas, su organización urbanística en torno al foro, los juegos y espectáculos públicos, el comercio, los talleres. Muy interesante la vitrina dedicada al vidrio, elemento que los romanos convirtieron en uso cotidiano. Su sentido práctico se llega a ver hasta en las joyas usadas por las mujeres romanas. Después, de las necrópolis y variadas formas de enterramientos usadas por los romanos, pasaríamos a los mosaicos. Es importante hacer una parada en el patio (Sala 20) para contemplar esculturas romanas, especialmente la impresionante de la Emperatriz Livia, mujer bella e inteligente, la esposa de Octavio Augusto, el primer emperador romano.

Mosaico romano de los trabajos de Hércules ( Foto SIEMA)

Ley romana en placa de bronce (Foto SIEMA)

Uno de los patios interiores del Museo, con las 
modernas escaleras al fondo (Foto SIEMA)

ANTIGUEDAD TARDÍA (Sala 23)

En esta sala alargada conviven diferentes momentos culturales. Por un lado de la Diócesis Hispaniarum de Diocleciano, cuando dividió la Hispania en cinco provincias, vemos como el Cristianismo genera una nueva cultura que sigue manteniendo el arte romano, pero con novedades iconográficas. Sobre todo tras el emperador Teodosio, que declaró el Cristianismo como religión oficial del Imperio en el 381.Ahora hay cada vez más símbolos cristianos en el arte: primero tímidamente, el crismón con el alfa y omega, para luego tener bellos sarcófagos con escultura de alto relieve ya con escenas evangélicas, como el elaborado sepulcro de la catedral de Astorga
Sepulcro de la Catedral de Astorga, en el que podemos contemplar, en el centro Adan y Eva, 
y a la derecha, la multiplicación de los peces y panes (Foto SIEMA)

Pasamos ahora a la importante herencia visigoda. Estos pueblos visigodos consiguieron hacerse fuertes en la Península sobre otros pueblos bárbaros, especialmente con Leovigildo. Será tras la conversión de Recaredo en el III Concilio de Toledo (589) cuando se den las obras más importantes de su cultura. Al ser un pueblo migratorio no destacan en la arquitectura, pero sí en la decoración escultórica, especialmente relieves de talla plana, biselada, con motivos geométricos o vegetales muy característicos de los pueblos bárbaros: capiteles, canceles de separación, sus típicas cruces, baldaquinos). Su mayor aportación fueron las artes suntuarias: bronces, empuñaduras de espadas, coronas votivas o fíbulas. Muy interesante la historia del descubrimiento del tesoro de Guarrazar( s. VII), la llegada de sus piezas al Louvre y la recuperación de las mismas para España. En este blog lo mencionamos de pasada todo. Si el lector quisiera profundizar más, siempre recomendamos realizar algunas de las visitas personalizadas para grupos, empresas o personas individuales. Se puede contactar por la web www.siema.es o mpiqueras@siema.es y estaremos encantados de atenderles. La técnica visigoda del repujado, el cloissoné o los cabujones hacen de las coronas votivas y de la orfebrería algo muy original. Por ejemplo, la corona de Recesvinto, no era para ponérsela el rey, sino que la dejaba como ofrenda sobre el altar, por eso cuelgan del techo.

Coronas votivas del Tesoro de Guarrazar  ( Foto SIEMA)

Baldaquino visigodo (Foto SIEMA)

Ventana geminada visigoda, con el arco de herradura visigodo y su típica cruz
(Foto SIEMA)

Dentro de esta misma sala 23 pasaríamos al MUNDO MEDIEVAL: AL-ANDALUS. Su rápida penetración en la Península desde el 711, primero como Emirato dependiente de los Omeyas de Damasco y, luego, con Abderramán I, Emirato independiente. Hay una maqueta muy clara sobre la Mezquita de Córdoba, comenzada en el s VIII por Abderramán I, sobre la basílica visigótica de San Vicente, de la que utilizaron las columnas y capiteles. De ahí su originalidad, ya que las columnas visigóticas provocaban que la techumbre fuera muy plana y baja, con lo que idearon el sistema que caracteriza a la mezquita de Córdoba: colocanron sobre esos capitales unos pilares sobre los que cabalgan arcos de medio punto, unidos por arcos de herradura. Así se eleva la techumbre, haciéndola a su vez mas ligera y colorista con las dovelas en crema y rojo. La mezquita se fue ampliando hacia el Guadalquivir, dejando descentrado la parte más sagrada, el mihrab. Durante el califato se construyó la mayor parte de la misma. Otra curiosidad es que el muro de la quibla no está orientado hacia el E, es decir, hacia la Meca, sino hacia el S, que es por donde se va hasta llegar a Arabia. El arte califal, la decoración en estuco o márfiles, el arte de los reinos de Taifas como la Aljafería de Zaragoza o el arte Nazarí se puede observar en algunos de estos objetos que aquí se nos muestran. El reino Nazarí gozó de gran esplendor, además con períodos de paz por las relaciones diplomáticas con los reinos cristianos, lo que le permitieron hacer palacios esplendorosos con el conjunto de la Alhambra, sobrio al exterior, pero muy rico y decorado al interior o un comercio de sedas, marfiles y cueros importante.

Pila de abluciones de Almanzor, del periodo califal (Medina Azahara, Foto SIEMA)

Detalle de la decoración del salón de la Aljafería en Zaragoza
(Foto SIEMA)


Lámpara de la Mezquita de La Alhambra 
(Foto SIEMA)

Cipo árabe toledano (Foto SIEMA)

LOS MUDÉJARES( Salas 24-26)

En estas salas observamos la originalidad de una cultura que sólo se da en España, los mudéjares. Se trata de la población árabe que vive en territorios cristianos. Las autoridades castellanas o aragonesas les dejaron mantener sus costumbres, religión, tribunales y lengua. Al trabajar esos decoradores para edificios cristianos, mantuvieron su técnica árabe y la mezclaron con la iconografía o función cristiana diferente de esas construcciones o decoraciones. Importantes ejemplos son la techumbre de la cadedral de Teruel, que incluye escritura árabe, el arco del Palacio de los Reyes de León, capiteles, puertas de sagrarios con las lacerías mudéjares. O la armadura ochavada del beaterío sevillano de la Santísima Trinidad, con los atauriques y lacería mudéjares de madera ( Sala 25). Terminaremos nuestro recorrido con la espectacular Cúpula de Torrijos, del Toledo del s XV, realizada en estuco y madera del desaparecido palacio del Duque de Maqueda de Torrijos. Donde los mocárabes o lacerías árabes se mezclan con las conchas de peregrino, la decoración en ajedrez o las siglas cristianas.

Arco del desaparecido Palacio de los Reyes de León y, al fondo, la 
techumbre del beaterio sevillano (Foto SIEMA)

Techumbre de la catedral de Teruel (Foto SIEMA)

Cúpula de Torrijos (Foto SIEMA)

Este Museo Arqueológico o MAN está tan bien pensado y es tan completo, que como negocio con encanto he preferido quedarme en el propio museo. La cafetería tiene una carta pequeña, pero sabrosa y de buena cocina, con el aliciente de la terraza de verano. En la tienda también se puede encontrar material y regalos relacionados con las colecciones del Museo Arqueológico. Quiiero añadir la atención prestada por todo el personal del Museo en todo momento. Para saber más www.man.es Nada más animaros a recorrerlo. Hasta pronto

Maribel Piqueras

domingo, 17 de enero de 2016

Museo de América

Hoy queremos hacer un homenaje al Museo de América. Monumento imprescindible por sus colecciones, único en Europa, pero que consideramos que no se le promociona en turismo Madrid tanto como se merece. Es el gran desconocido de los museos madrileños. Cuando hacemos visitas guiadas en el mismo siempre nos encontramos grupos de franceses, italianos, alemanes, en fin, muchos extranjeros que realmente valoran la importancia de este museo, pero desde la Comunidad o el Ayuntamiento de la capital no lo difunden como debieran. Incluso en nuestras visitas nos suelen acompañar chilenos, argentinos y terminan encantados después del recorrido por sus salas.

Vista lateral del Museo de América 
(Foto SIEMA)

Fachada principal del edificio (Foto SIEMA)

El Museo de América se creo después de la Guerra Cívil, en 1941, pero hasta que se terminó de construir el edificio actual sus colecciones se alojaron en el Museo Arqueológico. La mayor parte de las colecciones provienen del Real Gabinete de Carlos III, ampliado con los nuevos descubrimientos arqueológicos en territorio americano, en 1771. De las 25.000 piezas de que consta el museo, se exponen sólo un 10%, es decir, 2500. El edificio sigue el estilo que prefirieron los políticos de la posguerra, un monumental edificio que recordara a un convento colonial, con su torre barroca en una de las esquinas, sus galerías, su claustro central con arcadas laterales. Incluso la estructura rectangular simula una iglesia con sus tres naves de diferentes alturas. No escatimaron esfuerzos y el arquitecto Luis Moya, ayudado por la decoración historicista de Luis Martinez Feduchi, consiguieron terminar en 1965 este museo en piedra y ladrillo, así como una monumental escalera de mármol en el interior. Las bóvedas tabicadas son únicas en su sistema de cubiertas y cruces. Más tarde, en 1994, se hizo una remodelación para exponer sus colecciones según criterios museísticos actuales. No es un Museo que siga un orden histórico, sino más bien antropológico y etnológico.

Claustro (Foto SIEMA)

Bóvedas tabicadas cruzadas, construídas sin tabiques de madera, con ladrillo y yeso

El recorrido empieza en la planta primera con el Conocimiento de América. Un área cultural en el que partiendo de los viajes de Colón y otros conquistadores nos adentramos en ese nuevo Mundo, más bien imaginado que real, pero que supuso en la Europa del Renacimiento que los gobernantes y científicos conocieran una realidad importante que consiguió romper el europacentrismo. Falsas imágenes como el Dorado o los hombres peludos americanos las podemos encontrar en la iconografía de la época. Sin ir más lejos, en la fachada del palacio del Infantado de Guadalajara aparecen dos grandes indígenas americanos llenos de pelos por el cuerpo. En la España del s XVIII, el cientifismo ilustrado nos trajo la época de las grandes exploraciones como la de Alejandro Malaspina (1789-1794), que recogió una serie de elementos muy importantes para el verdadero conocimiento de América. En ese mismo siglo se creó el Real Gabinete de Carlos III, que aparece muy bien reconstruido en el Museo de América, utilizando el mismo tipo de estanterías, luz y agrupación de objetos (por materiales o por usos, con un nombre sin más, y no fichas clasificatorias). También encontramos arriba una reproducción de la piedra solar o calendario de los aztecas, con el dios del sol, Tonatiuh, en medio del círculo, sus garras sujetando corazones humanos, los rayos solares, el mito de las cuatro eras solares y, en el círculo final, los veinte días del mes azteca. 

Calendario azteca (Foto SIEMA)

Expedición de Malaspina (Foto SIEMA)

Sombrero del jefe de los Inuit, NO Canadá, con escenas de la caza de ballena
(S.XVIII. Foto SIEMA)

Armas hechas con el pez sierra en el Real Gabinete
(Foto SIEMA)

Atravesando la sala de la cartografía se pasa a La realidad americana. Lo primero la realidad física mediante una espectacular maqueta donde contemplamos toda América, con sus montañas de la costa pacífica, sus grandes ríos, sus diferentes ecosistemas. Un 15 % de la población mundial habitan esas tierras, que representan la segunda masa de tierra mundial. Nos adentramos en este área cultural en el poblamiento de América desde la prehistoria y en los famosos cuadros de castas. Pintura típicamente americana para representar las tres razas: indígena, española y negra y las mezclas genéticas que se producen, todo ello ambientado en cuadros de escenas íntimas y cotidianas. A diferencia de otros pueblos colonizadores, como los ingleses, por ejemplo, que no admitían el mestizaje por considerarlo impuro. Los españoles no siguieron el mismo criterio. Ya estábamos acostumbrados a convivir con judíos y árabes en la época medieval, y no teníamos prejuicios a la hora de legalizar matrimonios mixtos, incluso creamos la primera universidad en Ameríca en 1512 en la isla de Sto Domingo, abierta a otros grupos. Fabulosas y originales las tablas de la conquista de México realizadas con la técnica del enconchado, traída de Oriente por el galeón de Manila.

"De español y mestiza nace castizo" (Cuadro de castas de Miguel Cabrera, 
Virreinato de Nueva España, s XVIII. Foto SIEMA)

Detalle de las tablas de la conquista de México enconchadas de 1696, por Miguel y Juan González 
(Foto Siema)

A través de grandes salas que contienen vitrinas con numerosos objetos, sobre todo de cerámica,  vamos conociendo la realidad americana en sus diferentes culturas de polo a polo.Desde Canadá y EEUU, pasando por las culturas del área mesoamericana, que presentan muchos elementos comunes, como los dioses, el uso de la escritura, el maíz o el juego de pelota. La zona andina, con la evolución de la sencilla cerámica en las culturas más antiguas, pasando por la maravillosa cerámica nazca o chimú, y hasta llegar a los elaborados elementos incas. El arte de la piel en Argentina, el arte de la plumería en el Amazonas. Todo ello mezclado con el arte colonial.
Urna funeraria maya del 900 ( Foto Museo de América)

Figura tajín en cerámica, con el lóbulo deformado y desnuda
(Foto Siema)

Guacamayo y arte de la plumería
(Foto SIEMA)

Tibor del Virreinato de Nueva España, con una curiosa representación
colonial del águila imperial y el león de Castilla
(Foto SIEMA)

La tercera y última parte en que se divide el Museo de América es la sociedad. Este área cultural abarca muchas salas. El ciclo vital y la forma de adornarse sería lo primero que observamos. Llama mucho la atención todo, los pesados tocados y joyas de plata de los mapuches, por ejemplo, o la deformación en diversas partes de la cara por medio de esos adornos. Las diferentes sociedades están estructuradas en tres grupos, de menor a mayor complejidad. Primero las sociedades igualitarias o tribus, luego las jefaturas y, por último los estados. 
Indígena con las plumas del recuadro de abajo injertadas en la mejilla
(fotos de SIEMA)

La llamada Casa del musgo de los Inuit de Canadá o casa de verano, 
con la hoguera con salida para fuego y el curtido de pieles (Foto SIEMA)
Tipi de los indios nómadas de Norteamérica

Cultura tinglit, casco  y collera con forma de lobo para el jefe 
(Foto SIEMA)

El recorrido por la segunda planta empieza con esas sociedades más complejas. También se estudia la economía en esas sociedades. Destaca un cuadro de la Sevilla del s.XVI con la Casa de contratación y los astilleros, atribuído a Sánchez Coello. En otra de las salas, a través de la cerámica de zonas andinas, se pueden contemplar los diferentes componentes de la sociedad en esas zonas: desde campesinos, artesanos, hasta nobles y el dios Viracocha. También muy interesantes los tipos sociales realizados en cera en Nueva España o el gran lienzo de la "Entrada del arzobispo Virrey Morcillo en Potosií" (Melchor Pérez de Holguín, s XVIII), donde lo narra a modo de crónica detallada.

Cerámica chimu que representa cargadores de aribala
con cinta en el pelo (Foto SIEMA)

Vista de Sevilla de Sánchez Coello (Foto Bárbara Rosello)

Salas muy importantes son las referidas a la religión, donde se exponen las principales divinidades indígenas, los mitos, los espacios sagrados, los ritos funerarios y de fertilidad. Todo ello referido tanto al mundo indígena como cristiano. Ejemplos importantes son los keros incas del s XVI, la llamada "estela de Madrid" ( que, en realidad, es la pata del trono de Pakal de Palenque y que se conserva muy bien), la momia de Paracas o el tesoro de los Quimbayas. Este último fue un regalo del gobierno de Colombia en 1893 al gobierno español, tras celebrarse el IV Centenerio del Descubrimiento y representa el mejor y más completo conjunto de orfebrería de toda América precolombina.

Kero inca con forma de jaguar ( Foto Museo de América)

Estela de Madrid, maya del 600-900
(foto SIEMA)

Momia de Paracas (Foto Orozco)

Tesoro Quimbaya ( Foto telecinco)

Tesoro Quimbaya (Foto SIEMA)

Sagrario del virreinato de Nueva España, de márfil, carey, nacar y madera
(Foto SIEMA)

El último espacio es el dedicado a la comunicación. En esta sala encontramos el juego de pelota, el famoso "códice tro-cortesano maya", que es el más largo de los códices mayas conocidos, de carácter ritual y que proporciona una información muy completa de su cultura.; también el "Códice Tudela", realizado en 1553, pictográfico, de las escuelas franciscanas de México, donde describe con toda crudeza los cruentos rituales mayas, con el sacrificio de humanos en el templo situado en lo alto de las pirámides y que tanto conmocionaron a los conquistadores como Cortés cuando llegaron. También vemos quipus incaicos, donde no conocían la escritura y se usaba ese medio de comunicación.
Códice tro-cortesiano maya( S XIII-XIV)

Códice Tudela, cultura azteca tardía( s XVI)

El Museo de América cuenta con muchos espacios para realizar talleres familiares, exposiciones temporales y mucho más. Muy interesante también su tienda en la planta baja, donde encontraremos libros, tejidos americanos, joyas, juguetes, piedras,etc. Os pongo unas imágenes de la tienda antes de pasar al Mercado de Moncloa, que es el negocio con encanto elegido para esta entrada.






A menos de 10 min del Museo de América, por un lindo paseo se llega al Mercado de Moncloa, inaugurado hace 3 años junto al Hotel Exe-Moncloa (C/ Arcipreste de Hita nº 10. Twitter @MercadoMoncloa) . La minimalista fachada exterior oculta sus riquezas interiores. Me refiero a que dentro encontramos tres plantas donde disfrutar de 9 barras diferentes para todo tipo de gustos: los más golosos de dulces en la entrada, los amantes del pulpo abajo, en el magnífico "me gusta el pulpo" cuyos productos vienen directamente de Orense. Y que decir de su magnífica terraza, que es la terraza del hotel, abierta de junio a septiembre, donde no te cobran por subir :Desde ese punto se pueden contemplar unas maravillosas vistas de la sierra madrileña, del Museo de América o el Ministerio del Aire. Desde aquí agradezco a Juan, en encargado, su gran gusto por la cultura y la atención prestada. Me despido, pero podéis seguirnos en la web www.siema.es , donde en agenda se publican sólo las visitas con posibilidad de inscripción individual, Twitter @Siemamadencanto   o facebook Proyecto Siema. 

Maribel Piqueras

Fachada del Mercado Moncloa (Foto SIEMA)

Planta de la entrada (Foto SIEMA)

Productos ibéricos y más en la planta O (Foto SIEMA)

Carteles indicativos en la división de plantas
(foto SIEMA)

Planta de abajo (Foto SIEMA)

"Me gusta el pulpo" (Foto SIEMA)

Vista desde la terraza con el Museo de América, el faro de Moncloa 
y la sierra al fondo (Foto SIEMA)

Vista desde la terraza al Ministerio del Aire
(Foto SIEMA)