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martes, 25 de julio de 2017

El Jardín del Príncipe en Aranjuez

Si pasamos el parterre del Palacio Real y el restaurante La Rana verde nos encontraremos con una amplia avenida, la calle de la Reina, que enmarca el famoso Jardín del Príncipe. A veces creemos que es un gran desconocido en esta Comunidad de Madrid. Y, por eso, hoy me dispongo a difundirlo. Tendríamos que remontarnos a Felipe II, quien había encargado a Juan de Herrera el trazado de la calle de la Reina, con sus plazuelas redonda y cuadrada para delimitar el gran terreno rodeado por el río. Allí había sotos, huertas y algún otro recinto hoy desaparecido. Fernando VI dispuso, en 1754, un embarcadero y la ancha calle que lleva hasta él desde la calle de la Reina. También cerró esos terrenos con verjas de madera y portadas de piedra, más las tres puertas de hierro que daban al embarcadero.
Plano del Jardín del Príncipe

Pero serán Carlos IV y MªLuisa de Parma los verdaderos creadores de ese jardín cortesano, de gran extensión y denominado "del Príncipe" en honor a su hijo, el entonces príncipe Fernando. La parte más antigua es la que se sitúa más cerca del embarcadero. En esa zona, en 1784, el arquitecto Villanueva y el diseñador francés Boutelou, trazaron cinco jardines siguiendo el gusto de la moda europea neoclásica y con gran simetría a la francesa, que se ve en el diseño geométrico de los primeros jardines. El tercero y el cuarto jardín (más ingleses), con la Fuente de Narciso. El quinto enlaza con el estilo de los siguientes y en el encontramos la Fuente de Apolo. Una elegante puerta neoclásica es la puerta principal que nos conduce hasta el embarcadero, la diseñó Juan de Villanueva, con dos templetes sobre basamentos cuadrados, de cuatro columnas jónicas de fuste liso. El embarcadero fue renovado en 1791, adaptándolo a una lúdica fortificación con garitas, almenas e, incluso, un castillo. También presenta un conjunto de pabellones reales actualmente en restauración.

La reina MªLuisa a caballo, pintada por Goya 
en el real sitio de Aranjuez (Museo del Prado)

Puerta principal de entrada al Jardín del Príncipe
(Foto SIEMA)

Grandes jarrones dieciochescos al final del paseo al 
Embarcadero Real (Foto SIEMA)

Embarcadero Real desde una de las garitas (Foto SIEMA)

Casetas reales junto al Embarcadero (Foto SIEMA)

Según andamos hasta el embarcadero dejamos, en el lado de la derecha, el segundo jardín, de diseño clásico y dedicado a frutales (por ejemplo, descubrimos hermosos granados). En todo el Jardín del Príncipe contemplamos un perfecto sistema de regadios, acequías y pozos. Al final del pequeño entrante de tierra en el río, están el Museo de Falúas y el castillo. Un edificio de ladrillo de poca altura, que se extiende a lo largo, muestra en su interior lo que eran las falúas reales. Farinelli había instalado aquí un tipo de elegante barcaza alargada, como grandes góndolas, para los juegos y paseos por el río de la corte. Pero la famosa escuadra del Tajo fué destruída por las tropas napoleónicas, así que lo que hoy vemos en el Museo son falúas utilizadas en otros sitios reales. Por ejemplo, la que el rey Felipe IV usaba en el estanque del Retiro (magnífico ejemplar de madera policromada con pan de oro y tallada con caladuras, en pomposo estilo barroco. O la de Isabel II en San Sebastián. Así como otras de la reina María Cristina y de Alfonso XII. Todas dignas de ver. También los grabados de la escuadra del Tajo y las diferentes maquetas nos ambientan muy bien.

Jardín segundo (Foto SIEMA)

Edificio del  Museo de Falúas (Foto SIEMA)

Restos del castillo que se encuentran frente al Museo 
de las falúas reales (Foto SIEMA)

Entrada principal al Museo (Foto SIEMA)

Falúa de Felipe IV utilizada en el Retiro (you tube)

Más jardín español pasando el Museo de Falúas
(Foto SIEMA)

Este Jardín del Príncipe siguió creciendo hacia el E con tres nuevos jardines y el último de ellos es el que rodearía a la Casita del Labrador. Ya estamos metidos en el s XIX, por tanto ahora el diseño es más de jardín inglés, de carácter romántico, con la naturaleza sin tantas formas geométricas, sino praderas, trazados sinuosos, chinescos y frondosas arboledas. El jardín sexto llega hasta la calle de la Plaza redonda. Entre diversas praderas encontramos un diseño de gusto romántico: estanque chinesco, el obelisco, la gruta o el templete griego (este último de Villanueva, pero renovado por González Velázquez). Los chinescos proporcionan un juego de formas, movimiento, agua y colorido a la zona.

Fuente de Apolo, de González Velázquez, 1828
(Foto SIEMA)

Panorámica de los diferentes estanques chinescos
(Foto SIEMA)

Templete chinesco (Foto SIEMA)

Construcción circular en los chinescos (Foto SIEMA)

El séptimo jardín es el más avanzado paisajísticamente. Presenta una enorme frondosidad y en él podemos encontrar sinuosos riachuelos que formar diversas islas, con sus puentes de madera o hierro. También grandes bosques de bambú. El octavo fué el último en realizarse y aquí hubo un famoso laberinto que llegaba hasta la Casita del Labrador. A él lleva la famosa puerta de González Velázquez desde la calle de la Reina. 

Estanques con bosques de bambú, isletas y cipreses de las lagunas
(Foto SIEMA)

Otra vista de los riachuelos en esta parte (SIEMA)

Jardín del Príncipe frente a la Casita del Labrador
(Foto SIEMA)

Lo último en construirse en este jardín, hacia 1804, es la llamada Casita del Labrador. Parece ser que el nombre viene de una antigua casa de labranza que había en el lugar y que se utilizaba durante las partidas de caza. Mandada construir por los reyes para el príncipe Fernando, aunque la utilizaron mucho los reyes. Villanueva planteó un proyecto de planta rectangular en 1791, pero el definitivo es de González Velázquez (1803), quien añadió dos alas laterales perpendiculares al cuerpo central y más decoración escultórica al exterior. Consta de tres pisos: en la planta baja está el vestíbulo, del que arranca la impresionante escalera, la saleta y siete pequeñas salas para tertulias, en la planta central se recorre en las visitas  y es el piso principal, donde se decoró con todo lujo para impresionar a los invitados. Arriba del todo estarían cuartos para el servicio. Es una casa pensada para divertimento, veladas, no para quedarse a dormir (no tiene dormitorios, ni cocinas). El decorador de lujo francés, Dugourc participó activamente en la ornamentación. El cuerpo central presenta 18 piezas, todas ellas decoradas con magníficas sedas bordadas (de Lyon o valencianas), los pavimentos son de los mejores mármoles o porcelanas, también hay un gabinete de maderas nobles y platino. Igualmente impresiona el salón de baile, el más grande, con una mesa y silla de malaquita que fueron regaladas por un príncipe ruso a Isabel II. Hay que reservar para visitarla y se suele hacer en grupos de 10 máximo. Muy recomendable. 

Parte delantera de la Casita del Labrador (Foto SIEMA)

Detalle del lateral derecho de la Casita del Labrador
(Foto SIEMA)

Fachada Casita del Labrador (Foto SIEMA)

Casita del Labrador. Escalera Principal
 (Patrimonio Nacional)

Galería de estatuas y suelo con mosaicos. Reloj de 
columna de Trajano ( Patrimonio Nacional)

Podéis completar con las siguientes entradas que hicimos para Aranjuez http://madridconencanto-siema.blogspot.com.es/2017/05/jardin-de-la-isla-en-aranjuez.html  o http://madridconencanto-siema.blogspot.com.es/2017/05/carlos-iii-y-el-poblamiento-de-aranjuez.html. Y, por último http://madridconencanto-siema.blogspot.com.es/2017/07/el-palacio-de-aranjuez-y-jardines-del.html. 
Nos quedan algunos sitios de Aranjuez que dejaremo para algo más adelante. ¡ Qué impresionante es la Comunidad de Madrid!

Maribel Piqueras





miércoles, 12 de julio de 2017

Seminario Diocesano de Madrid

En el entorno de las Vistillas llama la atención un gran edificio  de ladrillo rojo visible desde otros puntos de la capital. Este monumento corresponde al Seminario Diocesano y ocupa el lugar donde se asentaban el antiguo palacio y jardines de los Duques de Osuna que, a su vez, durante el s. XVII había sido residencia de los Duques del Infantado. Este último es el que aparece en el plano de Texeira. Al arruinarse la casa de Osuna y ser subastadas o vendidas sus propiedades, estos terrenos fueron adquiridos por el nuevo obispado de Madrid-Alcalá. Seguramente no saben que Madrid no fue sede diocesana hasta muy tarde, a pesar de ser la capital de España. Siempre dependíamos en este punto de Toledo. Hasta que en 1885 el Papa León XIII erigió a Madrid como sede diocesana. Entonces se hizo necesario poder disponer de un edificio en condiciones para la formación de los sacerdotes de esta nueva diócesis. Al principio se pensó utilizar el propio palacio arzobispal de la calle San Justo (construido para el arzobispo de Toledo en el s. XVIII). Luego, en 1891, se pensó que el Marqués de Cubas, a la vez que trabajaba en las obras de la nueva catedral de la Almudena, hiciera un proyecto de Seminario en el antiguo Paseo del Cisne (actual Eduardo Dato). Pero este último no salió adelante.

Plano de Texeira de la zona, a la izquierda, el palacio
 y jardines Duque del Infantado

Seminario visto desde el Viaducto
(Foto SIEMA)

Las obras del nuevo edificio comenzaron en esta zona en 1902 y se terminaron en 1906, siguiendo el estilo neogótico y neomudejar tan característico para los edificios religiosos de principios del siglo XX. Aunque el hall de entrada es más bien renacentista, como la escalera principal. Los arquitectos responsables del mismo fueron Miguel de Olavaria y Ricardo García Guereta, que fue el que lo llevó a término junto a Juan Moya, al haber fallecido Olavaria durante las obras. El edificio original es de planta rectangular, organizada en torno a dos patios simétricos. Presenta dos torres en las esquinas y una parte más elevada que enmarca la fachada principal. Un pequeño jardín nos abre el paso. A la izquierda del mismo el grupo escultórico que representa a Enrique de Ossó, teresiano nombrado patrono de los catequistas por Juan Pablo II. También mantuvieron los grandes jardines de la parte de atrás, como en el plano de Texeira, con uso de jardines o instalaciones deportivas, aunque parte se los comió la ampliación del Seminario. Entando por la calle San Buenaventura nº 9 apreciamos la fachada principal, las dos torres de esquina, los patios separados por la amplia y alta fachada que se nos adelanta. En ella alterna la decoración de arcadas clásicas, con balcones con tracerías de reminiscencias góticas y juegos geométricos en la ornamentación de ladrillo rojo, que recuerdan al arte mudejar. La completan esculturas de santos como su patrón, San Dámaso e inscripciones que imitan la letra gótica.

Fachada principal entrando por la c/San Buenaventura. A la derecha una de las
torres de esquina de la construcción original de 1906 (Foto SIEMA)

Detalle de la decoración de la entrada principal
(Foto SIEMA)

Grupo escultórico en bronce que representa a Enrique Ossò en su 
labor como catequista (Foto SIEMA)

Vista general del Seminario desde el Parque de las Vistillas
(Foto SIEMA)

Durante la República se continuó la labor normal del Seminario, pero en la Guerra Civil se suspendió y cerró tras ser asesinados 18 seminaristas. El obispo D. José María de la Higuera continuó con el seminario, pero de modo clandestino. Durante la Guerra Civil fue convertido en cuartel del frente del Manzanares y saqueado. Menos mal que su estupenda biblioteca se protegió con los fondos de la Biblioteca Nacional. En el propio edificio impactaron 400 obuses. De los 214 seminaristas que había en el Seminario de Madrid al comienzo de la contienda, sólo quedaron 102 después de la Guerra Civil. Hubo que hacer una gran labor de restauración, decidiéndose su ampliación por medio de dos nuevas alas, al lado N y S, en 1950. La ampliación mantuvo el estilo original y se sacó más espacio para residencia, aulas, archivo, biblioteca, salas, salón de actos y demás dependencias necesarias. Esta ampliación es la que, por ejemplo, se puede ver desde la Almudena, que sería el lado N.

Enlace de la ampliación con la parte antigua
(Foto SIEMA)

Ala ampliada por el N (Foto SIEMA)

Un amplio hall de estilo clásico nos recibe, con sus cubiertas de casetones y sus arcadas de medio punto sobre columnas. Después, las puertas de entrada nos conducen al distribuidor principal, con las elegantes escaleras clásicas, de aire renacentista. Debajo de las mismas se sitúa la entrada a la gran capilla del edificio. Esta es de planta de cruz latina, con una sola nave y amplio -pero corto- crucero. Toda la decoración nos recuerda al gótico isabelino: los arcos conopiales y la minuciosa decoración plateresca, sobre todo en los muros del crucero; así como  las bóvedas de crucería, especialmente la central. Llama la atención el presbiterio en alto con su retablo mayor, realizado por la casa Granda, al igual que el resto de retablos. Es un retablo de diseño gótico en madera oscura. El tema central es Jesucristo como sacerdote eterno, por eso es un Cristo crucificado vivo, que desprende mucha luz, entre la Virgen y San Juan. Los retablos de los laterales siguen el mismo estilo: el de la izquierda desarrolla, en madera dorada, la iconografía de la Virgen Inmaculada, con una escultura central y escenas marianas alrededor. El de la derecha muestra a santos patrones que tienen que ver con los estudios y advocaciones del Seminario (como San Ignacio de Loyola o el papa San Dámaso). También encontramos un bonito y discreto San José con el Niño. A los pies vemos el coro alto con el órgano. 

Hall clásico del Seminario (Foto SIEMA)

Escalera principal (Foto SIEMA)

Bóvedas de crucería de la Capilla (Foto SIEMA)

Retablo del altar mayor (Foto SIEMA)

Retablo de la Inmaculada (Foto SIEMA)

Retablo de San Dámaso (Foto SIEMA)

San José enmarcado en esa decoración plateresca o isabelina
(Foto SIEMA)

Coro bajo y decoración muros laterales (Foto SIEMA)

Uno de los dos patios interiores: con galerías de arcos de medio
punto sobre pilares en la parte inferior, y ventanas en las superiores. Todo ello
en ladrillo muy sobrio (Foto SIEMA)

El edificio del Seminario es un espacio abierto al público. En él sorprende el trato agradable y abierto al público de fuera. En él está instalada la Universidad de San Dámaso http://www.sandamaso.es/, que ofrece estudios de Teología, Filosofía, Literatura, Historia, Música, Liturgia, etc...a un público general que se puede inscribir a cualquiera de sus cursos. También es esa universidad la que se encarga de la formación de los futuros sacerdotes. Formación que dura 7 años: 6 años de estudios y preparación para ser diácono y un último año en prácticas en una parroquia. En fin, casi una preparación más fuerte que para estudiar medicina, según hemos investigado los planes de estudio. También, mediante un carnet especial, uno puede acceder a investigar en el archivo o Biblioteca del Seminario, uno de los más activos y llenos de España. En este caso, como negocio con encanto, me parece muy interesante echar un ojo a la Librería CECADI. Es una librería especial, ya que es librería diocesana, la que provee de libros a la Universidad de San Dámaso y al Seminario, así como a parroquias y público general interesado en temas de teología, Sagrada Escritura, religión, liturgia, temas espirituales, catequesis, y muy poco de novela. Esta librería está en activo desde 1998, en la calle San Buenaventura nº4. Espero haberos abierto la curiosidad hacia otro monumento de la zona de las Vistillas, menos conocido, como este Seminario. Recordar a nuestros lectores que en verano sólo realizamos en SIEMA Matritensis visitas guiadas con grupos privados que lo soliciten, pero no programaremos nada hasta septiembre.

Maribel Piqueras

Fachada Librería CECADI (Foto SIEMA)

Librería CECADI , vista general (Foto SIEMA)

Libros muy bien ilustrados (Foto SIEMA)

Otro de los stands (Foto SIEMA)

Alguna novela también podemos encontrar aquí
(Foto SIEMA)





lunes, 3 de julio de 2017

El Palacio de Aranjuez y jardines del Rey y Parterre

Como veis seguimos nuestro periplo para daros a conocer este bonito pueblo de la Comunidad de Madrid, tan cargado de patrimonio. Hoy me quiero centrar en el propio Palacio Real de Aranjuez y los dos pequeños jardines que lo rodean. La historia de Aranjuez está unida a la orden militar de Santiago, que fue la encargada de su repoblación. Encantado en la zona, el gran maestre de la orden de Santiago, Lorenzo Suárez de Figueroa mandó construir allí una residencia en 1387, situada más al N del actual palacio. También se completó con estanques, jardines y huerta. Pero serán los Reyes Católicos los creadores de Aranjuez como real sitio, al pasar a patrimonio real las órdenes militares. Después, Felipe II convirtió el sitio de Aranjuez en lugar de residencia temporal de la familia real y promulgó unas ordenanzas en las que prohibía establecerse poblaciones allí, salvo la Casa de Oficios para personal dependiente de palacio. Este rey consideraba el Escorial como el centro de poder de un príncipe renacentista y humanista (en este punto unía el saber, la religión y el gobierno), mientras que en Aranjuez, a donde se trasladaba la corte en primavera, simbolizaba el dominio del hombre sobre la naturaleza.

Felipe II en la batalla de San Quintín, de Antonio Moro
1560 (Patrimonio Nacional)

Felipe II encargó a Juan Bautista de Toledo el proyecto de un nuevo palacio, planteándolo como una residencia sencilla, abierta a la naturaleza que lo circundaba. Juan de Herrera continuó las obras y lo aisló del exterior con una serie de jardines íntimos y cerrados. Seguía la tipología de palacete Austria: dos alturas organizadas en torno a un patio y con torres en las esquinas. Las cubiertas eran de pizarra y los muros de ladrillo sin apenas decoración exterior. Las obras comenzaron en 1574, pero sufrió tres importantes incendios que devastaron las maderas, mobiliario y decoración interior (en 1660, 1665 y 1748). Felipe IV invirtió mucho en decorarlo, ayudado por los consejos de Velázquez y por numerosas obras que integraban las colecciones reales. El último de esos incendios destruyó las reformas que había realizado Felipe V, que había decidido respetar los planos originales.

Patio de armas y fachada principal del Palacio
(Foto SIEMA)

Esquina del Palacio Austria, que da al parterre y comienzo
de la ampliación a la izquierda (Foto SIEMA)

Fernando VI y Bárbara de Braganza fueron unos enamorados de Aranjuez. Allí pasaban grandes temporadas organizando diferentes eventos al aire libre: juegos de hípica, conciertos y actuaciones musicales con Farinelli, paseos en el río y por los jardines. Encargaron entonces a Bonavía restaurarlo. Aunque se intentó respetar el trazado de Juan de Herrera, Bonavía creó espacios y decoración completamente barrocos. Es en esta época cuando Aranjuez destaca por su festejos deslumbrantes. Era un sitio de divertimento y, para hacer la ciudad más cómoda, el rey derogó la prohibición de crear poblaciones en este sitio real. Después, Carlos III, aplicaría todas sus ideas ilustradas para dotar a la ciudad de un poblamiento racional y funcional, como ya vimos en otra entrada reciente madridconencanto-siema.blogspot.com.es/2017/05/carlos-iii-y-el-poblamiento-de-aranjuez.html?m=1 . Su arquitecto Sabatini ampliaría el palacio con nuevas alas, haciendo mayor también la plaza de armas y la plaza ovalada. Continuando con la introducción histórica al palacio, nada más comentar que con Carlos IV se hizo tristemente famoso por la ratificación del "Tratado de Aranjuez" con Francia y por su abdicación en el mismo después de los sucesos de Aranjuez. Isabel II también lo visitó y disfrutó en periodos de tiempo muy cortos, pero contínuos. El 7 de febrero de 1851 inauguró la línea de ferrocarril Madrid-Aranjuez. En esa época del liberalismo se creó el Ayuntamiento y la población pasó a tener un estatus administrativo ya independiente del real patrimonio. De Alfonso XII todo el mundo recuerda su carácter altruista cuando abrió las puertas del palacio para crear en algunas salas un hospital para los afectados del cólera en 1885.

Exterior del ala ampliada del palacio que da a la 
llamada Plaza de las Parejas (Foto SIEMA)

Inscripción de la época de Carlos III sobre la entrada central 
de un ala ampliada ( Foto SIEMA)

Gran plaza ovalada frente a la entrada principal del 
palacio (Foto SIEMA)

Monumental bancada de piedra en la Plaza Ovalada
(Foto SIEMA)

Fachada principal del Palacio Real (Foto SIEMA)

Frente a la fachada principal nos encontramos una gran plaza ovalada donde se intercala cesped entre los caminos centrales y circundada por inmensas bancadas de piedra, adornadas por piñas y jarrones con flores (s XVIII. Sabatini). Ante ella se nos abre la fachada de palacio, ampliada por dos sobrios anexos laterales construidos por Sabatini para Carlos III. En el ala derecha, la que da a la Plaza de las Parejas reales, situó una gran capilla en su extremo. En el extremo del ala izquierda se pensó en hacer un teatro, pero al final no se terminó. Esa capilla se comunica por un precioso balcón real con las habitaciones del piso noble. Toda ella está decorada con preciosos estucos dorados y frescos. En la fachada destaca su alegría transmitida por la combinación de diferentes colores: piedra blanca (en los arcos, pilastras, decoración de ventanas, balcones y esculturas), muros de ladrillo  rojo y cubiertas de pizarra. En la fachada principal se aumenta un piso la altura. Hay una gran arquería de soportal con pilares de piedra que sostienen arcos de medio punto, entre los arcos pilastras dóricas. Este soportal lo diseñó Bonavía. Encima, la balconada del piso principal con los balcones donde alternan el frontón semicircular con el triangular. Después del segundo piso se sitúa el gran frontón horizontal con el escudo real de Fernando VI  y las esculturas de los monarcas que más intervinieron en la construcción hasta Carlos III: Felipe II, Felipe V y Fernando VI. Una balaustrada de piedra recorre toda la cubierta. El tejado presenta dos torres en sus extremos. Destaca la enorme sencillez decorativa exterior de todo el palacio

Las Parejas reales, de Paret, pintado en la plaza que da a la ampliación 
derecha del Palacio. Era un juego hípico muy popular entre los cortesanos.

Escalera del Palacio (Foto Lugares que visitar)

Recuerdo a nuestros lectores que este palacio está pensado sobre todo para utilizar los exteriores para fiestas y divertimentos, por eso venían en primavera. Con lo cual, no desarrollan con todo lujo de detalles y materiales la decoración interior. La sobriedad es su característica más importante y tiene unas pocas salas que realmente merecen la pena. La escalera la diseñó Bonavía con una barandilla en hierro y bronce dorado de estilo rococó, con pequeños espacios aislados en los laterales. Grandes arcadas sobre pilares están en los tramos laterales. El techo simula madera. Abajo encontramos tres bustos del Rey Sol, Luis XIV, su esposa Mª Teresa y el Gran Delfín (esculpidos por el francés Coirevox). En la pared cuelga un retrato ecuestre de Alfonso XII de niño (por Herrero de Tejada). 

Vista general del Despacho del Rey (Foto Investigart)

Detalle del bifonte pintado por Lucas Jordán
(Foto Investigart)

Detalle cuadro mitológico en el Despacho del rey
(Foto Eugenia, para SIEMA)

Iniciamos nuestro recorrido por la parte de la derecha, el ala del rey que bordea el jardín del mismo nombre. Primero hay un pequeño vestíbulo con la escultura original de Felipe II realizada en mármol por los Leoni y que presidía el jardín del Rey (ahora muy deteriorada). Luego seguiríamos el siguiente recorrido que creo puede ayudaros algo más:
  • Sala de Guardias del Rey: de sobria decoración, con azulejos antiguos de la época de Felipe II en el zócalo. Era la sala de alabarderos de Felipe II y hoy han colgado tapices de sus paredes con escenas mitológicas en una serie y otra representa las batallas de Ciro de Persia
  • Despacho del Rey: El suelo es el original Austria y, en 1696, Lucas Jordán pintó en medio de la decoración de estucos, escenas relativas a las virtudes del rey Carlos II. En la bóveda superior el bifonte y una de las caras es el propio retrato con mentón y rasgos característicos de Carlos II. Jano bifonte personificaba la soberana inteligencia y prudencia. 
  • Restos del antiguo Salón de Paisajes, de la época de Felipe IV que, en realidad, era mucho más alargado y recorría todo este ala. De él colgaban cuadros de paisajes pintados en el s XVII, como el de la Fuente de los Tritones realizado por Velázquez ( esta fuente estaba en el jardín de la Isla, hasta que en el s XIX la trasladaron al Campo del Moro)
  • Oratorio de la reina MªLuisa: con retablo diseñado por Juan de Villanueva y lienzo pintado por Bayeu)
  • Antecámara del Rey: destacan los lienzos del "Suspiro del Moro" (de Espalter) y retratos de "Fernando VI de Nápoles y su mujer, MªCarolina" (de Mengs)
  • Sala de pinturas chinas, con decoración de la época de Isabel II
Sala decorada con pinturas chinas 
(Foto JDiazarnal)
  • Gabinete de la reina MªLuisa o Salón de espejos, decorada por Juan de Villanueva. Se recuperaron unos grandes espejos de Felipe V. Destacan las combinaciones geométricas perfectas del suelo de mármol.
Gabinete de Espejos (Foto Mateturismo)
  • Cámara del Rey. Se usaba como el ala de recepción de Francisco de Asís y la mayoría de los cuadros son de Lucas Jordán, con escenas religiosas.
  • Comedor de Gala: esta sala es espectacular y mantiene la decoración original de los frescos de la bóveda y los estucos del suelo (ambos pertenecen a Amiconi). Desarrollan un programa alegórico sobre las virtudes de la monarquía. En tiempos de Fernando VI era la sala de conversación. 
  • Sala de Fumar o Sala Árabe, muy al gusto oriental del s XIX. La usaban sólo los hombres y la decoración minuciosa de estuco imita una de las salas de la Alhambra.
Sala de Conversación de Fernando VI o Comedor de Gala
(Foto Turisteando)

  • Salón de Baile: decorado en época de Isabel II y con vistas al parterre
  • Tocador de la reina: se conserva el estado original de la época de Isabel II, con tocador de palosanto neobarroco y gusto victoriano en la decoración de mobiliario, marquetería y sedas.
Tocador de la reina (Flickriver)
  • Dormitorio de la reina: también con mobiliario de rica marquetería. La bóveda alegórica fue pintada por Zacarías González Velázquez.
  • Gabinete de Porcelana: es el más grande de todos los que se conservan en los sitios reales. Era la sala de conversación de Carlos III, con ventanas que dan tanto al jardín de la Isla como al Parterre. La temática es completamente oriental y muy variada. Destacan también las sillas y la lámpara con el mono y el chino subiendo por ella. La porcelana se colocaba mediante placas que iban sujetas por tornillos y proceden de la fábrica de porcelana del Buen Retiro, a donde este rey se trajo los mismo directores y operarios que tenía la de Capodimonte. Por eso en la firma está escrito Gricci, 1763). No olvidar los juegos ópticos geométricos del suelo.
Sala de Porcelana (Foto Mateturismo)

Porcelana con la firma de Gricci y el año en que se hizo

  • Despacho de la reina: donde recibía visitas políticas de importancia. Sigue el estilo Carlos IV. Junto a él un pequeño oratorio con el lienzo de un crucificado de Mengs y pequeñas escenas al fresco en la bóveda, con iconografía de la crucifixión.
  • Salón del Trono: aquí abdicó Carlos IV. Era un antiguo comedor reconvertido. Alterna consolas barrocas con espejos más neoclásicos. Los sobrios sillones también son de la época de Carlos IV. Los terciopelos rojos y las consolas recuerdan al salón del trono del palacio real de Madrid.
Salón del Trono (web del palacio real)

  • Sala de billar
  • Saleta isabelina de niños donde cuelgan muchos retratos infantiles
  • Anteoratorio: decoración isabelina. Destacan los pequeños cuadros flamencos sobre las maravillas del mundo ( como el Coloso de Rodas o el Escorial) y otra pintura del s XVII de temática religiosa o bodegones.
  • Oratorio: construido por Villanueva y Sabatini siguiendo el estilo neoclásico, con pinturas de Bayeu y Maella. Predomina la iconografía mariana y alegre (como la visitación a su prima Isabel o la Adoración de los Reyes). De estilo rococó y muy colorista.
Adoración de los Reyes, de Bayeú (Turismo Aranjuez)
  • Cámara de la Reina: con obras de Lucas Jordán con el tema bíblico de Job y mobiliario neoclásico de Sabatini. Para recepciones.
  • Saleta de la Reina
  • Sala de Guardias de la Reina, por la que se vuelve a salir a la escalera.
  • Bajando abajo nos encontramos las salas expositivas de la vida de palacio y la Real Capilla. Esta última fue diseñada con gran originalidad por Sabatini, logrando crear un amplio espacio dentro de la estrechez que le proporcionaba la arquitectura de la planta. Lo consiguió por medio de una pequeña cruz latina, donde el crucero se hacía muy ancho y se cubría de una compleja bóveda. Casi parece planta centralizada. Era una capilla de uso público y los reyes asistían al culto desde la tribuna
Jardín del Rey (Foto SIEMA)

A la izquierda de los jarrones, los restos del Jardín inacabado 
de la Reina (Foto SIEMA)

El Jardín del Rey era un jardín íntimo, hasbsburgo, por tanto cerrado al exterior. Bordeaba el ala dedicada a las salas del rey. Herrera planeó un jardín con tapias, nichos para esculturas y grutas. En el centro la pequeña fuente de jade, que representa la fuente de la vida. Alrededor de ella los cuatro jardines geométricos (que indicarían como el agua de la vida llega a los cuatro puntos cardinales y consigue la perfección del mundo). Felipe IV dispuso la gran sala de paisajes que daba a este jardín, colocó también el empedrado actual y los bustos de emperadores romanos en las paredes. El Jardín de la Reina, situado en el lado simétrico, junto a la ría, quedó inacabado.

Vista general del Parterre, con el diseño de jardín romántico
(Foto SIEMA)

Foso de límite del Parterre con la fuente de Hercules
y Anteo de fondo (Foto SIEMA)

Fuente de Ceres (Foto SIEMA)

El Parterre constituye la aportación de los primeros Borbones al paisajismo de Aranjuez. Fué idea de Felipe V y lo diseñó Marchand. Como nota curiosa hay que decir que en esas obras colaboró como delineante un adolescente Ventura Rodriguez, que deslumbró a todos con su capacidad de dibujar y luego llegaría a rápidos ascensos en la corte. En sus orígenes era un jardín abierto al N y cerrado al E con una pared con tres puertas. La responsable de que ese muro se sustituyera por un foso y verja en 1761 es Maria Amalia, mujer de Carlos III. El motivo es que esta reina se veía agobiada  cuando se asomaba a las ventanas de su dormitorio y veía el parterre con el muro, sin ninguna perspectiva. Acostumbrada como estaba a los grandes espacios de Nápoles. Carlos III atendió a sus peticiones y creó esa original idea de foso y verja que permitían ver el paisaje. Pero el diseño de jardín que hoy conocemos es del s XIX, con recortes de boj con formas sinuosas, grandes conjuntos como las fuentes de Ceres (diosa de la Agricultura) o de Hércules y Antéo (que vence al hijo de la tierra y representa la fuerza de la monarquía española). Ambos conjuntos y estanques sinuosos fueron diseñados por Zacarías González Velázquez.

Vista del Parterre en s XVIII, por Dominguez (RABSF)

Para terminar nada mejor que descansar y tomar un café bajos los soportales de la Casa de Oficios realizada por Juan de Herrera, en el Café de las Damas. Nos gusta su interior luminoso y minimalista y, sobre todo, su localización con las vistas al palacio. Hasta pronto:

Maribel Piqueras


Café de las Damas, en los bajos de la geométrica y sobria 
Casa de Oficios herreriana (Foto SIEMA)


Interior del Café de las Damas (Foto SIEMA)