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jueves, 29 de marzo de 2012

JARDIN HISTÓRICO QUINTA DE LOS MOLINOS

La Quinta de los Molinos es un jardín situado entre la calle Alcalá y la calle Juan Ignacio Luca de Tena, junto al metro Suanzes. Es un gran desconocido en este Madrid, a pesar de ser uno de los jardines públicos que más horario de apertura tiene (desde 6.30h-22h en primavera y verano).Sus orígenes se remontan al s.XVIII cuando se pensó en esta zona para fincas agrícolas, donde había cultivos diseñados con mentalidad más racional y científica. Después esta propiedad y muchas más alrededor pertenecieron al Conde de Torre Arias. El Conde de Torre Arias, D. Alfonso Pérez de Guzman el Bueno, regaló en 1920 esta porción del parque que conocemos al arquitecto D. Cesar Cort Boti y, a cambio, este le construyó al Conde un palacio en la calle General Martínez Campos. Pero al fallecer el arquitecto este parque quedó un poco abandonado hasta que la familia Cort firmó un convenio con el Ayuntamiento en 1980, por el cual se podía edificar la parte no arbolada del N de la finca y convertir la Quinta de los Molinos en jardín público.

Uno de los molinos que dan nombre a la finca, situados en las partes más 
altas de la misma (Foto SIEMA)

La Quinta debe su nombre a dos molinos, como el de la foto superior, que se trajeron de los EEUU por la familia Cort en los años 20. Para esos años significaban una estructura metálica eólica muy moderna con la cual extraer agua de los pozos para regadío de la finca. En toda la finca se notan los orígenes alicantinos de la familia Cort que plantó, utilizando modernas tecnologías, grandes extensiones de almendros, olivos y  pinares que le recordaran a su tierra. Parece que estamos de paseo por una finca junto al Mediterráneo, ya que todo el diseño es muy natural, con sus senderos, cultivos, fuentes bajas y anchas, paredes blancas, etc...La sencillez y pureza de líneas es la nota característica del recorrido. Desde la calle nada indica que tras una estructura sencilla de una sola altura que estemos a la entrada de la finca. Pasando por esos arcos arcos abovedados, pintados de rosa y crema, con entradas diferenciadas para carruajes o peatones se puede iniciar el recorrido por un paseo asfaltado rodeado de plataneras.

Entrada vista desde la calle Alcalá, con el cártel 
indicativo (Foto SIEMA)

Pórtico de entrada (Foto SIEMA)

Pequeña plaza junto a la entrada
(Foto SIEMA)

Avenida de plátanos (Foto SIEMA)

Contraste de colores y plantas junto a la avenida central 
de plataneros (Foto SIEMA)

Esa avenida es la única asfaltada. Se le echo cemento sobre el bonito empedrado original. En las primeras fuentes nos desviamos hacia una pequeña alberca y gruta hacia la izquierda. Toda la finca está llena de albercas y fuentes bajas, de ladrillo y cal la mayoría. 

Gruta artificial (Foto SIEMA)

Alberca al lado de la gruta 
(Foto SIEMA)

Después, a través de caminos de tierra nos metemos entre almendros en flor (si estamos en marzo, que es la época más bonita para visitar el parque) y nos vamos aproximando a una vaguada cerca de la zona más urbanizada junto al palacete y estanque ovalado. La finca cultiva también olivos y todo una flora típica del Mediterráneo. 

Almendros en flor (Saboraocio)

Almendro apunto de florecer 
(Foto SIEMA)

Vista de los campos de olivos, rodeados de pinos y cedros
(Foto SIEMA)

Más olivos (Foto SIEMA)

Puente bordeado de mimosas en flor (Foto SIEMA)

Cesar Cort era un hombre a la última en cuanto a novedades arquitectónicas. Fue profesor de urbanismo en la Escuela de Arquitectura y también Concejal del Ayuntamiento. Este palacete de tres plantas y cinco alturas (en la parte de la torre), construído entre 1925-40, sigue las teorías del racionalismo de la Escuela Vienesa y nos recuerda al palacio Stoclet de Bruselas de Joseph Hoffmann. En el periodo de entreguerras se siguió mucho esta línea arquitectónica, por eso la fachada se nos muestra desnuda y con líneas rectas muy marcadas. La torre es de volúmenes decrecientes y denota cierto clasicismo con los frontones. También Adolf Loos mencionaba que no quería nada de historicismos y que la ornamentación era un crimen. Al aproximarnos al palacete el jardín cambia el diseño para desarrollar más campo de cesped y decoración floral, así como numerosas fuentes y bancadas de piedra para sentarse alrededor de placitas muy decoradas. Es en esta zona cerca del palacete donde se oye el murmullo del agua que corre, tanto en fuentes bajas de reminiscencias hispano-árabes, como en otras más de art-decó de la época, así como el rumor del chorro central del estanque. 

Vista general de la residencia principal o 
palacete Cort (Foto SIEMA)

Detalle de la fachada, con esa pureza de líneas y volúmenes
(Foto SIEMA)

Pequeña fuente situada en el lateral izquierdo del
palacete (Foto SIEMA)

Fuente con conchas a diferentes niveles
(Foto SIEMA)

Estanque y fuentes junto al parterre frente al
palacete (Foto SIEMA)

Estanque y fuentes altas frente al parterre
(Foto SIEMA)

Una de las múltiples plazas del parque (Foto SIEMA)

Estanque grande con el surtidor en medio y embarcadero
al fondo (Foto SIEMA)

Antigua pista deportiva de tenis, que luego se 
usó como campo de futbol (Foto SIEMA)

Molino junto a la casa de verano
(Foto SIEMA)

 Cerca se sitúa la llamada "Casa del Reloj" o casa de verano de la familia, de decoración más española, con galerías de arcos y cubiertas de teja. La torre del reloj es la nota moderna y discordante del estilo rústico mediterráneo de la casa. Junto a ella un molino que funciona y el invernadero.

Vista de la casa de verano o del reloj
(Foto SIEMA)

Torre del reloj (Foto SIEMA)

Antiguo invernadero (Foto SIEMA)

Fuente y estanque del merendero (Foto SIEMA)

Pila del merendero (Foto SIEMA)

También el estilo "art decó" que se desarrolló en España desde 1925 hasta 1936 está presente en algunas fuentes. El estanque ovalado con fuente central le da cierto aire romántico, pero siempre inmerso en lineas constructivas muy sobrias. En el lado derecho de la avenida central hay grandes zonas de almendros, olivos, junto a praderas y pinares y eucaliptos. Campos de lirios se colocan el las laderas. Se han plantado más recientemente paseos de lilos. En definitiva, mucho más que campos de almendros en flor, lo cual lo hace más atractivo para ser visitado en cualquier momento de la primavera. Anímense a conocerlo. Justo en frente del parque, un negocio con encanto que lleva un año abierto. Se trata del restaurante  Vicky , donde sus tonos blancos, grandes cristaleras y plantas en las paredes, parecen ser una prolongación de la propia Quinta de los Molinos. Ya sabes que puedes seguirnos en facebook Proyecto Siema o en twitter @siemamadencanto. Y para cualquier duda o ganas de que te organicemos una visita también puedes contactar con info@siema.es. Hasta pronto. 

Maribel Piqueras

Frutales y eucaliptos al fondo (Foto SIEMA)

Pinares (Foto SIEMA)

Fachada del restaurante Vicky (Foto SIEMA)

Comedor interior (Foto SIEMA)

Mesas junto a la barra (Foto SIEMA)




miércoles, 21 de marzo de 2012

IGLESIA Y CONVENTO DE LAS CARBONERAS

En pleno Madrid de los Austrias, en la Plaza del Conde de Miranda, los madrileños se quedan admirados cuando descubren un convento por el cual no ha pasado la historia. Ya que se conserva prácticamente igual que en la época de su construcción( 1615-1625). Nos referimos a la Iglesia y Convento de las Carboneras. La fundación del mismo data de 1607, cuando una descendiente de la Latina, llamada Beatriz Ramirez de Mendoza, decidió establecerse aquí con las primeras religiosas, su hermana y su hija. El apodo de "las Carboneras" como se le conoce desde siempre se debe a la anécdota de una imagen de la Virgen encontrada por un niño en 1665 en la carbonera de su padre. Con esa imagen jugaban los muchachos hasta que les descubrió un religioso, el cual entregó el cuadro al convento más cercano, que resultó que era este de la orden Jerónima Descalza. Por fuera denota una sobriedad excesiva: no hay signos exteriores que indiquen que es un monasterio ( ninguna cruz, torre o campanario). Si el estilo propio del Madrid Austria en los muros con zócalo de granito, ladrillo y tejado de teja.  Y sobre una portada barroca un medallón donde se representa con un laborioso y bello relieve a "San Jerónimo y Sta. Paula adorando la Eucaristía y una cruz".

El interior sigue al pié de la letra el modelo de arquitectura religiosa barroca madrileña del s.XVII: planta de cruz latina de una sola nave con presbiterio en alto y toda abovedada con medio cañón de tres tamos con lunetos. Se entra por el lateral. a los piés las rejas del coro bajo y alto de las monjas. Ahí es donde se coloca en Navidad un precioso Belén quiteño, pequeño ( solo el misterio y los Reyes Magos). Podemos apreciar los retablos de madera dorada barrocos en los muros laterales, como el de la "Virgen de las Tribulaciones" ( imagen del s.XIX que aparece sentada) dentro de una estructura que recuerda a los famosos retablos de Pedro de la Torre y el pequeño crucificado que tiene arriba es del s.XVIII. A continuación el retablo algo más rococó dende está el lienzo de la Virgen de las Carboneras ( más emotivo que de calidad pictórica).

Con esta imagen se hacen una idea de lo estrecha que es la nave. Toda la cabecera la ocupa el gran retablo mayor, con el curioso lienzo de la "Santa Cena" de Vicente Carducho. Este pintor de origen napolitano, con una maestría para el dibujo, la perspectiva y el color, era el lider de la escuela madrileña de pintura hasta que quedó desbancado por Velázquez. Aquí nos ha representado el momento de la Santa Cena en un gran lienzo donde la mesa no está en posición horizontal, sino vertical, con lo cual alarga el espacio y la perspectiva se hace más profunda, metiendo al espectador en el mismo momento en el cual estaban sucediendo los hechos del Cenáculo. El lienzo está fechado en 1634, ya en época de Felipe IV. Vicente Carducho es la castellanización de su nombre, que sería Vicenzo Carducci. Acompañó y se formó con su hermano Bartolomé que ya trabajaba en el Escorial para Felipe II, después Carducho trabajó para Felipe III y su hijo. Este retablo de las Carboneras recuerda mucho al del Escorial. No solo lo conocía Carducho, sino que también se inspiró en él el granadino Antón de Morales que fué el que esculpió toda la estructura de madera policromada. La sintonía con el del Escorial se da con mayor evidencia en el Calvario de la parte de arriba del retablo, que reproducimos ahora

A ambos lados del altar mayor nos encontramos, a la izquierda, un "San Jerónimo" de Francisco Herrera el Mozo y, a la derecha, un retrato de la fundadora en el momento de su muerte. Hay que decir para los amantes de los dulces que es este uno de los pocos conventos de Madrid donde se fabrican dulces con la tradición de los hornos conventuales ( pastas, mantecados, galletas y los originales naranjines. que son como bizcochos de soletilla pero con sabor a naranja). Merece la pena acercarse al torno de 9.30h-13h o de 16-18h y ayudar al sustento de las monjas comprando algún dulce. Como son pocas en la comunidad no siempre tienen de todo. El convento se sitúa a la derecha de la fachada de la iglesia. Para que se hagan una idea de las dimensiones que tiene pueden observar los patios que recorren hasta llegar al torno, con las diferentes alturas, ya que los Austrias edificaban añadiendo a lo ya construído, sin demoler las edificaciones anteriores. En planta el convento bordea la iglesia por detrás y llega hasta los coros que se sitúan a los piés de la iglesia.
Muy cercano a este convento está la Plaza del Cordón y en en el nº2, 3º Dcha de esa misma plaza otro espacio con encanto que no quería dejaros de mencionar. Se trata de Espacio de Arte/ Espacio Abierto Javier Aguado. Javier Aguado se dedica a la gestión de patrimonio artístico y documental. Aquí, con vistas al Palacio del Cordón y a los tejados y cúpulas tan característicos de esta parte de Madrid, se levanta un espacio abierto al Arte y a la Cultura. Un espacio grande, elegante, donde saben conjugar la tradición con la modernidad. Lleno de estilo, sin puertas entre los diferentes espacios que lo integran, con una gran luminosidad. En resumen, el espacio ideal para organizar una muestra, exposiciones, una presentación de un libro, un cocktel o lo que a uno se le ocurra, pero eso sí, lleno de mucho encanto.