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domingo, 21 de octubre de 2012

Plaza de Chueca y Mercado de San Antón

La pintoresca Plaza de Chueca recibe el nombre del compositor de zarzuelas Federico Chueca y es el centro de este curioso barrio que se extiende entre la calle Hortaleza y la calle Barquillo. Entre su entramado de calles, pequeños callejones y rincones, bulle una oferta de ocio, cultura y comercio muy rica y de plena actualidad. Esta zona todavía era inexistente en 1861, cuando Mesonero Romanos publicó sus paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa. En el entorno de la plaza lo que existía era la Galera y la residencia palaciega del Duque de Frías. La zona creció rápidamente con el desarrollo industrial y se estableció por el área una población proletaria, de casas pobres, pero de ambiente muy castizo. Los habitantes más conocidos eran los llamados "chisperos": fabricantes y mercaderes de utensilios de hierro, de ahí el nombre con que les apodaron los madrileños. Más tarde se abriría la calle S. Gregorio hasta Augusto Figueróa y se ensancharía la de Gravina. Como dato curioso, en 1802, se casó en esta última calle, donde entonces se situaba la parroquia de San José, Simón Bolivar con su novia madrileña, MªTeresa, antes de que fuera derruida esa iglesia y traslada a la calle Alcalá. La Plaza estaba situada en una zona decadente y marginal en los años 70 y 80 que, después, supo superar el ser considerada nada más que "barrio gay" de Madrid para aportar a los madrileños una serie de vivencias cosmopolitas y vanguardistas en el ocio que merecen la pena.  Es un barrio bastante completo y lleno de contrastes. Ya hablamos en una entrada anterior de la maravilla del conjunto de las Góngoras, para ahora centrarnos en dos puntos comerciales.

Plaza de Chueca (Foto SIEMA)

Plaza de San Gregorio en 1895, antecedente de la plaza de Chueca
(Foto wikipedia)


Plaza de Chueca, terraza junto a la salida del metro (SIEMA)

Lateral de la plaza, donde se aprecian las rejas y decoración de
estucos del s XIX (Foto SIEMA)

A partir de los 90 el Ayuntamiento y los vecinos empezaron a invertir en la zona. Se remodeló la plaza como está hoy en día, restaurando las fachadas que dan a ella. Se percibe mejor la calidad del trabajo de rejería en las balconadas y la labor del estucado de finales del s.XIX y principios del s.XX. Destacan en una esquina (calle Gravina nº 11) la Taberna de Ángel Sierra, con la decoración pictórica y paneles de madera  tan característicos del s.XIX y principios del XX, para hacer un parón y tomar cerveza, vermuth de grifo o cualquier pincho. Esta taberna ya es centenaria, pues aunque se creó en 1908, desde 1917 pertenece a Angel Sierra y a sus herederos. A la plaza da la barra y, por detrás, el comedor. En el interior destacan las maderas de Cuba y la decoración de azulejos de la cartuja. También en su interior recordamos que Almodovar situó algunas escenas de "La Flor de mi secreto". En frente se sitúa L´Habilleur, una tienda de ropa elegante a buen precio. Y para reponer fuerzas a cualquier hora nada mejor que entrar en cualquiera de los bares con terrazas o restaurantes que dan a la propia plaza. 

Animadas terrazas en la Plaza (Foto SIEMA)

Vista general de la Taberna de Ángel Sierra (Foto SIEMA)

Interior de la Taberna de Ángel Sierra (Foto SIEMA)

Justo detrás de la Plaza se sitúa el Mercado de San Antón. El origen era un importante mercado de barrio en esta zona que creció a lo largo del s.XIX con población emigrante. La novela de Galdós, "Fortunata y Jacinta", es una crónica social de ese Madrid y en su segunda parte aparece citado el mercado. Dice textualmente "La casa estaba en una de las muchas rinconadas de la antigua calle de San Antón. En el portal había una relojería entre cristales, quedando tan poco espacio para la entrada, que los gordos tenían que pasar de medio lado; en el piso bajo y tienda una bollería que inundaba la casa de préstamos de farolón a la calle, y en ciertos días había en los balcones ventilación de capas empeñadas. Más arriba los pisos estaban divididos en viviendas estrechas y de poco precio. Había derecha, izquierda y dos interiores. Los vecinos eran de dos clases: mujeres sueltas, o familias que tenían su comercio en el próximo mercado de San Antón. Hueveras y verduleras poblaban aquellos reducidos aposentos, echando sus hijos a la escalera para que jugasen. En uno de los segundos exteriores vivía Feliciana, y Fortunata en un tercero interior".

Exterior del Mercado de San Antón

En tiempos de Franco, año 1945, se construyó un gran mercado con materiales muy baratos de posguerra: grandes pilares y hormigón. Pero este mercado, al igual que el resto del barrio, se vió afectado por la crisis y la decadencia de los años 70 en adelante. En el 2002 se incluyó en el plan de modernización y empezaron las obras en el 2008. Habiendo presentado el proyecto de remodelación los propios comerciantes del mercado al alcalde. Situado en la calle Augusto Figueroa nº 24, ocupa una enorme superficie, de 7.354 m2. Se inuguró en el 2011. Como he dicho anteriormente el promotor era la propia Asociación de Comerciantes del Mercado de San Antón y el proyecto lo realizó el estudio QVE, de Ana Mª Montiel y José García del Monte. Exteriormente el edificio es una moderna mole compacta de ladrillo. Hormigón, ladrillo y acero es lo que vemos también en el interior.

Interior de las diversas plantas (web del mercado)

Ahora es mucho más accesible y funcional. Incluso sus puestos y diseño se adaptan al carácter cosmopolita y vanguardista del barrio. Y, por supuesto, respetando el medio ambiente, con los techos acristalados cubiertos de placas solares o las alimentaciones para recargar baterias de coches electrícos con los que cuenta el aparcamiento. Esa austeridad de formas no va pareja al estilo gourmet de cada uno de los puestos. El mercado se organiza de la siguiente manera: un supermercado abajo, puestos "tradicionales" de mercado en su planta primera (no una gran variedad del mismo género para elegir, sino un puesto de cada, más o menos; por ejemplo de carnes, charcutería, pescado, mariscos, fruta, panadería, etc..).Este mercado tiene un amplio horario hasta las 22h.

Puesto de foie (Pituca para SIEMA)

En la segunda planta están los puestos de comida para llevar, tapeo, show cooking y la sala de exposición. Los pasillos son amplios y disponen de mesas y taburetes para poder descansar, aunque las noches de los fines de semana no hay quien quepa. Esta segunda planta abre hasta las 24h. La presentación es de lujo (como puede apreciarse en esta foto de Pituca del puesto del foie) y podemos encontrar cocina del mundo entero: tapas y vinos españoles junto a sushi japonés o cocina griega. 
En la tercera planta se sitúa el restaurante y la terraza, que los sábados y festivos abren hasta la 1.30h. En fín creo que todo esto también forma parte de ese patrimonio que hay que enseñar en Madrid.
Muy cerca del Mercado de San Antón encontramos otro negocio centenario: la Tienda de Vinos de Augusto Figueróa nº 35. Este local se fundó en 1890 por Francisco Gómez y Jacinta Pinto como despacho de vinos modesto de la época, donde se ofrecía vino de Valdepeñas, aguardiente y licores. También se le conocía como la taberna del guitarrista por que su hijo acompañaba con veladas musicales de guitarra a los clientes. En los años 50 pasó a ser también casa de comidas y sus dueños actuales son la cuarta generación de la familia. Esta tienda de vinos estaba muy vinculada al mundo literario, pues eran asiduos Rafael Alberti, Machado, Azorín o Benavente. También en los 50 se la conocía con el sobrenombre de Comunista, porque asistían a jugar al mus y tomar algo muchos socialistas de la vecina Casa del Pueblo de la c /Piamonte ( derruida en 1953) y que siguieron yendo por ella.

Tienda de vinos y comidas (Foto SIEMA)

Uno de los laterales del Mercado de San Antón es la calle Barbieri, que lleva el nombre de otro famoso músico amigo de Federico Chueca. Y seguimos hablando de cante, porque ahí se situaba el tablao que montó en 1963 Manolo Caracol, "Los canasteros", en el nº 10 de Barbieri. Hoy es la discoteca Polana, pero todavía conserva ese tablao en su interior. También en Barbieri hay fachadas muy decoradas y una curiosa tienda, Picnic, en el número 9, donde se encuentra ropa muy de uso diario, caracterizada por sus bonitos diseños y colores llamativos. Lleva situada aquí casi 8 años y sigue en auge. El teléfono de Picnic es 915218317. 

Maribel Piqueras

Antiguo Tablao de Manolo Caracol (Foto SIEMA)

Fachada del antiguo tablao, hoy discoteca (Foto SIEMA)

PICNIC, camisetas (Foto SIEMA)

PICNIC, vista interior (Foto SIEMA)


martes, 2 de octubre de 2012

El  Parque del Retiro de Madrid, un pulmón verde de 118 hectáreas en pleno centro de la ciudad, daría mucho para hablar en un blog, así que he preferido dividirlo en dos entradas. En esta primera parte recorreremos sus orígenes, parte de su historia y evolución y nos centraremos en la zona E del Parque. Para los orígenes históricos de esta zona habría que remontarse a finales del s.XV, cuando el rey Enrique IV fundó un monasterio jerónimo en lo que era una zona boscosa muy saludable situada a las afueras del Madrid de entonces, hacía el E. Esa primera fundación jerónima se convirtió en el monasterio mandado hacer por Isabel la Católica, hoy en día muy restaurado durante el s.XIX y en adelante. En él disponían los reyes de Castilla un cuarto real donde retirarse en determinadas temporadas (por ejemplo tras la muerte de un cónyugue o durante la Semana Santa). Pero serán el Conde Duque de Olivares y Felipe IV los artífices del Palacio del Buen Retiro y sus jardines que, más tarde, darían lugar a este parque. El motivo de construir un palacio en esta zona se lo debemos a la personalidad de Felipe IV: un rey muy pasional, amante de todas las artes, del teatro, de los espectáculos diversos y de los jardines y espacios abiertos. El llamado Alcazar de los Austrias( situado donde hoy está el Palacio Real) era una residencia muy pequeña para él, que carecía de espacios grandes y abiertos, así como de jardines. El rey se sentía bastante agobiado en dicho edificio. Le apremiaba disponer pronto de una residencia nueva para recrearse en su tiempo libre y de eso se daba cuenta el Conde Duque de Olivares. La obra se hizo muy rápida, en tres años estaba prácticamente terminada (1630-33), encargándose Carbonell de ella. En 1636 se añade la Plaza Grande y poco despues la decoración pictórica encargada a Velázquez y Zurbarán, entre otros. Los materiales empleados eran poco costosos y fáciles de manejar como el ladrillo y la madera. No se empleó la piedra en este palacio real, por eso resistió tan poco. Una vista general de como era se aprecia en este lienzo de Leonardi de abajo
A la derecha de la misma aparecen los Jerónimos y el Palacio se construyó ampliando hacia el N el cuarto real ya existente. Los escenógrafos y jardineros eran florentinos, contratados por el Conde Duque de Olivares y desarrollaron unos jardines bastante geométricos, pero llenos de fuentes, esculturas y ermitas. Ahí estaba colocada la estatúa ecuestre de Felipe IV que hoy preside la Plaza de Oriente. Felipe V encargó el parterre con un gusto muy afrancesado. Carlos III cerró el jardín e instaló diferentes puertas, además de colocar muy cerca la famosa puerta de Alcalá. Este rey lo reconvirtió en jardín ilustrado, situando en él la fábrica de porcelanas (con la fórmula secreta que se trajo de Sajonia con su mujer Mª Amalia, gran amante de las porcelanas) y organizando cerca, en el Prado Viejo, el Gabiente de Ciencias, la casa de fieras y el Jardín Botánico. Con Carlos IV tuvo lugar, desde el parterre, la primera ascensión en globo de Vicente Lunardi. Pero durante la ocupación francesa de Madrid sufrió numerosos destrozos: los soldados franceses usaron las maderas del palacio, la fábrica de porcelana se convirtió en polvorín, que fué asaltado por los ingleses (aliados de España y que fueron los que volaron la fábrica provocando graves pérdidas en el parque). De todo ese esplendor no queda más que una ala del palacio y el Casón del Buen Retiro. Menos mal que de la época de Fernando VII conservamos lo que empezó a ser el jardín romántico como se le conoce actualmente. Este rey se propuso restaurar la zona en 1815. Levanta la colina artificial de los gatos o montaña rusa, construye el embarcadero, promueve la instalación de la llamada Casa de Fieras y varios pabellones de reposo como la Casita del Pecador. Es por esta zona NE del parque donde propongo iniciar el recorrido. Entrando por la bonita y esbelta Puerta de Madrid (último tercio del s.XIX), a la izquierda podemos divisar la Colina de los Gatos ( llamada así por la cantidad de gatos que cobijaba) o Montaña rusa: colina artificial con su cascada, sus efigies orientales tan al gusto del s.XIX en la parte de abajo. Justo al lado los restos de la ermita de San Pelayo de Ávila, siguiendo la moda romántica de colocar ruinas en los paisajes. Se trata de una iglesia románica donde estuvieron los restos de S. Isidoro durante su traslado desde Sevilla a León. En frente el pabellón de recreo y reposo conocido como Casita del Pescador
Todo denota romanticismo: el juego de diversos volúmenes, su tejado en chapitel con las bolas, los contrastes de colores rojo, azul y blanco, las pinturas, la base del estanque irregular sobre el que se asienta. Es el punto de información del parque actualmente. Cruzando el Paseo de Carros, donde se instala la Feria del Libro por su amplitud, nos adentramos en una boscosa bajada, siempre húmeda, ya que no debemos olvidarnos que paseamos por la parte N del parque, para descubrir el Monumento a los hermanos Álvarez Quintero
Como casi todos los conjuntos escultóricos del parque este monumento también es anterior a la Guerra Cívil y fué inaugurado en 1934. Está dedicado a los autores de teatro andaluces, los hermanos Álvarez Quintero, y presenta una escena de galanteo andaluza que tiene lugar dentro de un pórtico con columnas semiciricular desde el que se asoma una dama a escuchar al jinete. La talla del jinete en bronce es espectacular. Detrás de la balconada hay una pequeña fuente y bancadas de piedra. Avanzando un poco más divisamos, ya más cerca del Pº de Carros el gran Monumento a Cuba. Este tardó muchos años en terminarse, por motivos históricos, políticos y económicos, desde los años veinte en que se inició, no se inauguraría hasta 1952. Se decidió como agradecimiento al monumento que en Cuba había dedicado a España el general Machado. Lo inició Benlliure, quien trabajé en la caravela y otros bronces. Arriba

Todos los elementos son alegóricos a esa nación americana. Aquí se ve la armonía y majestuosidad del monumento, con la alegoría femenina de Cuba en la cima, luego Isabel la Católica y abajo, la caravela de bronce. Al otro lado Cristobal Colón, escudos y animales exóticos de ese continente

En nuestro blog no hablaremos de todas las esculturas y edificaciones que nos encontremos, si de las más bonitas y antiguas, como el gran Monumento al General Martínez Campos, el héroe que con su pronunciamiento militar determinó el fín de la I República y la restauración monarquica con un periodo largo de paz en 1874. Lo diseñó Mariano Benlliure, que tanto trabajó en este parque y se inauguró en 1907.

En la base de la roca elementos militares e isncripciones en bronce, lo mismo que la escultura ecuestre del general enérgico. Todo ello situado sobre un gran estanque en una plaza con columnas y pérgolas alrrededor.

Siguiendo por nuestra visita en la zona E nos encontramos con la entrada a la Casa de Fieras, donde dos pilares de ladrillo con leones nos dan la bienvenida a una pequeña plazuela circular con bancadas de cerámica. Ahí, a nuestra izquierda el edificio con las jaulas para animales peligrosos, todo él de ladrillo con unas bonitas balconadas de cerámica ( con la curiosidad de ser todas diferentes), muy del estilo decimonónico. Como hasta que se creó el nuevo zoo en la Casa de Campo en 1972 este era el zoo donde todavía hoy en día se ve el foso, estanques y grutas, así como parte del jardín. Luego se enlaza con los jardines de Cecilio Rodriguez. Este jardinero mayor del Ayuntamiento de Madrid diseñó estos bellos y recogidos jardines, con sus paseos, cipreses, setos recortados de boj, fuentes, cascadas, pérgolas y esculturas, donde la Junta de Retiro celebra algunos actos hoy en día. Quedan separados por una trabajada reja de hierro. Muy cerca de este recorrido, al otro lado de la Puerta de Hernani, es decir, cruzando el subterráneo del metro Retiro en la calle Alcalá y dirigiéndonos hacia la Puerta de Alcalá, nos encontramos una pasteleria fancesa para reponer fuerzas o, al menos, deleitarnos con los ojos. Me refiero a Moulin Chocolat. Aquí podemos encontrar los tradicionales macaronis franceses, las magdalenas de esa tierra, los croassanes y miles de pasteles o chocolates para todos los gustos con un toque de cocina innovadora y glamurosa. Y teneis que perdonarme porque, aunque mi fuerte son los idiomas, no se francés y seguro que cometo algún que otro error de ortografía. Nada más animaros a pasear con detenimiento por esta parte E del parque, justo la que bordea la Avenida de Menéndez Pelayo.