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martes, 8 de septiembre de 2020

Las Benedictinas de San Plácido

 En la calle de San Roque conservamos en Madrid un convento e iglesia que, a pesar de sus sobrios muros nos hacen regresar, una vez dentro, al dinámico mundo del barroco del s. XVII. A ello se suman también sucesos que tuvieron lugar en él y que son dignos de tramas de película o novela, como ya realizó Torrente Ballester en su famoso "El Rey Pasmado". Aunque estos literatos y las leyendas populares falseen la realidad histórica en muchos momentos. La fundación del convento es anterior a la construcción de la actual iglesia, ya que se fundó en 1623 por Dª Teresa del Valle de la Cerda con monjas benedictinas bajo la advocación de la "Encarnación Benita". Esta iconografía es la que vemos en el medallón situado a la entrada de la iglesia: una sencilla puerta adintelada que sostiene un rectángulo enmarcado por pilastras toscanas con la hornacina de la Encarnación esculpida por Pereira. Encima las bolas Austrias y, sobre ellas, las espadañas para las campanas. También se representa la Encarnación en el lienzo del altar mayor. El protonotario de Aragón, Jerónimo de Villanueva, que había sido novio de Teresa, financió también la fundación, con la condición de que las monjas rezaran por su alma y tener su mausoleo en el interior (cosa que no llegó a suceder). Adaptaron entonces el caserío de este arrabal de Maravillas a la nueva fundación y todavía en el mapa de Texeira aparece esta iglesia y primitiva fundación, que aprovechó la existencia de una antigua ermita de la Virgen dependiente del convento benedictino de San Martín. 

Fachada central con el relieve de la Encarnación y espadaña 
de San Plácido (SIEMA Matritensis)

Era el año en que empezaba a reinar Felipe IV. Esas primeras monjas, organizadas por la priora y su capellán, Francisco García Calderón, protagonizaron unos sucesos relacionados con la secta de los alumbrados o iluminados. Las monjas se volvieron como histéricas, diciendo que les inspiraba el Espíritu Santo a todas horas. Sólo actuaban según esas "iluminaciones privadas". También se dieron casos de posesiones diabólicas al invocar a los espíritus en general. El asunto llegó a ser tan escandaloso que tuvo que intervenir la Inquisición. Se abrió proceso en 1628 por el tribunal de Toledo y, mediante sentencia de marzo de 1630, condenaron al capellán a encierro perpetuo en un convento toledano, abjuración de vehementi por alumbrado, privado también de sus servicios como sacerdote. Así mismo Teresa del Valle fue recluída junto a las monjas restantes en el convento de Sto. Domingo el Real de Toledo, condenada a abjurar de Levi, con cuatro años de reclusión en este convento, privada de sus votos y de regresar a la corte. En 1638 hubo una resolución en favor de las monjas inocentes, excepto la priora y el capellán. Después, en 1643, se abrió de nuevo el proceso, centrándose en los actos del protonotario, quien fallecería en 1653, poco antes de la construcción de la nueva iglesia. Estos sucesos fueron de tal calibre que determinaron la instalación de un Tribunal de la Inquisición en Madrid en 1650.

Vista de la estrecha calle de San Roque con los sobrios muros 
de la fachada del convento (SIEMA Matritensis)

Hornacina con San Plácido en la calle San Roque (SIEMA Matritensis)

Detalle de una esquina del convento de Sto.Domingo el Real de Toledo, donde
estuvo recluída por la Inquisición Dª Teresa del Valle de la Cerda (SIEMA Matritensis)

Seguimos con las historias referentes a la primera fundación. En tiempos del rey Felipe IV el monarca entraba a sus anchas al interior del convento. Se sabe de la existencia de un pasadizo entre la casa del protonotario de Aragón, situada frente al convento, y el convento. En casa de Jerónimo de Villanueva se reunían a menudo el rey, con políticos como el Conde Duque de Olivares y otros a jugar a las cartas o pasar buenos ratos. Se cuenta que el rey estaba enamorado de una joven monja, Sor Margarita, que le rechazaba e incluso tuvieron que simular las monjas su muerte para que el rey la dejara en paz. Es este hecho el que lleva al rey Felipe IV, arrepentido, encargar a Velázquez su famoso lienzo de Cristo Crucificado, en reparación de las faltas cometidas, y que colgaba del coro bajo del convento hasta que pasó a manos de Godoy.

El Cristo Crucificado de Velázquez, realizado por encargo del rey para reparar sus faltas contra las monjas benedictinas de este convento (Museo del Prado en wikipedia)

La iglesia nueva fue diseñada por Fray Lorenzo de San Nicolás, entre 1655-1658. En los magníficos herrajes originales de las puertas está tallada la fecha de 1661. Este gran tratadista (era el autor del famoso manual "Arte y uso de la arquitectura") y pensó en una planta de cruz latina, con los brazos apenas señalados, lo cual crea sensación de mayor centralidad y unidad. Está cubierta por cúpula encamonada y es algo oscura. Los muros interiores se articulan por medio de pilastras y entablamentos dóricos. La decoración es algo posterior, 1668, cuando Francisco Rizzi realiza los frescos de la cúpula divida en ocho gajos separados por filigranas con decoración vegetal y donde aparecen las veneras de las órdenes militares. En las pechinas pintó a cuatro importantes abadesas de la orden benedictina con sus símbolos (Sta. Hildegarda, Sta Isabel de Schonangia, Sta. Francisca Romana y Sta. Juliana de Mont-Cornillón). Todas ellas excelentes retratos barrocos muy coloristas. También realizó en la bóveda del crucero la Inmaculada Concepción.

Frescos de la cúpula central realizados por el artista madrileño Francisco Rizzi (SIEMA Matritensis)

Por su parte, Claudio Coello, con sólo 20 años realizó el famoso lienzo de la Encarnación o Anunciación del retablo central. En él realiza un auténtico tratado teológico. Situando en la parte baja los profetas y sibilas del Antiguo Testamento que profetizaron el feliz acontecimiento, como Isaías (lleva una tabla con las siguientes palabras en latín. "Aquí una Virgen que concebirá y dará a luz a un hijo que pondréis por nombre Enmanuel"). En la parte central de esta composición teatral, como en estrado, la Virgen (recogida en oración y con la caja de costura a sus piés) recibe la anunciación del arcángel Gabriel. En la parte superior aparecen el Espíritu Santo y ángeles de la corte celestiál. Todo ello realizado en una composición movida y compleja, con numerosos personajes, y de gran colorido. Claudio Coello trabajó también en los lienzos de los retablos laterales ( como en "San Benito y su hermana Sta. Escolástica" o el de "Santa Gertrudis")

Lienzo central de la Encarnación realizado por Claudio Coello (Manuel de Blas)


Los diferentes retablos de la iglesia fueron realizados por los hermanos de la Torre, Pedro y José de la Torre (con estructura barroca en dorado policromado, llenos de estípites, entablamentos barrocos, ángeles, guirnaldas, etc). Las esculturas de los santos benedictinos a gran tamaño se las debemos al escultor portugués Pereira. Muy bonita especialmente la del santo titular, San Plácido. También realizaron los hermanos de la Torre el retablo de la Inmaculada situado en una capilla lateral, con una talla anónima del siglo XVII de la Virgen Inmaculada y un Cristo yacente de Gregorio Fernández. En el siglo XVIII se colocaron unas pinturas de Vírgenes madrileñas realizadas por Meléndez y que representan a la Virgen de Atocha y a la Virgen del Milagro. Para visitar esta espectacular iglesia hay que pedir cita con las monjas de L-V. Los domingos hay misa a las 10h, así que también puede ser esta una oportunidad para asomarse a este monumento que tenemos en Madrid. Desde Siema Matritensis organizamos la visita conjunta a Benedictinas y San Antonio, como ya sabéis. Recuerdo que podéis seguirnos en Twitter e Instagram @siemamadencanto, facebook Siema Matritensis o la web www.siema.es donde sólo publicamos las visitas con posibilidad de inscripción individual. Buen inicio de curso.

Maribel Piqueras

                        Retablo lateral de San Benito y Sta. Escolástica (SIEMA Matritensis)

                                                         Inmaculada (SIEMA Matritensis)






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