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lunes, 23 de marzo de 2020

Monasterio de la Encarnación

Uno de los dos importantes monasterios construidos en época de los Austrias y que actuaba como un complemento del Alcázar Real fue el Monasterio de la Encarnación. Era mucho más que otra de las fundaciones religiosas de los reyes Felipe III y su esposa Margarita. La reina Margarita de Austria, nada más regresar la corte de Valladolid, decidió comprar unos terrenos anexos al palacio para crear un convento de monjas agustinas recoletas. Se trajo de Valladolid una pequeña comunidad de agustinas, cuya amiga sor Mariana será la abadesa de esta nueva fundación. la propia reina había hecho la promesa de que si expulsaban a los moriscos fundaría un convento bajo la advocación de la Encarnación. Como este hecho de la historia de España se produjo en 1609, en seguida empezaron las gestiones para la fundación del nuevo monasterio. 

Felipe III por Bartolomé González (1621. PN)

Margarita de Austria por Juan Van der Hammen (Wikipedia)


Convento de la Encarnación con el pasadizo y la casa del Tesoro,
s XVII. Museo de Historia de Madrid (SIEMA Matritensis)

Este convento de la Encarnación presenta importantes diferencias con las Descalzas: aquí no hay residencia palaciega, ya que lo que intentaron era un complemento religioso para el Real Alcázar que, por entonces, no tenía capilla. Como se aprecia en la imagen superior, el convento comunicaba con el Alcázar por un pasadizo o galería cubierta, que estaba decorada con numerosos tapices, pinturas y árboles aromáticos. Esta galería llegaba hasta el edificio del Tesoro, en lo que sería ahora la actual Plaza de Oriente. En este edificio del Tesoro residió la nueva comunidad mientras duraron las obras del convento. En los planos de De Wit (1635) o de Texeira (1656) se puede contemplar ese exterior del monasterio. Como se utilizó como capilla pública de los reyes Austrias, no se concebía con tanto hermetismo como las Descalzas Reales. Aquí se celebraban las exequias fúnebres de los monarcas y sus familiares. Entonces se cubrían sus muros con unos enormes paños negros desde lo alto de la bóveda hasta el suelo y, sobre ellos, se colocaban pinturas con emblemas del difunto o alegorías de sus virtudes y vida. En el crucero de su iglesia se solía levantar el túmulo realizado en estilo barroco, con arquitecturas efímeras. Por ejemplo, tuvo mucho éxito el realizado por Churriguera en 1685 para MªLuisa de Orleans, la primera mujer de Carlos II. Durante las fiestas se adornaba la fachada con tapices y diversas cintas aparecían por las celosías. Otra de las diferencias con las Descalzas es que aquí no eran tan estrictos con la pertenencia a la realeza o nobleza de sus novicias. Fue, sobre todo, refugio para las hijas de los criados nobles al servicio de la casa real. Por tanto, en la Encarnación se recibía menor menor dote e ingresos que en las Descalzas.

Fachada principal de al iglesia de la Encarnación, toda ella
de piedra ( SIEMA Matritensis)

Encarnación, muro lateral con la puerta de entrada a la sacristía e iglesia
por ese lado. También se ve el muro que cubre el crucero, la cúpula octogonal, 
espadaña y cubiertas austrias de teja con pequeñas buhardillas (SIEMA Matritensis)

Detalle de los muros de la sacristía, dependencias laterales y 
parte trasera. Se observa muy bien el aparejo mudéjar de
los muros (SIEMA Matritensis)

Curiosa placa antigua en sus muros (SIEMA Matritensis)

El monasterio de la Encarnación se construyó muy rápido para cumplir los deseos de la reina, que no lo llegó a ver finalizado, ya que la reina Margarita falleció en 1611 en el Escorial. Justo el 16 de julio de 1611 el arzobispo de Toledo, Bernado Sandóval y Rojas,colocaba la primera piedra. Se siguieron las trazas de Fray Alberto de la Madre de Dios, inspirado en el convento carmelita de San José de Ávila. Lo llevó a cabo el arquitecto Juan Gómez de Mora, quien acababa de sustituir a su tío en todos los cargos de responsabilidad como arquitecto de la corte. Terminado en 1616, vemos como los muros exteriores siguen el estilo de ladrillo con aparejo mudéjar y cubiertas de teja, sobre un gran zócalo de granito. Solo destaca la fachada de piedra de la iglesia, de estilo herreriano que había traído a la corte de Madrid su discípulo Francisco Mora. Un gran atrio precede a la fachada vertical dividida en tres cuerpos: la parte inferior muestra tres arcos clásicos sujetos en pilastras, siendo el central más amplio; la parte central proporciona luz al coro alto y en ella está representado el relieve de la Encarnación o Anunciación, labrado por Antonio Riera (sigue la tradición de los Leoni); en el cuerpo superior vemos los escudos de Felipe III y su esposa Margarita. Rematando toda la fachada encontramos el típico frontón triangular, las bolas y la cruz de piedra. El atrio de la Encarnación fue conocido durante siglos como el "mentidero de la corte". 

Detalle de la ceremonia de intercambio de princesas, celebrada en 1615 en el río Bidasoa
(Pintor de cámara del archiduque Alberto, Peter Van der Meulen, PN)

Un recorrido resumido de su interior sería el siguiente:
Zaguan: este ingreso está decorado con retratos de la casa de Borbón, como el que pintó Palomino a Felipe V

Portería reglar: decorada con zócalo de azulejos de Talavera en azul y blanco. Un torno es el único contacto de la comunidad de agustinas con el exterior. Destacan obras de Bartolomé Carducho, Caxes, Lucas Giordano o el intercambio de princesas (Van der Meulen). Este último es un cuadro histórico que muestra con todo detalle el intercambio con la corte de Francia de diversas princesas: Ana, la hermana de Felipe IV, se comprometía con Luis, heredero de la corona francesa y, el futuro Felipe IV con la princesa francesa Isabel de Borbón.

Salas de pinturas: Sería la primera estancia dentro de la clausura, como un museo de pintura de la escuela madrileña y valenciana del s XVII. Obras que destacan serían "San Juan Bautista en el desierto" (José de Ribera, 1637) y que fue encargado por el virrey de Nápoles; "el Salvador" de Vicente Carducho, una "Inmaculada" (Carreño de Miranda), retratos de los reyes Felipe III y Margarita de Austria (Bartolomé Román), "El sueño de San José" (Conrado Giaquinto). Por último, el gran lienzo de Pereda que representa a sor Ana Margarita, hjja natural de Felipe IV, tomando el velo de manos de la primera abadesa y de San Agustín.

San Juan Bautista, de Ribera, 1637. Estuvo colocado en la sala capitular de 
la Encarnación, que hoy no existe (PN)

Galerías del claustro: Tanto el claustro bajo como el alto están decorados con numerosos lienzos de la vida de la Virgen y de la pasión de Cristo. No se conoce con certeza su autoría, pero se piensa que son del taller de Vicente Carducho. Las galerías son muy sobrias, compuestas por arcos de medio punto. Hay muchas menos capillas que en las Descalzas, destacando la capilla del Cordero y la de la Virgen de Loreto.

Antecoro alto: aquí se localizan dos bellas obras de Gregorio Fernández : Cristo yacente con una hermosa tabla en su parte superior y un Cristo atado a la columna, todos con impresionante realismo en las heridas sangrantes de Cristo.

Coro: Conserva los 33 sitios de la sillería original barroca, un hermoso Cristo de márfil filipino, los siete arcángeles protectores de Bartolomé Romás, la escultura de San Agustín (Gregorio Fernández). En un lateral el sepulcro de mármol y bronce de sor Ana Margarita.

Cuarto de paso: aquí se localiza el cuerpo incorrupto de la primera priora del convento, que vino a Madrid desde Valladolid, sor Mariana de san José.

Claustro bajo (PN)

Detalle del Cristo yacente de Gregorio Fernández que formaba parte de la sala
capitular que hoy no existe (PN)

Retablo relicario con la escena de la Epifanía realizada en vitela por el iluminador Giulio Clovio, 1566. Madera chapada en ébano, bronce y cristales de color. Colecciones del monasterio (PN)

Salón de retratos: contiene numerosos retratos relacionados con Felipe III y su familia. En realidad tienen más interés histórico que artístico, ya que muchos son copias. Pues los originales de Bartolomé González que mandó hacer la reina Margarita para enviar a su hermana, la Duquesa de Toscana, están el la Gallería Pitti de Florenzia. Incluso hay errores en los nombres de abajo escritos cuando se catalogaron para uno de los traslados. Algunas de las reinas siguen la costumbre de ser retratadas con el hábito de franciscanas terciarias. 
Salón de retratos (PN)

Relicario: Es una de las salas más famosa y llamativa de la Encarnación. En sus exquisitas vitrinas de madera nobles y cristal, con incrustraciones de bronce, se guardan más de 700 reliquias, algunas traídas directamente de las catacumbas romanas. La más famosa es la que guarda la ampolla de San Pantaléon. Los recipientes que contienen esas reliquias son una verdadera obra de arte, auténticas joyas de fina orfebrería y ebanistería. El techo está decorado al fresco por Vicente Carducho con escenas renacentistas que representan un óvalo central con la Santísima Trinidad y, alrededor, otros óvalos que contienen seis vírgenes y mártires (Sta. Bárbara, Sta. Margarita, Sta. Catalina, Sta. Inés, Sta. Lucía y Santa Cecilia). Estas mujeres eran ejemplo a seguir por la comunidad de agustinas. En el centro hay un altar con una bella tabla del pintor italiano Luini, discípulo de Leonardo Da Vinci, de 1525, representando el Nacimiento de Jesús. En la parte de atrás de la tabla está pintado el cordero místico . No se puede acceder a la parte de atrás en las visitas, pero tuvimos la oportunidad de contemplar el lienzo de cerca y la tabla con la alegoría del cordero místico durante la exposición "La otra corte" en el Palacio Real de Madrid.  También en el altar guardan las monjas el cuerpo incorrupto de Dª Luisa de Carvajal.
Vista general de la sala relicario, con el altar en el centro, los frescos de Carducho y 
los muebles vitrinas de finas maderas (PN)

Reliquia con la ampolla de San Pantaleón (PN)

Detalle del Nacimiento de Luini, 1525 (PN)

Sacristía: un bello zócalo de azulejos de Talavera rodéa la sacristía. Sobre la cajonera contemplamos un gran lienzo de Bartolomé Román sobre los invitados a las bodas, como escena que simboliza la Eucaristía. 

Iglesia: Un incendio que tuvo lugar a mitad del s XVIII destruyó la capilla original del convento de la Encarnación, obra de Juan Gómez de Mora y con decoración de Vicente Carducho. Ventura Rodriguez renovó la decoración de la iglesia entre 1755-1767, cuando este arquitecto ilustrado empezó a destacar por las obras en San Marcos y en la capilla de Palacio Real, pero siguió manteniendo la estructura arquitectónica original (planta de cruz latina, de una sola nave, con terminación de cabecera plana y presbiterio en alto). Sustituyó las pilastras toscanas de Gómez de Mora por fustes acanalados y capiteles jónicos, sobre los que un enorme entablamento con ovas recorría toda la iglesia. Muestra sus características bóvedas con explosión de decoración a base de casetones hexagonales con rosetas interiores. Se pintaron entonces las pechinas con los tres arcángeles y el ángel de la guarda, las cajas centrales de la bóveda con escenas de la vida de San Agustín y en la cúpula la glorificación de San Agustín, a cargo de los hermanos González Velázquez. 
Ventura aprovechó algunos lienzos de Carducho de 1616 (como San Felipe o Sta.Margarita , o la Anunciación), pero los adaptó a los nuevos retablos. Colaboró también el escultor Robert Mitchel, el mismo de la Cibeles. Ventura diseñó también el retablo mayor con ricos mármoles y bronces. La bóveda que cubre el altar mayor es un fresco de Bayeu. La iglesia no presenta capillas laterales, sino arcos donde hay grandes lienzos también sobre la vida de San Agustín, realizados por pintores del sXVIII de la talla de Ginés de Aguirre, José del Castillo o Gregorio Ferro. Sabemos también que muchos bienes de la testamentaría de Bárbara de Braganza se dedicaron a la restauración de la iglesia. 

Retablo mayor de Ventura Rodriguez, con el lienzo de la Anunciación que aprovechó de Vicente Carducho (SIEMA Matritensis)

Vista general (wikipedia)

Nada más comentar que las colecciones de la Encarnación están en continuo proceso de cambio: no sólo por sucesivas exposiciones, como la de "La otra corte" ya comentada en Palacio Real, sino por el contenido para el futuro Museo de las Colecciones Reales, del cual estamos totalmente en contra. Consideramos que el patrimonio artístico tiene más sentido contemplarlo en esos palacios y monasterios para los que fue creado. Y, en España, no hay ningún motivo para cambiarlo de sitio. Es más, es un reclamo turístico para muchas personas cuando visitan esos lugares. 

Maribel Piqueras.




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