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jueves, 11 de julio de 2013

La ermita de Virgen del Puerto en Madrid Río

El mejor alcalde de Madrid durante el reinado de nuestro primer Borbón, Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, más conocido como Marqués de Vadillo, encargó a Pedro de Ribera la reforma de la explanada junto al río Manzanares, situada entre el puente de Segovia y el Reservado de la Casa de Campo, justo en frente del Palacio Real ( que en esa época era todavía Alcázar). Estamos en 1716, cuando el arquitecto recibe el encargo del Ayuntamiento para remodelar esa explanada que conducía al famoso camino hacia el Pardo. Ribera desarrolló el proyecto y fue el autor de la creación de ese "Paseo Nuevo" , como se llamaba entonces al Paseo de la Virgen del Puerto. La reforma consistía en obras de urbanización e ingeniería: explanación de terrenos, pavimentación. Pero también se realizaron obras de embellecimiento estético, como jardines, fuentes o pabellones. En el marco de esas obras se construyó la famosa ermita de la Virgen del Puerto. La costeó el propio Marqués de Vadillo de su bolsillo. Ya que tenía mucha devoción a esa Virgen y quería que la multitud de lavanderas de Madrid que acudía a este punto del río tuviese un lugar apropiado de rezo y recogimiento.

Pedro de Ribera trabaja en la ermita de Virgen del Puerto desde 1718-1720. Constituye una de sus primeras grandes obras y el Marqués quedó tan satisfecho que luego le nombraría Maestro Mayor de las obras de Madrid, de sus fuentes y de sus viajes de agua. Pedro de Ribera se nos muestra como un arquitecto de transición en esta ermita, entre la arquitectura sobria y estática de los Austrias y el nuevo barroco cortesano que está llegando. Colaboró mucho con Teodoro Ardemans y, a la muerte de éste, le sucedería en el cargo. Pero el estilo de Pedro de Ribera no gustaba en la corte ni al rey Felipe V, pero si apasionaba a la nobleza de Madrid, así como a las órdenes religiosas.

Exteriormente la ermita adquiere la apariencia de un pabellón de parque, por los muros y la caída de las cubiertas. Los muros son de ladrillo y utiliza la piedra en las molduras que adornan puertas y ventanas. Logra gran movimiento es esas cubiertas de teja y pizarra. La fachada principal da al lado del palacio.
Pedro de Ribera une la portada con el balcón por medio de baquetones y decoración vegetal, son esas molduras suyas que recuerdan a los tallos de las plantas y que siguen las líneas arquitectónicas. Las dos pequeñas puertas laterales, así como las ventanas elípticas presentan también molduras que las adornan. Destacan en él las líneas curvas y los elementos de la naturaleza, como si fuera el Gaudí de la época (conchas, baquetones como tallos, hojas, guirnaldas, frutas, etc..). En las esquinas las torres, cuyas cubiertas también suelen ser curvas.  Incluso, por la parte trasera del edificio, se perciben dos construcciones curvas de ladrillo que se corresponden a las capillas circulares situadas a ambos lados del presbiterio.

Nada más entrar encontramos dos lápidas en las paredes. La de la izquierda nos recuerda la construcción de la ermita y, la de la derecha, es un escudo precioso en piedra del Marqués de Vadillo. En planta dibuja un corredor que comunica la entrada principal con el octógono que configura todo el recinto interior; en el vestíbulo se sitúan escaleras paralelas que establecen comunicación con la tribuna.  La planta es centralizada octogonal y está cubierta con cúpula con linterna. El orden gigante compuesto recorre los muros del interior, como se aprecia en la siguiente imagen. Encima de las grandes pilastras, los modillones pareados llenos de decoración vegetal. Luego una línea de cornisa partida y en movimiento. Encima pequeñas pilastras que soportarán la cubierta.

Presenta un gran altar mayor y dos pequeños retablos laterales. Este de la fotografía de arriba es el altar. Durante los actos anticlericales y de odio a la Iglesia que tuvieron lugar en esta zona durante la Guerra Civil e, incluso antes, quemaron todos los retablos de madera del interior de la ermita. Se perdió el original de Ribera, pero el actual es una fiel reconstrucción, ya que se conservaba todo el proyecto de Ribera y se siguió al pie de la letra. Es de madera policromada con muchísimo dorado. Separando los compartimentos con guirnaldas vegetales; el sagrario es un óculo de luz que abren unos ángeles. Tanto en los retablos como en toda la ermita se ven las cabezas de angelitos tan propias de Pedro de Ribera. Justo encima del sagrario la Virgen entre unos estípites decorados. Es una Virgen sedente en actitud de dar el pecho al Niño Jesús. El Marqués de Vadillo le tenía mucha devoción a esta Virgen de Plasencia, su tierra natal. Además, pidió ser enterrado a los piés del altar, delante de Nra Señora. Todavía hoy se puede ver la lápida funeraria en mármol gris del corregidor madrileño

Pedro de Ribera aúna en su persona las facetas de arquitecto y escultor, como ya se aprecia en esta obra primeriza. Los retablos laterales no son de él y son  mucho más esquemáticos. Todos los retablos se reconstruyeron en la década de los 40. En 1945 la ermita fue declarada monumento nacional. Hoy en día se ve mucho mejor al destacarse su silueta con las obras de soterramiento de la M 30 y aparecer esta preciosa ermita en medio del paseo de Madrid Rio, justo al lado del Puente de Segovia. Además, animo al visitante, a mover la puerta de la entrada, porque casi siempre está abierta y se puede contemplar el interior tras una hermosa reja del s.XVIII. Hasta ahora, en todas las visitas que hace SIEMA, tanto de empresa como individuales,  por el entorno de Madrid Rio hemos conseguido verla por dentro. Para cualquier cosa se pueden poner en contacto por medio del blog o en el facebook de Proyecto SIEMA y estaremos encantados de recibir sus opiniones. Ya saben que la web es solo información general, ya que los programas se personalizan al máximo
Justo en frente de la ermita se abrió hace unos meses el Restaurante Café del Río. Es una moderna construcción rectangular y acristalada, cuyos tonos grisáceos y transparentes no desentonan con el granito y el agua de Madrid Río. Recomiendo vivamente tomarse algo estos días en su terraza al caer la tarde. Así podrán observar unas magníficas vistas sobre Madrid Río, el Palacio Real, el Seminario, San Francisco y, a su vez, contemplar esos mismos monumentos iluminados. La carta es variada y económica: hamburguesas, tostas, ensaladas, etc.. Otras imágenes de su terraza son las siguientes:


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